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Estas son las 3 principales causas de divorcio

Cada vez hay más divorcios. Analizamos los 3 motivos más frecuentes que rompen los matrimonios.
Existen tantos motivos para divorciarse como parejas, pero estos son especialmente comunes. | Imagen de: Cocoparisienne.

 

“Y tú, ¿para cuándo?”. Esta es la típica pregunta impertinente que todo sobrino, nieto o pariente en "edad de casarse" o de "estar emparejado" tiene que oír por parte de algún conocido o familiar cercano, como si la existencia del entrometido de turno cobrase más sentido tratando de hacer de Celestina improvisada; o como si la vida del preguntado fuera a ser mejor por pasar por la vicaría.

No importa que hoy pueda vivirse inscrito como pareja de hecho y que se gocen de prácticamente los mismos privilegios que se tendrían estando casado. Y es que da la sensación de que un objetivo vital de los ciudadanos de esta sociedad tan hipócritamente abierta de mente y moderna, sea el tener que darse el “sí, quiero”; de lo contrario, se le considera a uno poco menos que un descastado.

Sin embargo, a veces el cuento no sale como a los príncipes y princesas de turno les gustaría. A pesar de tratar de vendernos las bondades del matrimonio con todo de mantras trillados, bombardeandonos con publicidad machacona a todas horas o de recurrir al típico y desfasado “siempre se ha hecho así”; los divorcios siguen estando ahí para demostrarnos que nada es definitivo.

Pero, ¿cuáles suelen ser las causas que subyacen al cese del santo sacramento? Veámoslo, pero antes, unos cuantos datos para recapacitar al respecto.

Un poco de números acerca de los divorcios en España

España es uno de los países donde más divorcios se ejecutan en comparación con el resto de Europa. Es más, ya en 2014, se colocaba en el quinto puesto mundial a la cabeza en matrimonios fracasados.

Este título no se concede aleatoriamente; y es que los españoles que tanta prisa tenían en su día por ponerse los anillos de compromiso se lo han ganado a pulso. Para muestra, un botón:

Divorcios en 2016

El pasado año terminó con 101.294 separaciones, declaraciones de nulidad y divorcios; esto implica 2,2 de cada 1000 habitantes y un aumento del 0.3% en el caso de los divorcios, en comparación con 2015. De este total, el 96.824 pertenece únicamente a los divorcios (el resto son 4.353 separaciones; y 117, las declaraciones de nulidad).

Muy halagüeño todo, ¿verdad? La situación no lo mejora si la analizamos desde este prisma: se dice que en España, cada 5 minutos se rompe un matrimonio, 290 rupturas diarias. ¡Que vivan los novios!

Duración de los matrimonios

La felicidad de casados tiene fecha de caducidad, al menos en España: 16,3 es la media de años que duraron los matrimonios que se divorciaron en 2016. Del total de divorcios, el 31,6% de parejas llevaba más de 20 años “felizmente casados”; mientras que el 22,2% se aguantaron durante bastante menos, entre cinco y nueve años.

Lo de que “hasta la muerte nos separe” parece que no ha acabado de calar del todo. Tal vez algunos pensaban que la frase se refería a la muerte de su matrimonio, no a la de su persona.

Edad y nacionalidad de los contrayentes

En lo que respecta a cónyuges de sexo diferente, la cantidad de divorcios más elevada se produjo en hombres y mujeres situados entre los 40 y 49 años. La media de edad de ellas era de 44,2 años y la de ellos, 46,7.

Si nos centramos en su nacionalidad, la gran mayoría de exparejas son españolas (84,2%). Únicamente había uno de los miembros de nacionalidad extranjera en el 10% de casos; y en un 5,8% lo eran ambos.

3 causas básicas que están detrás de los divorcios

¿Intrigado por conocer los motivos más frecuentes de divorcio? No se hable más, aquí los tienes:

1. Ausencia de compromiso (¿o de valores?) en la sociedad del mínimo esfuerzo

En esta sociedad consentida de consumo rápido e inmediatez, en la que lo queremos todo al momento sin importar nada más que nuestro puro disfrute personal y sin que nos pidan nada a cambio (todo ello gracias al auge de valores egocéntricos basados en una ideología individualista de “primero yo, luego yo y finalmente; yo”);  se ha promocionado una cultura basada en la ley del mínimo esfuerzo.  

