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¿Cómo y por qué murieron los habitantes de Pompeya?

Los habitantes de Pompeya murieron de una forma apocalíptica. Descubre el motivo y la forma de su fin.
Cuerpo de un esclavo de Pompeya. | Imagen de: National Geographic.

 

Pompeya era una ciudad de la Antigua Roma, situada cerca de la actual ciudad de Nápoles y famosa mundialmente por quedar enterrada bajo las cenizas que emitió el volcán Vesubio, en el año 79 d.c. En la ubicación de la antigua ciudad se encuentra ubicada la moderna Pompeya, núcleo de turistas que visitan las ruinas causadas por una de las catástrofes más famosas de la historia de la humanidad.

La erupción del volcán fue una catástrofe que aunque muchas de las personas de la ciudad pudieron evitar, se llevó consigo a más de 2000 personas, entre los cuales algunos eran esclavos o gladiadores, encadenados para que no escaparan ni se quitaran la vida, aunque estas son solo las contabilizadas por los cuerpos que se conservan de la catástrofe, probablemente son muchas más.

¿Cuál fue la causa de la muerte de los habitantes de Pompeya?

Durante muchos años, las hipótesis principales se basaban en que la muerte de los habitantes de Pompeya que no pudieron escapar fue causado por la entrada de cenizas en sus sistemas respiratorios, provocandoles una muerte dolorosa y lenta, haciendoles sufrir mientras que sus cuerpos quedaban sepultados por las cenizas, que son las que han mantenido sus cuerpos momificados durante 2000 años.

Tras años de investigación y dudas, se ha certificado finalmente la causa de la muerte de los pompeyanos, y no es la que todo el mundo creía, la asfixia, sinó que los fallecidos murieron por culpa del calor abrasante, las altas temperaturas entre 300 y 600 grados que mataron a los pompeyanos al instante.

Los resultados obtenidos sobre los efectos térmicos y mecánicos de la erupción preveen que es posible que la futura entrada en funcionamiento del Vesubio, que ya estaba prevista, sea mucho más fuerte y violenta de lo que se esperaba por parte de las autoridades, y que afectaría a una gran parte de la mar mediterránea.

Para llegar a la conclusión de que las muertes en la ciudad de Pompeya fueron causadas por la calor abrasante, se fijaron en una sala, donde se encontraban unas 30 personas, donde la calor quemó instantaneamente sus organos, fijando así los huesos de las mismas personas. Las víctimas quedaron enterradas por ocho metros de cenizas, que permitieron que sus cuerpos se conservaron hasta nuestros días.

Las estatuas humanas que se conservan, y que son uno de los principales atractivos de los millares de turistas que visitan la zona, indican la instantaneidad de la muerte, debido a que como los expertos lo denominan, no hubo una cadaveric spasm, una expresión o agarrotamiento del cuerpo momentos antes de morir, debido a que las víctimas no tuvieron tan siquiera tiempo a reaccionar.

Catástrofes similares a la de Pompeya

En agosto de 1983 tuvo lugar una de las catástrofes más grandes de la historia de la humanidad. El volcán Krakatoa entró en erupción llevandose por delante más de 36.000 vidas. Entró en erupción el 26 de agosto, y durante 3 días las explosiones se pudieron oír desde más de 100 kilómetros de distancia. La explosión final, hundió el archipiélago entero, y disparó materia volcánica a 1000 kilómetros por hora, destrozando todo a 70 kilómetros a la redonda.

Unos años antes, en 1815, tuvo lugar la erupción del Tambora, que se llevó consigo más de 70.000 vidas, y que alcanzó el nivel 7 de 8 en la escala del IEV o Indice de Explosividad Volcánica. La energía liberada en ese momento se calcula que fue 4 veces la liberada en el Krakatoa, pudiendo escuchar las explosiones desde 2600 kilómetros de distancia.

Ambas explosiones condicionaron el clima de los años posteriores, causando en ambas ocasiones una bajada de la temperatura a nivel global y unos cielos rojizos, que vemos reflejados en muchas obras de arte de la época, como El grito, de Edvard Munch.

El color del cielo de este fantástico cuadro no es casualidad. | Imagen: El Grito.

El futuro del Vesubio

El actual Vesubio es un volcán de una altura de 1281 metros de altura, formado por un volcán mayor, el Somma, del cual la cumbre se derrumbó en la erupción del año 79 que sepultó Pompeya, así como el Vesubio, un volcán nuevo creado a partir de la anterior erupción. Este último ha crecido formando una nueva caldera que entrará en erupción en el futuro.

El Vesubio se encuentra activo a día de hoy, y sus fases son muy particulares del mismo, debido a la gran frecuencia con lo que cambian. Va desde emisiones de lava muy líquida de estilo Hawaiano, a fuentes de lava extrema, así como lagos de lava y flujos de lava, que algunas veces terminan en violentas explosiones y pequeñas erupciones que producen descensos de lava por la ladera del volcán, o por su nombre técnico, flujos piroclásticos.

Cuando hablamos del Vesubio, valoramos el gran peligro que sobrevuela a los habitantes de la ladera del mismo, por la inexactitud de la previsión de la próxima erupción. Más de 500.000 personas viven en la zona de peligro, de uno de los volcanes más peligrosos de la tierra.

No se sabe con exactitud cuando el volcán va a volver a actuar, pero los expertos explican que es muy posible que el Vesubio se encuentre en una de sus fases más duraderas de inactividad, pero que por mucho que así sea, el peligro es constante, porque los volcanes son muy impredecibles. Este problema es aún más grande cuando oímos que relativamente cerca del Vesubio, en el Golfo de Nápoles, se encuentra el Campi Flegrei, otro volcán activo.

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