Carácter Urbano

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¿Cómo nos manipula la tecnología para mantenernos en espera?

¿Cómo consiguen sin darnos cuenta que estemos más tiempo en la pantalla incluso sin hacer nada?

 

Las pantallas de carga están diseñadas para conseguir que el usuario permanezca la mayor cantidad de tiempo posible. | Imagen: Andriy Popov.

 

Vivimos inmersos en la cultura de la inmediatez, esto es una realidad. Nuestra cotidianeidad está caracterizada por las prisas, los nervios y las urgencias. Todo lo que nos tome más tiempo del estrictamente necesario para continuar con nuestros quehaceres habituales se intenta atajar o eliminar.

No obstante, cuando no podemos ejercer un control sobre aquello que nos está demorando más de lo que quisiéramos, es cuando se despierta nuestra ira y hostilidad hacia lo que nos está separando del objetivo que pretendemos conseguir, debido a la impotencia de no poder influir para acelerar el proceso. Hablamos de las esperas, las largas y tediosas esperas.

Veamos cómo se las apañan las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) para que no descarguemos nuestra cólera contra el portátil u ordenador cuando nos mantienen esperando a que la página de turno cargue.

Los iconos de espera

Hoy en día, en el mundo automatizado (no sólo por las máquinas, sino también por nuestra forma de ser, tan mecánica y rutinaria) en el que nos ha tocado convivir, las esperas no están nada bien consideradas. Y un ejemplo muy gráfico lo tenemos cuando nos sentamos ante la pantalla de nuestro ordenador o dispositivo electrónico de turno (teléfono móvil, tablet o consola); algo que hacemos tan asiduamente que, cuando vemos que éstos no cargan, sacamos lo peor de nosotros.

Con tal de evitar que apaguemos o reiniciemos la máquina, muchos sistemas operativos hacen uso de iconos de espera; señal de que poco a poco la web a la que pretendemos acceder estará disponible. Cuando estas imágenes de carga hacen acto de presencia en pantalla, cambia la percepción que se tiene sobre la espera. Hasta cierto punto, se relaja nuestra actitud y tendemos a tolerar mejor este tiempo muerto.

En cambio, si no obtenemos respuesta de lo que está ocurriendo o señal de que el proceso avanza, es cuando se ponen a prueba nuestros nervios

Las imágenes en movimiento, una mejor solución

Decimos que si hay algo que funciona para relajar nuestra tensión cuando hay un retraso en el inicio de una página de Internet, es incluir un pequeño icono que nos dé pistas de que el problema está siendo gestionado y que pronto podremos visitar el contenido que nos interesa sin más dilación. Ahora bien, algo que recomiendan los expertos en diseño de software es evitar la inercia de estas pequeñas imágenes informativas; es decir, que mejor darles cierto movimiento.

Cuando la espera se alarga varios segundos es cuando hay que poner en práctica esta maniobra, ya que la simple presencia de un icono en pantalla no da demasiada información acerca del progreso de carga. Así pues, animar el típico reloj de arena de Google moviéndolo y viendo cómo los píxeles que representan la arena caen de un lado a otro es mejor opción; aunque en realidad lo que esté sucediendo entre circuitos y bits sea exactamente lo mismo.

Podríamos citar como ejemplos a los que estamos acostumbrados el ya mencionado reloj de arena de Windows, los círculos que giran 360 grados o los relojes de Whatsapp.

“Tranquilo, estamos trabajando para solucionar tu problema”

Incluir iconos de espera es transmitir el mensaje de que la demora se acabará más pronto que tarde y que los usuarios podremos seguir navegando tranquilamente. Ahora bien, cuando ya ha pasado un tiempo más que prudencial desde que aparecieron estas figuras  y aún así, seguimos igual, es cuando su valor decae y nuestra actitud cambia: ya no estamos dispuestos a esperar más.

Aquí es cuando entra otra estrategia, emplear ventanas con mensajes informativos que clarifiquen cuál es la incidencia que está pasando. Iconos como los que hemos comentado antes dejan de tener sentido tras una pausa larga, además de que son un recurso muy utilizado para todo tipo de contrariedades cibernéticas (tanto para carga de información como de una conexión ralentizada) lo que puede hacer que no se vean con buenos ojos si no se acompañan de alguna notificación.

El contenido final influye en nuestra paciencia

En función de lo que pretendamos conseguir tras este lapso, estaremos dispuestos a esperar más tiempo o menos. Si hay alguna ventaja detrás de estos minutos, es muy seguro que no vamos a reiniciar la búsqueda o el ordenador.

Ilustremos esto con una escena muy común que seguro muchos han vivido: al entrar a comprar billetes para un viaje en avión y buscar por diferentes portales, intentamos encontrar la mejor relación destino-precio. Tarde lo que tarde, no tocamos nada y nos limitamos a contemplar la pantalla, mientras el sistema nos redirecciona a otro portal con mejores ofertas o está realizando los ajustes en la búsqueda; y todo con tal de no perder la oportunidad de una buena ganga.

Ahora bien, si el resultado final va a ser el mismo esperemos o no (para ver un video, sin ir más lejos), cerraremos la página cuando transcurran unos segundos, clicaremos el botón de “actualizar” o volveremos a abrir la página en una nueva ventana.

Una analogía de este fenómeno: el burro y la zanahoria

No podemos evitar sentirnos como el mamífero de carga de esta conocida fábula, muy utilizada en psicología y que ayuda a entender un poco mejor cómo funcionan algunos sistemas de relaciones.

Para quien no conozca de qué estamos hablando, lo explicamos: en este cuento, un burro tira de un carro muy pesado. Para que no desfallezca y baje su rendimiento, se le ata al animal un palo largo a su espalda del que al final pende una sabrosa zanahoria. El animal intentará alcanzarla con todas sus fuerzas; sin embargo, la hortaliza allí sigue. Pero el burro no ceja en su empeño y lo único que consigue es tirar del carro, malgastando sus energías.

Nos parece oportuno señalar que puede establecerse el mismo paralelismo cuando alguien se mantiene en vilo delante de un aparato electrónico que no carga. El usuario a la espera es el burro; el carro, es la tecnología y lo que se ha convertido para nosotros (casi un lastre en muchos aspectos de nuestra vida). Por otro lado, el contenido al que intentamos acceder es la zanahoria; y el palo que la sostiene, son estos iconos de espera, que muchas veces nos engañan intentado transmitir la idea de que el fin de la espera está próximo.

Como comentábamos al comienzo, en la cultura de lo inmediato y lo inaplazable, la tolerancia por algo tan normal como esperar a que cada cosa siga su ritmo habitual (que puede ser más pausado o lento de lo que nos tienen acostumbrados) es algo que no se puede tolerar, así como la incertidumbre y el querer saber en todo momento qué ocurre.

Tal vez, igual que el pobre mamífero, necesitemos desquitarnos un poco de la dependencia tecnológica y ver las cosas desde otras perspectiva más sosegada. Tengamos esto en mente y tal vez nos vaya mejor como especie.

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