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La revolución tecnológica llega con las nuevas muñecas sexuales

Pueden sentir caricias, adaptarse a los gustos del comprador y hay una versión para mujeres.
Esta es Harmony, la nueva muñeca de la que hablamos con inteligencia artificial. | Imagen: Vimeo.

 

Es una realidad que tanto humanos humanos como máquinas nos veremos obligados cada vez más a convivir juntos. En su día, las máquinas se crearon para facilitarnos la vida y, poco a poco, se les han ido asignando más funciones que en un principio teníamos atribuidas.

Uno de los últimos pasos que la tecnología ha dado ha sido la invención de robots antropomorfos; pero el colmo de lo excéntrico y retorcido ha llegado con la fabricación de las muñecas sexuales. Estos sofisticados robots pueden interactuar con las personas y dar todo tipo de respuestas gracias a su inteligencia artificial, que simula la relación que se establecería con una chica de carne y hueso.

Una muñeca sensible a las caricias: Samantha

Muñecas como Samantha han dejado desfasado el concepto de “muñeca hinchable” como pasatiempo sexual. La ilusión que las muñecas sexuales crean es la de un ser humano real: su forma imita la de una mujer de medidas supuestamente perfectas (si atendemos a las medidas consideradas “ideales”, 90/55/90) y se ha creado con una piel con textura que recuerda a la humana, gracias al TPE, un revolucionario material con propiedades similares al caucho, lo que hace más moldeable a la máquina.

Samantha dispone de una inteligencia artificial albergada en un pequeño microprocesador dentro de su cabeza que le posibilita emitir diferentes respuestas registradas en una amplia base de datos. La muñeca puede también activarse en tres modos: familiar, romántico y sexual, reacciona al tacto, a las caricias y hasta a contactos más íntimos. De hecho, dependiendo de la habilidad de cada usuario en los tocamientos, puede incluso alcanzar el orgasmo si se estimulan las zonas erógenas (las mismas que tendría una mujer).

Aunque por ahora acaba de salir al mercado (de momento, Samantha sólo es capaz de dar contestaciones muy básicas y siempre si ha habido una interacción previa del propietario); en un futuro se espera crear una versión más moderna que pueda responder de formas más elaboradas.

Según su creador, natural de Barcelona, Samantha cumple una necesidad básica que tenemos los seres humanos: la búsqueda de afecto y cariño. Este Doctor Frankenstein del siglo XXI expresa su deseo de que los compradores se enamoren de su sex doll y, no contento con eso, pretende poder llegar a más público con una versión más económica de su producto estrella (cuyo precio actual oscila entre 8.000 y 10.000 euros).

Si quieres conocer a Samantha: 

Increíble, ¿no? Pues agárrate, porque lo que está ocurriendo en Estados Unidos con Harmony, es de locos.

Harmony, la muñeca que se adapta a los gustos del comprador

Cruzamos el charco para conocer a Harmony, una pionera muñeca de la empresa estadounidense RealDoll con capacidad de responder acorde a las preferencias del consumidor, amoldándose a sus gustos. La complaciente sex doll dispone de una inteligencia artificial con la que se puede conversar, lo que le permite aprender y memorizar los momentos clave de nuestra vida; creando un amago de relación y una falsa sensación de empatía o comprensión.

Para la compañía RealDoll, cuanto más datos sobre el propietario aprenda, más cerca estará de convertirse en la mujer de sus sueños. ¿Un pelín frívolo? Pues aún hay más: frente a los únicamente 3 modos de personalidad de que dispone Samantha, Harmony puede programarse en 18 estilos diferentes de personalidad a escoger, en un rango que oscila entre “tímida” y “cachonda”.

Al igual que su homóloga española, Harmony puede articularse y cambiar de posición, lo que permite dar rienda suelta a la imaginación del comprador…

Según sus creadores, el software con el que cuentan estos robots facilita crear un sujeto único y adaptable al gusto del consumidor. Esto haría de su producto un valor añadido distinguible de otros, ya que aunque su producción sea en cadena, será cada comprador el que decida qué uso y personalidad le otorga a su muñeca particular.

Gabriel, el muñeco sexual para mujeres, está en camino

Antes de que nadie lo diga: no, no sólo se piensa en los hombres cuando se trata de sex dolls. También se ha pensado en las mujeres, que pronto podrán disponer de Gabriel, un tipo de robot antropomorfo masculino destinado al público femenino.

Pero parece que aún habrá que esperar, pues RealDoll únicamente ha fabricado dos de estos modelos, frente a los dieciocho femeninos.

