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12 consejos para ahorrar, llegar a final de mes y que nos sobre

Tanto si quieres ahorrar como si tienes dificultades, presta atención a esta guía.
Cada día, ahorrar y llegar a final de mes se hace más cuesta arriba. | Imagen de: Pixabay.

 

Un asunto recurrente que suele salir a la palestra cuando se pregunta a la gente sobrequé les preocupa, es la economía. Llegar a final de mes es, para algunos, un auténtico suplicio que les lleva a recortar gastos superfluos para poder subsistir hasta que haya nuevos ingresos.

Gestionar nuestras finanzas es una tarea más difícil de lo que parece, más cuando quien tiene que hacerlo no tiene el hábito adquirido, sino que más bien tiene tendencia a sacar su tarjeta de crédito a pasear en demasiadas ocasiones.

En tiempos de crisis, tratar de ahorrar pone a prueba el ingenio de muchos despilfarradores. Y es que es un arte que no consiste únicamente en mantener quieta la cartera, pues también implica la destreza para saber elegir en qué gastar la menor cantidad de dinero posible; al mismo tiempo que los ingresos monetarios se mantienen o, preferiblemente, aumentan.

12 trucos para ahorrar y lograr llegar a final de mes

Con la siguiente lista, esperamos aportar pistas para las personas que tengan dificultades para llegar a final de mes y que les ayude de algún modo a reducir sus gastos más superfluos.

Conozcamos algunos hábitos que conviene adquirir si queremos que los gastos se reduzcan y generemos ingresos. La mayoría tienen que ver con recortes en el ocio: los llamados “caprichitos”, salidas de noche, fines de semana o vacaciones o comidas fuera de casa. Aquí van nuestros consejos para ahorrar:

1. Realizar un presupuesto y seguirlo

Puede que, para los que nunca antes han tenido que tomar este tipo de medidas, fijar un presupuesto en el que se estipule una cantidad máxima de gastos al mes sea algo difícil por la falta de práctica. Tal vez pedir ayuda a un asesor financiero que nos eche una mano para establecer este techo de gasto personal sea una solución, además de una inversión de provecho que nos puede ahorrar un buen dinero.

2. Ingresar una parte de la nómina en una cuenta a plazo fijo

Podemos tener dos cuentas: una, que será a la que acudamos para extraer el dinero que nos permita aguantar todo el mes. La segunda, puede ser una cuenta a plazo fijo, a la que irá a parar cierta cantidad de nuestros ahorros y que no tocaremos.

El principio de una cuenta a plazo fijo es que el usuario obtenga un beneficio a partir de una inversión previa. La Imposición a Plazo Fijo (IPF) se basa en destinar una parte de nuestro capital en un plazo fijo preacordado con el banco, que podrá utilizar a su libre disposición. El compromiso de la entidad obliga a que, llegada la fecha de cada plazo,se paguen los intereses al cliente (también preestablecidos) que este dinero ha generado.

En cualquier entidad bancaria tienen un plan de inversión de este tipo que se amoldará a nuestra capacidad económica. La gracia está en que la cantidad destinada al plazo fijo no puede ser retirada, pues se estaría incumpliendo nuestra parte del acuerdo con el banco. Y además, pasado el tiempo estipulado de cada plazo, recibiremos una recompensa por la espera. Ahorro e ingresos con un poco de paciencia.

3. Conviene no endeudarse si tratamos de evitar gastos innecesarios

A no ser que tengamos pagos ineludibles, claro está (alquileres, hipotecas, facturas…). De lo que se trata en este punto es de que no generemos aún más deudas de las que ya acarreamos; así que mejor evitar solicitar un crédito al banco a no ser que sea estrictamente necesario o pedir dinero a nuestros amigos y familiares.

Aunque no lo parezca, pagar todo por adelantado acabará saliendo más rentable que pedir un préstamo que vaya generando unos intereses que inflen el precio de la cantidad pedida en primer lugar.

Y, otra cosa importante, que tengamos obligaciones económicas con terceros no debe alejarnos de nuestro objetivo principal: ahorrar.

4. Anotar los pagos y gastos

Un método de ahorro tan sencillo como llevar al día las cantidades que entran y salen de nuestra cuenta corriente, siempre teniendo en mente (o anotado al lado) cuál es nuestro presupuesto de gasto máximo del mes. De esta manera sabremos si llevamos un ritmo de desembolso demasiado acelerado y si conviene bajar un poco el ritmo.

Otra cosa importante es estar alerta de cuáles son los pagos que ese mes hemos de realizar, para que no nos sorprenda si vemos que se nos ha retirado cierta suma de dinero y para que consultemos a nuestro banco cualquier anomalía que detectemos en este sentido.

5. Destinar los ahorros para nuestra jubilación

Sonará a topicazo o a cachondeo, pero nada más lejos. Vivimos en una época en la que las pensiones están de todo menos aseguradas, así como la edad hasta la que tendremos que estar trabajando (bueno, en cuanto a eso, sabemos que NO va a ser a los 65).

Bien sea porque nos parece que aún queda demasiado lejos o porque pensamos que tan mal no estaremos como para empezar ya a acumular dinero para la jubilación, lo cierto es que pensar en nuestra vejez para que tengamos cierta tranquilidad y estabilidad no es en absoluto nada descabellado.

