¿Qué es el feminismo interseccional y cómo puede ayudar?

Esta nueva corriente feminista pone solución a distintos problemas sociales e ideológicos.

La nueva corriente feminista pone punto final a determinados actos.
La nueva corriente feminista pone punto final a determinados actos. | Imagen: Creative Commons.

 

Desde finales de los ochenta, la corriente feminista ha vuelto a alzar la voz con ánimo de  ser escuchada de nuevo. En apenas dos siglos de vida (entendido desde el momento en el que se acuñó la palabra “feminismo” por primera vez, allá por 1837) ha pasado por diferentes fases, evolucionando y disgregándose en distintas ramas, cada una de ellas con características que la distinguen del resto; pero con un objetivo común: la igualdad de derechos de la mujer.

Actualmente ha cobrado relevancia el concepto de “feminismo interseccional”, un subtipo de feminismo que trata de abordar el problema de la falta de derechos, pero abandonando una perspectiva demasiado centrada en la mujer de raza blanca, ya que parecía haberse tomado a este grupo como único referente a seguir. Veamos en qué consiste el feminismo interseccional y de qué manera puede favorecer a la causa.

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Oleadas feministas a lo largo de la historia

Se dice que el feminismo ha pasado por tres etapas u oleadas desde que se conformó como movimiento social.

1ª Oleada (finales S.XIX. - principios S.XX.)

La reivindicación era sencilla: alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres. ¿Cómo? Permitiendo el derecho a voto de ellas. Pero había más,  pues se exigía también la igualdad ante la ley y el acceso a la propiedad privada, en lugar de limitarse a administrar todo lo relacionado con la economía de casa.

La crítica que se hacía desde esta primera ola era que no existía ninguna excusa para discriminar a las mujeres, fundamentada en argumentos individualistas que sostenían que los desplantes hacia el género femenino se debían a su condición individual de mujeres y no a un problema de tipo social mayor.

2ª Oleada feminista (finales de los 60 - finales de los 80)

Aunque las fechas son aproximadas, podríamos estimar que esta segunda fase feminista se gestó en algún momento antes de comenzar la década de los 70. Fue a partir de aquí cuando el movimiento comenzó a mutar en distintas variantes; y se iba alejando cada vez más de la concepción individualista de su antecesor.

Esta vez, la idea imperante es la de que  existe un gran problema social e histórico subyacente que debe ser eliminado cuanto antes, adoptando una acción colectiva de ataque contra este enemigo común (una premisa fuertemente influida por ideas marxistas).

Este feminismo apodado “radical” engloba dos vertientes: el feminismo “de la diferencia” y el “de la igualdad”:

Feminismo de la igualdad

La prioridad es que las mujeres tengan las mismas posibilidades de acceso a oportunidades que, según las feministas, únicamente se han brindado a los hombres. Otra tarea, es la de fomentar el mantra de que el género es un constructo social que se ha utilizado como excusa para asignar roles marcadamente sexistas a las mujeres. Dichos roles, estarían diferenciados de los asignados a los hombres, para imposibilitar esta igualdad de oportunidades.

Feminismo de la diferencia

La prioridad es acabar con la opresión hacia las mujeres ensalzando valores femeninos en lugar de aplicar los típicamente masculinos, como vendría haciéndose hasta entonces. Esta vez,  los valores masculinos se criminalizan y se vinculan a todos los males de la sociedad; mientras que se espera que fomentando los femeninos, el mundo sea un lugar mejor donde siempre brillará el sol.

Sin embargo, la interpretación de la realidad que se hace desde toda la corriente, es que la exclusión de la mujer se debe a un sistema de opresión social instaurado y perpetuado a lo largo de la historia de forma económica, política y cultural hacia este género: el patriarcado. De acuerdo con la concepción del feminismo radical,  la única preocupación de dicho sistema ha sido el sometimiento de la mujer, así como el ensalzamiento de valores o conductas asociados a lo masculino.

3ª Oleada (finales de los 80 - actualidad)

La última metamorfosis (por ahora) del feminismo apenas tiene 30 años de vida, pero continúa muy arraigada con la segunda oleada. Esta vez, se pone el acento en que diferentes formas de discriminación (sexismo, opresión, racismo, orientación sexual…)  están interrelacionadas entre ellas y que deben ser tratadas por separado, aunque dentro de un todo. Es la génesis del feminismo interseccional.

