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Perfil psicológico de Ana Julia, la asesina de Gabriel

La Psicóloga Forense Carolina Padilla hace un perfil psicológico de Ana Julia Quezada, la madrastra que estranguló y asesinó al joven Gabriel de 8 años.
Perfilamos a la asesina de Gabriel. | Imagen: Cedida.

 

Hoy pasará a disposición judicial Ana Julia Quezada, asesina confesa del pequeño Gabriel, el niño cuya desaparición ha mantenido a toda España pendiente de un desenlace que nadie deseaba. Sin saberlo, Ana Julia estuvo bajo el punto de mira de la Guardia Civil pocos días después de conocer el caso, tras su famoso movimiento con la camiseta del pequeño.

Tratemos de profundizar un poco en la psique de esta persona para entender más sobre su forma de actuar durante la investigación del caso.

5 claves para entender el perfil psicológico de Ana Julia Quezada

Mientras reconstruía los hechos, paso a paso, sobre cómo acabó con la vida del niño Gabriel en su traslado a la finca de Rodalquilar, donde había ocultado el cuerpo todos estos días; los agentes de la Guardia Civil que la habían escoltado hasta el lugar y que la escuchaban, no pudieron ignorar lo extremadamente fría que Ana Julia se mostró durante su relato de lo ocurrido.

Sin embargo, junto a esta apatía constante, son otros los rasgos psicológicos que se han dado a conocer de la autora del crimen de Almería. Si bien nos basaremos en informaciones que han trascendido en los medios de comunicación, no obviaremos que, al tratarse de un caso que no está todavía cerrado, no podemos hablar en términos definitivos ni concluyentes, sino hipotéticos.

1. Teatralidad ante las cámaras

Algo que ha chocado desde un primer momento han sido las excesivas muestras de preocupación ante las cámaras durante las conexiones en directo con la familia y allegados del niño. Curiosamente, en los primeros planos en los que más afectada veíamos a Ana Julia, ésta aparecía fundiéndose en cálidos abrazos y otros gestos afectivos con su pareja, el padre de Gabriel; o tratando de contener unas lágrimas que parecían a punto de aflorar.

Esta supuesta afectación contrastaba con la fuerte incomodidad de Ana Julia cuando el foco de la cámara se centraba en ella solamente, sin estar arropando a Ángel David; a lo que respondía tratando de desviar la atención alegando sentirse acosada por los periodistas y pidiendo que se centraran en encontrar al niño.

2. Uso de mentiras

La lista mentiras de Ana Julia durante la investigación no ha sido corta: recordemos que, cuando la Guardia Civil pidió los teléfonos móviles de todos los familiares para rastrear por geolocalización las posiciones, Ana Julia alegó haberlo perdido durante una de las batidas. Casualmente, su segundo celular también desapareció misteriosamente cuando se le pidió que lo entregara.

Igualmente, recordemos que Ana Julia supo en todo momento dónde se encontraba el cuerpo del niño, mientras a cámara pedía por favor que no le hicieran nada a los supuestos captores, apelando a la bondad e inocencia de Gabriel,en un claro intento por parecer una víctima más de todo el sufrimiento resultante.

Otra mentira que parece que no tardará en tumbarse, es la que Ana Julia ha contado en su primera versión de los hechos: fue el pequeño Gabriel el que la atacó primero con un hacha has, hasta que ella consiguió arrebatársela, darle un golpe con ella, dejarlo inconsciente y asfixiarlo. Todo ello, con la esperanza de ver reducida su pena, en caso de considerarse que actuó en defensa propia y no premeditadamente, a pesar de lo poco creíble que esta versión suena.

3. Un expediente sospechoso

Las alarmas de los agentes de la Guardia Civil y de los investigadores de la UCO se han disparado al conocer el historial de fallecimientos cercanos a Ana Julia que hubo en su pasado: un ex marido terminal de cáncer al que ella vació sus cuentas tras morir, sumado a la misteriosa muerte de una hija de cuatro años en 1996, víctima de una fuerte depresión, según contó Ana Julia.

Ahora, este caso ha sido reabierto para comprobar qué pudo ocurrir de verdad. De no haberse tratado de un fatídico accidente doméstico, el asesinato de Gabriel se sumaría a la lista de personas fallecidas que importunaban a Ana Julia para lograr su bienestar.

4. Manipulación de las personas, del entorno y de las pruebas,

Además de lo ocurrido con sus dos dispositivos móviles, Ana Julia entregó su ordenador portátil, con ciertos ficheros borrados durante estos días. Según dijo, se trataba de fotografías comprometedoras, pero este movimiento hace sospechar a las autoridades de que pueda ocultar algo más que unas simples imágenes.

Igualmente, Ana Julia intentó por todos los medios borrar su rastro de acción para esquivar a las autoridades. Recordemos que se encargó de ocultar pruebas: enterró el cuerpo del pequeño, lo desnudó y tiró sus ropas a un contenedor a 30 kilómetros. Sin olvidarnos de que fue ella la que depositó una camiseta del niño, perfectamente planchada e impoluta, en una zona del campo que ya había sido rastreada por voluntarios y por los perros policiales.

5. Sobrevaloración capacidades

Es un rasgo común entre las personalidades psicopáticas que sobrevaloren sus capacidades para eludir la acción de la justicia mediante la manipulación (de las personas, del entorno e incluso de las pruebas), tal y como hemos visto.

Ejemplos como la sobreactuación ante las cámaras, el uso de las mentiras o la misma manipulación, dan a entender que Ana Julia se creyó más espabilada que las autoridades, considerando que podía distraerles mientras se hacía pasar por alguien implicado fervientemente en encontrar al niño; sin saber que estaba inculpándose cada vez más a cada movimiento que hacía.

Esto se vio especialmente cuando realizóel traslado del cadáver a una zona que considerase segura y alejada del foco de interés de las autoridades. Aun a riesgo de que pudiera ser capturada, actuó. Sin embargo, esta vez no salió airosa.

Posibles explicaciones del crimen

Si se confirmase que lo que ocurrió con su hija en 1996, los investigadores no descartan que estemos ante una homicida múltiple pero ocasional, que asesina cuando ve peligrar sus intereses.

De ser así, habría matado a su hija mediante un método simple (un simple empujón por la ventana bastaría para hacer la caer). Al salir impune aquella vez, habría perfeccionado su técnica, cometiendo esta vez un crimen más elaborado: el rapto de un niño, su estrangulamiento, ocultación de cadáver, cambiarlo de sitio sabiendo a lo que se exponía y el disimulo ante las cámaras, a sabiendas de lo que había hecho, insensible e impasible ante el sufrimiento generado con sus acciones.

Como telón de fondo a este tipo de perfiles está el abuso de poder, la percepción de que la vida ajena no vale nada si ello justifica obtener lo que se desea, sin importar el coste.

Se dice que un posible móvil del crimen son los celos patológicos que Ana Julia tenía de Gabriel. Por lo visto, el niño representaba el mayor impedimento para lograr su objetivo: mudarse con el padre a República Dominicana, casarse y establecer su vivienda allí, algo ante lo que Gabriel había mostrado en reiteradas ocasiones su desacuerdo.

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