Pensemos: “¿Cómo nos gustaría vivir cuando seamos mayores?”, “¿Cómo imaginamos nuestra vida cuando ya no tengamos que trabajar?”; es decir, ¿preferimos malvivir con la paga que ofrece el Estado o es mejor que vayamos generando un cojín que nos permita no limitarnos únicamente a sobrevivir?

6. “¿Cuántas horas he de trabajar para pagar esto?”

Esta es una estrategia mental que puede servirnos cuando sintamos el impulso de querer comprar algo que realmente no necesitemos y no esté fijado en nuestro presupuesto mensual.

Pensar en las horas de trabajo que habría que invertir para pagar eso que nos está llamando con su canto de sirena es útil para que frenemos nuestra mano y salgamos de la tienda con las manos vacías. Y es que combatir la cantidad de estímulos a los que diariamente nos enfrentamos y que nos invitan a despilfarrar dinero por el mero hecho de consumir es todo un reto; así que conviene que nos mantengamos fuertes ante la tentación.

7. En las tiendas, lleva siempre auriculares con música puesta

¿Por qué? Pues porque todos los negocios ponen música a través de altavoces distribuidos hábilmente por todo el local. Se trata una estrategia de marketing muy efectiva que se emplea para influir en los clientes que atraviesan sus puertas; de esta manera se espera que dejen de ser meros visitantes que están de paso y se conviertan en compradores.

Por todo ello, una buena forma de no dejarse seducir por el entorno que nos incita a no irnos de allí sin algo en las manos, es ponernos unos auriculares con nuestra música favorita. Nuestra cartera agradecerá este sacrificio a final de mes.

8. Aplica técnicas de ahorro para los gastos de casa

Nos referimos a tácticas que hagan que las facturas no lleguen tan infladas. Por ejemplo: tener cuidado con las horas que tenemos la calefacción o el aire acondicionado funcionando, cosa que se consigue cerrando bien ventanas y puertas para que ni el aire frío ni caliente se escapen.

¿Más ideas? Ducharnos en lugar de bañarnos para ahorrar cuanta más agua posible (las reservas de agua de los embalses también lo agradecerán), evitar usar el lavavajillas y optar por lavar los cacharros a mano (vigilando siempre cuánto tiempo dejamos abierto el grifo). Comprar artículos de primera necesidad que sean de marcas blancas, en lugar de los que las grandes firmas venden, es también una opción que nos permite ahorrar unos céntimos de más.

9. Cuidado con los caprichos y homenajes

Es muy fácil caer en la autocompasión, especialmente cuando se está en los últimos días del mes y ya queda poco para cobrar. Pensar que “hemos sido buenos” o que “nos merecemos un capricho” de vez en cuando, son dos de las falacias que pueden hacer caer el nivel de dinero ahorrado de forma dramática, especialmente si nos damos un gustazo demasiado grande.

Las compras por impulso son un enemigo que está siempre al acecho y que hay que estar combatiendo a cada momento, tal y como decíamos. Conviene que nos hagamos la pregunta de “¿realmente lo necesito?” o que reflexionemos en cómo va afectar esa compra a nuestro plan de ahorro. Si hace falta, deja la tarjeta de crédito en casa y sal a la calle únicamente con dinero para poco más que un café.

10. Ponte metas que sean razonables con tu situación

Está muy bien tener la ambición de querer reducir el gasto al mínimo, pero conviene que seamos realistas con las expectativas que nos fijamos con respecto a esto y no pecar de optimistas.

Si por lo que sea, en un mes concreto, tenemos más gastos de lo previsto o las deudas ascienden inesperadamente, conviene atenderlas para sacárnoslas de encima y postergar cualquier antojo o pago extra que tuviéramos planeado.

11. Ánimo y paciencia

Como en todo, realizar un plan de ahorros requiere una buena planificación, sacrificios para llevarlo a cabo y, lo más difícil, mantenerlo sin recaer en compras innecesarias. Igual que cuando hacemos dieta o cualquier cosa que nos niegue un placer inmediato; evitar ciertos desembolsos de dinero tendrá sus beneficios a largo plazo para el bolsillo.

Que no sea una tarea sencilla no quita que sí sea útil, así que esperamos que no decaigan los ánimos ni se echen canitas al aire que atenten contra nuestro propósito.

12. Ocupa tu tiempo en tareas baratas

“El dinero no da la felicidad...Pero ayuda un poco”. Es lo que nos dirá cualquiera que crea que con hace falta tener dinero para pasar un buen rato. El error está en creer que, llegado un fin de semana, un puente o las vacaciones, ya es motivo para sacar la tarjeta de crédito a pasear. Sin embargo, esta es una idea equivocada a la que debemos darle la vuelta si pretendemos no despilfarrar y que llegue final de mes sin que estemos en números rojos.

Estamos en total desacuerdo con ciertos mantras sobre el dinero y disfrutar del ocio; al fin y al cabo, hay muchas maneras de pasarlo bien que no implican un gasto previo. De hecho, creemos que muchas de ellas son experiencias completamente disfrutables que nos hacen saborear más los pequeños placeres que nos da la vida; únicamente debemos saber dónde encontrarlos.

Salir a dar un paseo (por la montaña o por la playa…) solos o acompañados, ir a correr o en bici (suponiendo que tengamos una; si no es el caso, la podemos pedir a alguien de confianza), quedar para charlar con nuestra gente, leer el típico libro que tenemos pendiente desde tiempos inmemoriales, dibujar o ver una película en casa son algunas alternativas a planes menos económicos que nos pueden hacer pasar un muy buen rato.

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