Interseccionalidad, una forma de entender la discriminación

La interseccionalidad es un tipo de creencia que asume que las diferentes formas de opresión están vinculadas entre ellas y cuyo abordaje debe hacerse de forma separada, aunque entendiendo el problema como un conjunto.  Existen factores que influyen a la hora de posicionar socialmente a una persona y, por ende, en su grado de discriminación.

Desde este punto de vista, se sostiene que cada persona cuenta con varias identidades sociales que, al combinarse, la catalogan como ser individual. Pertenecer a una u otra de estas categorías (que en breves, repasaremos) implicará que cada sujeto sufra más o menos opresión o, por el contrario, goce de ciertos privilegios según el lado del continuo en el que esté situado y la forma en que estas identidades sociales interaccionen entre ellas.

Ejes de interseccionalidad

El feminismo de la intereseccionalidad define cuáles son las categorías (comunes a todos los seres humanos) que determinan cuán susceptibles son las personas de sufrir discriminación u optar a determinados beneficios reservados únicamente hacia unos pocos. Estos serían los principales ejes:

Género

Cómo no,  el sustrato central y en base al cual se definirían el resto de formas de discriminación. Para el feminismo, las mujeres están más perjudicadas que los hombres.

Orientación sexual

Según qué nos excite o con quién mantengamos relaciones sexuales.

País de origen

Haber nacido en uno u otro lugar del globo influirá también en ser oprimido o no.

Lengua

Hablar según qué idiomas es también motivo de segregación. Al parecer, aquellos con mayor número de parlantes repercutirán negativamente en los que esta cifra es inferior.

Nivel de estudios

Entendemos que los que  han llegado más lejos estudiando serán mejor valorados que los que no han ido siquiera a la escuela, por ejemplo.

Religión

Dependiendo de a quién le rindamos culto, se nos verá con mejores ojos o peores. Los fieles de una religión tribal, minoritaria  o no tan extendida a nivel mundial recibirán más presiones para abandonar su fe y convertirse a una mayor.

Antecedentes penales

Siempre ha habido cierto estigma hacia las personas con historiales delictivos; y para el feminismo interseccional es otra vía de expresión de odio y rechazo.

Autóctono o inmigrante

No ser del país en el que se vive es motivo para recibir mejor o peor trato.

Apariencia física

Los rasgos caucásicos se situarían en lo alto de una jerarquía a la que seguirían las personas de diferente color de piel. De la misma forma,  se priorizarían ciertas formas físicas por encima de otras (altos antes que bajos; esbeltos antes que gruesos…).

Interseccionalidad: incluirlas a todas

Analizar cómo funciona esta forma de exclusión social permitiría entender cuáles son las vulnerabilidades asociadas a cada identidad femenina.

El feminismo de la interseccionalidad ha surgido para tratar de visibilizar a mujeres de raza no blanca, con tal de incluirlas en la lucha y sumarlas a la reivindicación (pues además padecen otro tipo de discriminaciones). Así, se evita que el movimiento no caiga en el error de tomar como referencia el paradigma de la mujer caucásica; sino que se asuma que hay otro tipo de mujeres en situación de desigualdad que también padecen por otras causas.

¿Cómo puede el feminismo interseccional contribuir a la lucha?

La interseccionalidad pretende comprender de qué manera se sufre la discriminación y las vulnerabilidades de cada una de las identidades sociales múltiples del género femenino. Dichas dificultades generan un tipo de rechazo diferente, que no es acumulativo, por así decirlo.

Al tener en cuenta la encrucijada de las variables sexo-género con otras (etnia, clase social, religión, orientación sexual, etc.), se abren muchas posibilidades. Una mujer de raza blanca, europea y hetero; no sufrirá la misma discriminación ni en el mismo grado, que en una de raza negra, lesbiana y de clase baja. Esta nueva forma de feminismo tendrá en cuenta otro tipo de desigualdades para tratar de equilibrar la balanza.

Para el feminismo interseccional, no se puede abordar por separado cada problema sin entenderlo en conjunto e incidiendo en el todo. Desde esta perspectiva, se contextualiza cada tipo de discriminación para tener una visión global de la situación y así realizar las políticas de igualdad que sean necesarias; considerando dichas variables susceptibles de ser subyugadas, pero sin olvidar las especificidades de cada una.