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Ni las bombas ni las armas, el plástico es quien destruye el planeta

El plástico está destruyendo el planeta Tierra a muchos niveles sin darnos cuenta.
El plástico es uno de los principales contaminantes del Planeta Tierra. Contamina tierra, mar y aire. | Imagen: DanielleTunstall.

 

 Es un hecho: el exceso de plástico está matando al planeta, así de claro. Debido a su bajo  coste de producción y al uso generalizado en todos los ámbitos de la vida, no nos damos cuenta de cuán presente este material llega a estar. Pero si lo pensamos detenidamente, vivimos literalmente rodeados de él. Esto no sería ningún problema si el plástico no tardase décadas en descomponerse, que no desaparecer y no perjudicase a la Naturaleza.

A pesar del consumo excesivo de plástico, parece que está creciendo una tendencia a ir progresivamente deshaciéndose de él, ya que aunque no todo el mundo ha despertado conciencia en este aspecto, muchos sectores de la población empiezan a estar concienciados del mal que genera arrojar plásticos al medio ambiente. Por ello, le han declarado la guerra.

De esto es de lo que trataremos seguidamente, de por qué conviene intentar minimizar al máximo el uso que damos a este material, aportando información sobre la forma en que el vertido de plásticos repercute en la naturaleza y qué tipo de soluciones se están llevando a cabo con tal de invertir su uso.

Reemplazar el plástico, una tendencia en alza

Decíamos antes que parece que muchas personas están cada vez más comprometidas con respecto a la generación de residuos y a cómo esto afecta al medio ambiente, que es el mayor perjudicado por la fabricación de plástico, ya que en última instancia, son los bosques, mares y océanos; que es adonde van a parar todo tipo de objetos plásticos.

Ante esta perspectiva, se intentan cambiar los hábitos de vida con respecto al plástico, si bien no se trata de deshacerse fulminantemente de todo cuanto lo que contenga, sino más bien de ir gradualmente sustituyéndolo por alternativas más ecológicas para no producir tantos desechos.

Un ejemplo muy cotidiano y que cada vez se ve más es el de ir a la compra con bolsas de tela para no tener que recurrir a las que nos dan en los establecimientos, usualmente de plástico, debido a su bajo coste. La alternativa de la bolsa es útil si consideramos que puede utilizarse más de una vez; únicamente basta con tomar el hábito de llevarla con nosotros cada vez que toque ir de compras.

Otro caso, el de los frascos de plástico. Normalmente los recipientes plásticos no están diseñados para almacenar líquidos o alimentos durante demasiado tiempo. Aunque muchos lo harán para darles un segundo uso, mejor no, ya que el plástico tiende a descomponerse en partículas minúsculas que irán a parar a lo que después ingeriremos. Por ello, conviene usar mejor recipientes de vidrio en su lugar, ya que no es tan perjudicial para la salud.

Y como éstos, son muchos los ejemplos que, si nos paramos a pensar, implican de una u otra manera al plástico en nuestro día a día: cepillos, botes de champú, bolígrafos, etcétera. Con la suficiente fuerza de voluntad y ganas, se puede ir supliendo el empleo del plástico hasta reducirlo al mínimo.

Océanos, mares y animales: los grandes perjudicados por el plástico

Lo venimos comentando a lo largo del texto; pero en esencia, el plástico es un material barato, muchas veces de un único uso y con una larga vida. A medida que se ha ido extendiendo su fabricación y se ha visto el bajo coste que supone su producción, nos hemos ido acomodando y acostumbrando a su utilidad, pero sin considerar las consecuencias.

El inconveniente principal es que no dura para siempre y es fácilmente rompible. Una vez ya no sirve, muchas veces es arrojado a la naturaleza, donde permanecerá durante décadas. Sin embargo, ahí está su peligrosidad; y es que el plástico no llega a eliminarse, de hecho se descompone en moléculas diminutas que son absorbidas por los seres vivos, pasando a formar parte de la cadena trófica. Animales como las aves y los peces son encontrados muertos y, al realizárseles la necropsia, se descubre en el interior de su estómago todo tipo de plásticos no digeridos.

Por otra parte, de acuerdo con Greenpeace, el 80% de basura que va a parar a las vías fluviales y océanos se origina en tierra, mientras que el 20% restante resulta de la actividad marítima. Los datos van aún más allá; y es que la organización ha detectado una serie de focos en diferentes océanos donde se acumula una gran concentración de plástico. Dichos focos son están: uno, en el Índico; y cuatro repartidos entre las zonas norte y sur del Atlántico y el Pacífico.

Muchas playas y litorales también sufren el vertido masivo de basura plástica. En España mismo, el 75% de basura que se recoge por cada 100 metros de playa es hecha de este material (generalmente botellas, recipientes, bolsas y otros enseres)

Más datos preocupantes

No parece que el panorama sea nada halagüeño ni que vaya a mejorar, al menos eso demuestran las cifras arrojadas por Greenpeace. De acuerdo con ellos, durante los últimos 50 años la industria del plástico ha aumentado su producción. Más aún, estiman que para 2020 el consumo de plástico será un 900% superior al que había en 1980.

Y un toque de atención para nosotros, los consumidores: según la UNEP (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente), el 89% de las bolsas de plástico que se llegan a acumular, son únicamente de un sólo uso y su longevidad es de 50 años, así que más vale que empecemos a tomar medidas si nos preocupa mínimamente el estado de nuestra Madre Tierra, más aún si consideramos que de los 100 millones de bolsas que se llegan a utilizar cada año en Europa, únicamente se reciclan el 7%.

Medidas de futuro

Desde Greenpeace proponen que no se deje únicamente en manos del consumidor la responsabilidad de cuidar el planeta. Por ello están pidiendo más implicación por parte de las grandes empresas que venden sus productos envueltos o contenidos en plástico para que incluyan en los etiquetados formas de reciclar los envases.

Igualmente, ya en ciertas partes de España se cobran las bolsas de plástico a los clientes que no las traigan de casa, con previsión a dejarlas de fabricar hacia el año 2020.

Otra medida sugerida por Greenpeace es la del retorno de envases, que consiste en que los clientes devuelvan los envases de los productos que compran en diferentes tiendas y que éstas les den una cantidad de dinero proporcional. Después, éstas se encargarían de reutilizarlos o reciclarlos.

Sea como sea, queda un largo trabajo pendiente por delante con respecto al reemplazo del plástico, ya que este tipo de medidas están aún en pañales. Sin embargo, conviene no dormirse y actuar cuanto antes, pues tal vez nosotros no vivamos para verlo, pero sí las generaciones venideras. Así que preguntémonos, ¿qué tipo de mundo queremos legar y en qué estado?

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