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7 experimentos caseros (para niños y adultos)

Los experimentos caseros son sencillas experiencias que nos permiten conocer la ciencia que subyace a fenómenos cotidianos y que son fácilmente replicables a pequeña escala utilizando productos cotidianos.
Los mejores experimentos caseros para niños pequeños y mayores. | Imagen de: athomedadmatters.com

 

No hace falta ser un profesional de la ciencia y disponer de un laboratorio como el de Rick Sánchez para poder realizar algunos experimentos caseros como los que traemos hoy. Estas sencillas experiencias son tan entretenidas como instructivas, y pueden llevarse a cabo aprovechando materiales que tenemos en casa o que venden en el supermercado.

7 experimentos caseros para niños y adultos que puedes hacer en casa

¿Que la ciencia es aburrida? Los siguientes experimentos caseros demuestran todo lo contrario.

1. Limones como sustituto de las pilas

Sabemos lo extremadamente tóxico que es el mercurio que contienen las baterías y pilas que hacen funcionar muchos aparatos electrónicos. Muchos experimentos caseros como este, suponen una alternativa ecológica y efectiva a partes iguales que permiten ahorrarnos algún dinero. Para poder realizarlo, solamente tienes que conseguir 2 limones, 3 pinzas de tender la ropa, 4 monedas y unos centímetros de cable de cobre.

Procedimiento:

1. Parte en dos los limones con el cuchillo y hazles sendas hendiduras a cada una de las mitades para incrustar una moneda por pieza.

2. A continuación, clava un tornillo en cada mitad.

3. Pasa el cable de cobre por los tornillos, de manera que las cuatro mitades permanezcan unidas. Asegúralos bien valiéndote de las pinzas.

4. Conecta los extremos de los cables a un aparato electrónico, que se encenderá y funcionará si problemas. El fenómeno que ocurre se da porque los electrones del tornillo pasan a la moneda y, de ahí, ocurre la corriente.

2. Tornado en miniatura

Los experimentos caseros nos ofrecen una simple forma de observar a pequeña escala uno de los fenómenos meteorológicos más devastadores de la naturaleza. En este caso, el remolino se formará con agua, pero además, ¿qué otros materiales nos hacen falta para nuestro pequeño tornado? La parte superior de una botella de plástico (con su tapón), un recipiente plástico con tapa, el radio de la rueda de una bicicleta (el filamento metálico), la tuerca del mismo radio y un CD.

Procedimiento:

1. Realiza una trepanación en la tapa del recipiente plástico y en la base del mismo. Esto nos servirá para más adelante apoyar el radio de la bicicleta.

2. Enganchamos dos trozos del plástico del CD a uno de los extremos del radio. Dejaremos que sobresalga la punta del radio un poco por encima de los plásticos que hemos pegado; así podrá fijarse al agujero de la base del recipiente plástico por abajo,y a la tapa del mismo, por arriba.

3. Tenemos que cortar a tiras (10 - 12) la parte superior de la botella, pero no a pedazos, sino únicamente para que se abran como pétalos de flor. Una vez hecho, las abrimos para que sirvan de paletas para la futura turbina de viento.

4. Perforamos el tapón de la botella, lo incrustamos al extremo que sobra del radio y enroscamos el cuello de la botella.

5. Llenamos el recipiente de agua y juntamos ambas partes. Solamente hace falta ir a buscar dónde sopla más el viento para que haga girar las aspas de la botella.

3. Brújula doméstica portátil

Experimentos caseros como este pueden salvarnos en caso de encontrarnos en situaciones extremas.

Construir nuestra propia brújula puede conseguirse reuniendo estos materiales: un frasco con agua, unos alicates, un rotulador, un objeto metálico (un tenedor o un cuchillo mismos), un imperdible, un bote de cristal con tapa, un cúter y el corcho de una botella (aunque sirve también una porción de corcho blanco).

Procedimiento:

1. Cortamos una porción del corcho, del grosor de un tapón de botella aproximadamente. En la superficie, escribiremos con el rotulador las iniciales de los 4 puntos cardinales: N,E,S,O.

2. Abrimos el imperdible, que será la aguja de nuestra improvisada brújula y cortamos la zona donde el metal se retuerce. Nos interesa quedarnos con un filamento recto. Para cargarla magnéticamente, la frotaremos sobre el objeto metálico.

3. Atravesamos con esta aguja el lateral del corcho, de manera que la punta imantada sobresalga a la altura de la “N” que nos marca el norte.

4. ¿Cómo sabemos que esta brújula casera apunta donde tiene que apuntar? Sencillo, llena el recipiente con agua y coloca el corcho encima de la superficie. La fuerza magnética hará girar esta pieza hasta que marque el norte. Si quieres llevarte este experimento casero contigo de excursión, cierra el recipiente de cristal con la tapa y guárdalo en tu mochila de viaje.

