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Aceite de palma: veneno para personas y medio ambiente

Descubre cómo te daña y qué hacer para evitar este veneno tan extendido.
El aceite de palma se encuentra en más de la mitad de los productos del supermercado. | Imagen: Kevin Botto.

 

Se encuentra en uno de cada dos productos del supermercado de la línea de snacks, bollería industrial, galletas o cereales. El aceite de palma es un aceite de origen vegetal que se utiliza en la mayoría de alimentos procesados.

Aunque ya hace tiempo que se están poniendo de relieve los efectos perjudiciales que a largo plazo tiene un consumo excesivo de aceite de palma, así como las consecuencias en el medio ambiente de su cultivo en masa; muchas de las marcas más compradas que utilizan esta grasa incumplen la normativa que exige que conste en el etiquetado de sus productos.

Por todo esto, nos hemos propuesto destapar todo el intrincado proceso de obtención de aceite de palma que hay detrás de los productos que más consumimos, para dar a conocer todo lo que implica la fabricación de esta grasa tan demandada y qué efectos tiene sobre nuestra salud.

¿Qué alimentos están hechos con aceite de palma?

El aceite de palma se obtiene machacando la parte carnosa las drupas, el fruto de la palma; y es, después del aceite de soja, el que más se comercializa. Decíamos al comienzo que aproximadamente el 50% de alimentos de la sección de bollería industrial y tentempiés varios de los supermercados se compondría de aceite de palma. Si añadimos también otros productos procesados, esta proporción aumenta hasta el 80%.

Algunos de los aperitivos que más comemos, casualmente también los más adictivos, llevan aceite de palma: galletas, chocolates, bollería industrial, patatas fritas, cacao en polvo para diluir, comida prefabricada; incluso las palomitas para hacer al microondas y los alimentos que encontramos en la sección de congelados y precocinados también contienen aceite de palma.

Un dato que a lo mejor hace que te tires de los pelos: muchos productos de cosmética pueden incluir aceite de palma, si bien la cantidad es muy reducida y usan, sobre todo, derivados del mismo.

¿Por qué es tan recurrente el aceite de palma?

Primero de todo, porque es el aceite más barato que existe, con diferencia. Es además fácil de cultivar, ya que las palmas de las que se extrae tienen un crecimiento muy rápido, lo cual promueve su máxima explotación, desembocando en problemas medioambientales muy graves que más tarde analizaremos.

Hemos visto unos cuantos ejemplos de la cantidad de veces que encontramos aceite de palma en muchos de los alimentos con más fama del mercado. Pero, ¿por qué hay tanto producto industrial hecho con aceite de palma? Veamos a qué contribuye este aditivo con algunos ejemplos cotidianos:

1. Alimentos congelados y precocinados

El aceite de palma permite conservarlos y retrasar su fecha de caducidad

2. Bollería y pastelería

Mantiene la esponjosidad de pasteles, croïssants o galletas; de lo contrario su consistencia sería más quebradiza

3. Salsas y margarinas

Aporta una textura más cremosa que ayuda a que se unten más fácilmente y no se haga un emplasto imposible de extender

4. Patatas de bolsa y frituras

Las patatas fritas y algunos aperitivos salados aguantan mejor el proceso de sofrito en aceite de palma y además, les da una textura más crujiente.

El impacto medioambiental del aceite de palma

La especie de palma de la que se extrae el aceite acerca del que estamos tratando, es la Elais Guieensis, también conocida como “palma africana”, por su lugar de procedencia original. Sin embargo, la palma aceitera ha sido trasladada también a zonas del sudeste asiático (especialmente Indonesia y Malasia) y también Sudamérica para poder ser explotada.

Todas estas zonas selváticas están siendo arrasadas y calcinadas a lo largo de hectáreas y hectáreas para cultivar esta planta. La deforestación masiva está dejando una huella imborrable: en 2015, se quemaron dos millones de hectáreas de selva indonesia para destinarlas a plantaciones de palma, lo que ha provocado que la población de orangutanes esté siendo aniquilada conforme se calcina su hábitat.

La cantidad de estos primates pelirrojos en estado salvaje, ya de por sí mermada por el comercio de crías en el mercado negro, ha caído en un 80% en los últimos 75 años, de acuerdo a National Geographic. De seguir a este ritmo, se estima que en quince años ya no queden orangutanes.

Además de la deforestación y matanza de especies animales, el negocio del aceite de palma contribuye a la explotación de mano de obra infantil; y es que Amnistía Internacional denuncia que en muchas plantaciones hay niños y niñas menores trabajando en la recolección de estos frutos.

Efectos perjudiciales del aceite de palma

Además los daños sobre la naturaleza comentados, el aceite incide sobre nuestra salud, pues su alta composición en ácidos grasos saturados lo convierten en una bomba de relojería.

Por un lado, aumenta el colesterol. Aunque el colesterol es una grasa necesaria (o “buena”, si se prefiere), el consumo de aceite de palma reduce los niveles de colesterol recomendable (el tipo HDL) y hace que aumenten los de colesterol perjudicial (LDL). Aún más grave, si cabe, es que los niveles altos en sangre pueden producir enfermedades coronarias, así como diabetes u obesidad.

Otro factor alarmante es que muchos productos hechos con aceite de palma están destinados al público infantil, por lo que no conviene incentivar su consumo desde edades muy tempranas si consideramos los efectos a largo plazo que puede tener. Vale la pena educar en la prevención y rehuir de dietas en las que abunde de una u otra forma esta grasa.

La trampa en el etiquetado de algunas marcas

Aunque desde 2014 la UE obliga por ley a incluir en las etiquetas el origen de las grasas vegetales que componen los productos que se comercializan, muchas grandes compañías optan por no mencionar directamente la expresión “aceite de palma” y hacer uso de acepciones con tal de no advertir directamente al consumidor y, aún así, mantenerse dentro del margen de la legalidad establecida.

Algunos ejemplos de los sinónimos que podemos encontrar más habitualmente son: “grasa vegetal”, “palmato”, “tristearina”, “oleína de palma”, “equivalente de manteca de cacao (CBE)”, “sodium palmitate”... Y así, hasta un total de 28 acepciones. Todo este despliegue de creatividad y pillería por parte de los fabricantes no busca otra cosa que evitar el uso de la expresión maldita y tranquilizar al confiado comprador.

Otras marcas, directamente, optan por obviar este detalle en sus etiquetas, contribuyendo a que otras se apunten al fraude.

Existen alternativas al aceite de palma

Últimamente han surgido muchas campañas que se proponen concienciar a la población acerca de los efectos nocivos del aceite de palma. El mensaje que se lanza es claro: hay que mirar las etiquetas de aquellos alimentos susceptibles de contener grasa de palma (hemos puesto varios ejemplos antes) y evitar comprarlos.

No sólo eso, debemos buscar alternativas, como el aceite de oliva o el de girasol y qué marcas son las que trabajan con ellos, pues aportan los mismos beneficios antioxidantes que el de palma; pero además, con una concentración menor de grasas saturadas.

Muchas firmas de supermercados han pedido ya la retirada progresiva de todos los productos que contengan aceite de palma para sustituirlos por alternativas más saludables. ¿Seremos capaces, los compradores, habiendo visto los efectos del cultivo y sobre la salud, de dejar de consumirlos? ¿o seguiremos siendo atraídos por su canto de sirena?

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