Sea como sea, con este revolucionario negocio, el debate está más que asegurado.

A favor de las muñecas sexuales

Para aquellos que defienden la distribución de muñecas sexuales, no se trata de sustituir a mujeres por robots con forma de mujer, sino de un suplemento que puede ayudar a personas con dificultades para relacionarse y así servir como método terapéutico para superar la ansiedad que puede generar en algunos el interactuar con chicas.

Más cosas, estos robots pueden suponer una vía para el desahogo sexual de personas con enfermedades contagiosas crónicas; de manera que podrían mantener relaciones con las sex doll sin riesgo de transmisión. Contraer una enfermedad de transmisión sexual, por ejemplo, supone a veces el fin de la vida sexual del portador, así que una sex doll podría marcar la diferencia en este sentido.

Otro punto a favor es que las muñecas pueden programarse en cualquier otro modo que no sea el sexual (recordemos que Harmony llega a tener dieciocho rasgos de personalidad). Cabe la posibilidad de que Samantha o Harmony sean usadas simplemente como acompañantes de personas que se sienten solas, no como meros objetos sexuales. Una de estas muñecas en modo “familiar” lee cuentos a los más pequeños, canta canciones de cuna e incluso, cuenta chistes, por ejemplo.

Los partidarios de emplear estos robots argumentan que ofrecen mucho más que la simple satisfacción sexual e insisten en la idea de que no se busca reemplazar las relaciones con otros seres humanos, únicamente dotar de herramientas a aquellos que les cueste abrirse a los desconocidos.

Muchos dicen haber introducido a una sex doll en sus relaciones de pareja, convirtiendo a la muñeca en un miembro más que funciona como un complemento que permite mejorar algunos aspectos del vínculo.

Voces en contra

No todo el mundo ve con buenos ojos este nuevo paso hacia el progreso tecnológico. Conforme a los detractores, el pretexto de avanzar e inventar nuevas máquinas puede provocar que se tomen decisiones equivocadas que después no sea posible revertir. Aquí cobra sentido el famoso dicho: “que algo pueda hacerse no significa que deba hacerse”, apelando a cuestiones éticas o morales que no hay que obviar.

Y otra cosa, las voces en contra de las muñecas sexuales consideran que es otra forma de cosificación de la mujer. La opción de apagarlas y encenderlas, ponerlas en un modo u otro de personalidad o articularlas a placer no es sino una forma más de despojar a las mujeres de su condición humana para usarlas a voluntad.

Ética y moral sobre el uso de muñecas sexuales

La polémica está más que asegurada, ¿qué ocurre con aquellas personas que no gustan del contacto con los demás? No hablamos únicamente de gente demasiado tímida, sino de gente que directamente lo evita por miedo al rechazo o por desconfianza, ¿No pueden gozar del placer de la compañía de estas muñecas o aliviarse sexualmente si no quieren buscar compañeras sexuales o pagar por sexo?

Dicen que se puede deducir mucho de una persona según su manera de tratar y cuidar sus objetos, lo que no tiene por qué significar que los vaya a maltratar o que vayan a descargar en ellos su ira.

Sin embargo, existe el riesgo de generar falsas expectativas con respecto a cómo debe tratarse a las mujeres. El peligro de usar la misma mecánica con mujeres a cómo se haría con una sex doll (sin discriminar que uno es un objeto inanimado y, el otro, un ser humano pensante y con sentimientos), es el de asumir que, igual que una muñeca sexual no se quejará nunca, una mujer deberá hacer lo mismo siempre que un hombre desee mantener relaciones con ella y hacerlo como él quiera.

No podemos olvidar que las muñecas sexuales emulan una forma humana y que, aunque sus medidas sean poco realistas, se pretende generar la ilusión de que se trata de un ser viviente, de ahí que algunos puedan ser incapaces de discernir que lo que tienen entre sus manos no siente ni padece.

De todas formas, tampoco se puede caer en el error de juzgar a quienes se sienten atraídos por la idea de comprar una muñeca sexual. Al fin y al cabo, lo que haga feliz a una persona no tiene por qué ser lo mismo que para otra. Y, por otro lado, no todo el mundo está dado a relacionarse, pero eso no excluye que tengan algo en común: la necesidad de conectar y el tener deseo sexual.

Después de noticias así, nos surgen varias incógnitas: ¿se resentirán realmente las relaciones?, ¿cambiará nuestro comportamiento según avanza la tecnología? y, lo más importante, ¿ocuparán las sex doll el lugar de otras personas?

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