4. Cohete hecho con cerillas

Las gentes de altos vuelos están de enhorabuena, pues traemos un método de fabricación para obtener un cohete hecho a partir de cerillas. No obstante, aunque estemos describiendo experimentos caseros para los más pequeños y, a pesar de su sencillez, es mejor que en este caso especialmente, manipule el material un adulto.

Consigue una caja de fósforos, un rollo de papel de aluminio y un clip grande que usaremos como rampa de propulsión.

Procedimiento:

1. Corta las cabezas de los fósforos y apílalas a un lado.

2. Coge unos centímetros de papel de plata y dale una forma personalizada al cuerpo del cohete. Sírvete de algún objeto pequeño alargado como molde y recúbrelo con el papel de plata. Una vez le hayas dado la forma que deseas, retíralo y quédate con la carcasa. Recuerda dejar un espacio abierto para meter las cabezas de los fósforos.

3. Introduce las cabezas de las cerillas y cierra por la punta para que no se caigan.

4. Abre el clip para que quede con la forma  de una plataforma de despegue y coloca el cohete.

5. Prende el cohete para el despegue. Recuerda tomar medidas de precaución cuando manejes el fuego y ve con cuidado. Si este experimento casero resulta, debería salir propulsado en cuanto se encendieran las cabezas de los fósforos.

5. Termómetro ambiental

¿Qué se puede hacer con una botella vacía? Pues un sencillo termómetro casero para medir la temperatura de tu habitación. Es es uno de los experimentos caseros para niños favoritos y más sencillos de realizar.

Basta con que te hagas con una botella de plástico pequeña (con su tapón incluído), un poco de plastelina, unas tijeras, una pajita y colorante alimenticio.

Procedimiento

Esta experiencia básica puede realizarse en estos sencillos pasos.

1. Agujereamos el tapón de la botella por el centro, utilizando las tijeras con cuidado. Tiene que tener un grosor lo suficientemente amplio para que la pajita pase por él.

2. Sellaremos con la plastelina los huecos que puedan quedar para que no se filtre líquido.

3. Llenamos la botella de agua hasta la mitad y cerramos el tapón con la pajita enmedio. Es importante que la pajita llegue hasta el líquido, así que si se queda corta la bajaremos.

4. Para conseguir un mejor efecto, podemos echar colorante al agua para observar los cambios de temperatura que se produzcan: cuando el calor aumente, éste subirá por la pajita y se impregnarán las paredes con el tinte del colorante.

6. Tinta invisible

Muchos experimentos caseros para niños les dejarán con la boca abierta, especialmente cuando vean que un mensaje aparece de repente sobre el papel.

Vas a necesitar zumo de limón, un poco de agua, un recipiente, un bastoncillo para los oídos, un encendedor y una hoja de papel.

Procedimiento:

1. Exprime el jugo en el tazón y vierte también unas gotas de agua con las que mezclarlo. Utiliza una cuchara de café y será suficiente.

2. Humedece el cabezal del bastoncillo para los oídos para escribir con él tu mensaje oculto sobre el papel. También sirve la punta de un bolígrafo o de una estilográfica, por si quieres que quede con una mejor caligrafía.

3. Deja que la tinta se seque sobre el papel. Una vez lo haga, el mensaje quedará oculto.

4. Coloca el papel sobre una vela encendida (lo suficientemente cerca pero sin que llegue a prendre) o una bombilla que desprenda suficiente calor. Cuando el papel aumente de temperatura, el escrito comienza a hacerse visible.

7. Obtener agua potable de agua salada

Algunos experimentos caseros para niños como este son una genial propuesta que aprovecha los recursos que nos ofrece la madre Tierra para que saquemos provecho de ellos.

En este caso, podemos fabricar un destilador de agua que, si bien no sería recomendable para nuestro consumo o de nuestras mascotas, sí que podría servirnos en caso de supervivencia en alta mar. Lo que necesitaremos es nada más que un receptáculo, como un cubo o un cazo, un vaso, una pequeña tapa de plástico (puede ser film transparente) y una piedra o un peso.

Procedimiento

1. El primer paso es llenar el recipiente con el agua que queramos potabilizar.

2. Colocamos el vaso en el centro, sin que el agua lo cubra y lo llene. Si hace falta, dejamos el peso dentro del vaso para mantenerlo estable y que no flote si el nivel del agua es demasiado elevado.

3. Cubrir con el plástico o la tapa el barreño sin que esté en contacto con la superficie del agua y bien sellado, para que no haya fugas.

4. Pondremos otra piedra sobre esta cubierta hacia el centro. Al estar abombada, el vapor de agua se deslizará hacia abajo y caerá dentro del vaso. Evidentemente, el peso no ha de ser muy grande o romperá el plástico.

5. Colocamos el recipiente bajo el sol, para que se caliente, así la condensación permitirá obtener agua dulce apta para beber. Ahora bien, se trata de uno de esos experimentos caseros que tomarán su tiempo para surgir efecto, ya que se requiere de varias horas.

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