Esto lleva a un cambio de perspectivas: antaño, y de esto no hace tanto, se decía que había que luchar para superar las adversidades y por lo que nos importa. Ahora, se opta antes por la evitación de problemas a la primera de cambio. Lo que antes se veía como una oportunidad de transformación y de crecimiento, tanto personal como en común con nuestro partenaire; ahora se reinterpreta como excusa para que cunda el pesimismo, haciendo que cometer una infidelidad, o simplemente, optar por el abandono, esté justificado.

A esto hay que sumar que inscribirse como pareja de hecho antes que considerar el matrimonio sea la vía alternativa preferida por muchos. La falta de compromiso ante cualquier circunstancia que exija más de lo que estamos dispuestos a dar (o sea, “nada”, en muchos casos), hace que casarse se haga una montaña inescalable. Por todo ello, el matrimonio asusta y las parejas se deciden por soluciones a medio camino que pueden ser más fácilmente reversibles en caso de cese. Sin matrimonios, no hacen falta divorcios.

2. El tercero (o cuarto) en discordia

“No eres tú, soy yo”, o “cómo maquillarte la verdad para no admitir que quiero acostarme con otras personas que no sean tú, si no lo he hecho ya”. Tenemos la suerte o la desgracia de vivir en un mundo cada vez más tecnologizado, lo que ha favorecido la creación de aplicaciones de contactos que mucha gente casada utiliza a escondidas (¿nadie recuerda el escándalo destapado tras el hackeo de la web Ashley Madison?).

La tendencia que existe hoy en día de estar las 24 horas pegados al teléfono móvil propicia que aquellos amantes del riesgo se dediquen a flirtear con terceras personas y a fantasear con la idea de tener encuentros sexuales furtivos fuera del matrimonio. Para el o la corneada de turno, espiar el dispositivo móvil, las cuentas y/o los perfiles en las redes sociales de su torero particular, se convertirá en la única forma de descubrir qué es lo que ocurre y de confirmar o refutar sus sospechas. O eso, o contrata a un detective privado.

Sea como sea, las nuevas tecnologías son ahora un arma de doble filo con un papel importante en el curso de una relación y a las que muchas parejas les deben el divorcio. Así que mucho ojo con jugar con fuego. Infidelidades ha habido siempre, pero ahora parece que pueden ocultarse más fácilmente gracias a un borrado del historial de navegación. Sin embargo, la basura siempre acaba oliendo y no hay CPU alguna que pueda ocultarlo.

3. Familiares entrometidos

Sí, nuestros parientes también juegan un papel en una relación y pueden ser determinantes para que pidamos el divorcio. Aunque en general, queremos creer que predomina la prudencia y el hacerse a un lado, hay algunos consanguíneos (de la propia familia o de la política) muy dados a meter el hocico donde nadie les reclama.

¿Qué ocurre? Que tenemos una variante del punto anterior (el de un tercero en discordia), pero sin desapego emocional ni sexo furtivo de por medio. En su lugar, tenemos lavados de cerebro en un lado de la pareja (en el que hay vínculo sanguíneo); mientras que la otra parte de la pareja goza de reproches, malas caras y de todo tipo de desplantes, gentileza de una lengua viperina que ninguna víbora áspid sería capaz de igualar.

Las suegras, cuñados y demás familiares, están ahí y ven lo que sucede en un matrimonio. Que quieran aconsejar está bien y hasta es recomendable, para que den una visión menos sesgada de la situación en caso de que ocurran contratiempos. Ahora bien, que traten de influir, moldear o terminar con matrimonios ajenos, es otra cosa bien distinta. Dependerá de cada uno el peso que otorga a sus relativos en su relación y lo que decida dejarse llevar por sus palabras saboteadoras.

Comentarios
Adriana maria
No e extraña tanto divorció si aquí conocen a alguien y alas 8 días se van a vivir juntos