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11 posturas y lo que dice de nosotros y nuestra personalidad

Que nos gusten más unas posturas que otras dice mucho de nosotros y de quienes somos.
¿Qué significa cada postura sexual? ¿Qué dice de nuestra personalidad o de nuestros gustos? | Imagen: Stokpic.

 

La sexualidad es un ámbito de la vida que a estas alturas ya debería estar asumida como normal para poder experimentarla al máximo sin censurarnos. Tener una vida sexual sana en pareja es algo que contribuye a que ésta mejore y hace más fácil que puedan superarse los obstáculos que puedan surgir.

Una vida sexual satisfactoria es positiva para el bienestar psicológico: además de contribuir a reducir el estrés, rejuvenecer la piel, aumenta la autoestima y el estado de ánimo y refuerza el sistema inmune.

En la cama, cada persona tiene unas preferencias y expectativas que espera ver cumplidas; de la misma manera, lo habitual es que se desee que el partenaire también pase el mejor rato posible. Al menos, es la idea que debería imperar: que haya cierto grado de compenetración y que no únicamente se vaya a aplacar la libido. Incluso aunque tengamos sexo con alguien a quien apenas conocemos, no deberíamos olvidarnos de que la otra persona también querrá disfrutar el momento.

Independientemente de la situación en el que nos coja (el sexo es una necesidad más del cuerpo y el deseo nos puede sobrevenir en los lugares más insospechados), siempre hay posturas que se encuentran en nuestro repertorio y que vamos a llevar a cabo. Y es en este punto donde nos centraremos hoy, en lo que la postura sexual escogida da a conocer de nuestra persona.

11 posturas sexuales y lo que revelan de nosotros

¿Eres una persona que toma la iniciativa en la cama o bien prefieres delegar el trabajo en tu acompañante? Según qué postura elijas, estarás transmitiendo estos mensajes:

1. El Misionero o “no pensemos más de la cuenta”

La postura tradicional por excelencia, en la que ella se tumba boca arriba y abre las piernas, permitiendo que él se coloque en medio para asegurar una fácil penetración. Cuando las ganas de sexo aprietan y no se está para demasiados miramientos, es la postura ideal.

No obstante, a pesar de que sea una posición muy recurrente y que puede vincularse a la falta de ideas y dominio de la rutina, el misionero bien hecho se disfruta al máximo y permite una conexión total.

Mucho ojo: que el misionero sea un recurso fácil no es contrario a que se tengan que hacer bien las cosas, se respeten los preliminares y a quien nos acompañe.

2. Felación o “se lo merece”

El sexo oral es una de las posturas más placenteras para quienes lo reciben (sin olvidar que también hay quienes gozan dando placer oral). Es uno de los preliminares que garantizan una buena erección para el coito, pero también puede practicarse sin necesidad de acabar copulando.

Sea como sea y sin ánimo de ofender, la felación se siente casi como un premio.

3. Cunnilingus o “ahora te toca a ti”

Invertimos papeles. Esta vez es ella la que goza de la juguetona lengua de su acompañante. Se puede ir jugando con el clítoris y con la vagina, así como combinar la lengua con los dedos, estimulando ambas partes a la vez. Un buen cunnilingus facilita la lubricación de la vagina para la posterior penetración (con el pene o no), así que conviene dedicarle el tiempo que sea necesario.

Atención cuando practiques un cunnilingus, ya que cada chica es un mundo y no a todas les gusta lo mismo: es necesario que descubras qué es lo que le hace llegar al éxtasis y lo utilices en pro de un buen sexo.

4. 69 o “demasiado impaciente para esperar mi turno”

¿No sabes qué hacer mientras te están practicando a ti sexo oral? ¿Estás demasiado a tono como para simplemente yacer mientras tu pareja tiene su cabeza entre tus piernas? Hay una solución si eres demasiado impaciente: colócate tú también entre sus piernas y estimúlale de igual manera.

En parejas heteros, se recomienda que sea él el que está debajo y ella encima, aunque puede practicarse también de lado. Esta última opción es ideal para prevenir atragantamientos en el caso de hombres homosexuales.

5. Hacer dedos o “activación del punto G”

Con “hacer dedos” no nos referimos a hacer autostop. No hay que pasar por alto la trascendencia de la masturbación femenina, así que antes de correr a bajarnos los pantalones, tenemos que detenernos y acariciar la entrepierna de ella en busca de su clítoris, pero sin ir demasiado rápido. Poco a poco, estimularemos la cara interna de la pierna y nos iremos acercando al objetivo.

Confiamos en que no haya problemas para localizar este botón de la alegría ni para dedicar la atención requerida.

6. De pie o “deja que él se encargue de todo”

Una postura muy peliculera y que requiere de bastante fuerza para sostenerla bien a ella y no perder el equilibrio. Si consigues mantenerte en pie podrás lograr una postura de lo más erótica. Hacerlo de pie implica que será él el que haga todo el trabajo, ella simplemente debe mantenerse agarrada y dejarse llevar.

Una recomendación es no probarlo si no se está seguro de que se va a poder levantar a nuestra pareja, pues el riesgo de lesión en la espalda es elevado y hay otras alternativas que se pueden llevar a cabo.

7. Vaquera o “deja que ella se encargue de todo”

Una postura en la que es ella la que tomará las riendas de la situación. Tumbando al hombre boca arriba se colocará encima de él para poder ser penetrada con facilidad a modo de cowgirl, tal y como indica su nombre artístico. Aunque el hombre puede contribuir en el manejo del ritmo aun estando boca arriba, aquí es ella la que controla los tempos.

8. Vaquera invertida o “he visto demasiada pornografía”

Ver videos pornográficos tiene su encanto, pero conviene no basarnos demasiado en esta industria para no generarnos demasiadas expectativas en la cama.

La postura de la reversed cowgirl  (igual que en la anterior pero con ella dando la espalda al hombre)  puede parecer en un principio algo fría si tenemos en cuenta que no se establece contacto visual. Sin embargo, puede significar la oportunidad para jugar con su clítoris mientras es penetrada o con sus pechos; eso sí, sin estrujarlos como pomelos para hacer zumo.

9. Perrito o “somos como Kahl Drogo y Daenerys”

No hay mal que por bien no venga. De la misma forma que el porno no debería tomarse como referente, las series de ficción tampoco. Pero bueno, tratemos de sacarle partido a la situación. “El perrito” permite también darle un uso a las manos del hombre y contribuir a aumentar el placer de ella, pero para muchas sigue viéndose como algo denigrante por ser una postura en la que él adquiere un rol demasiado dominante.

Como siempre decimos, hace falta saber qué es lo que gusta y qué no; así como no actuar antes de conocer las preferencias sexuales de nadie.

10. Masturbación o “acabemos ya con esto”

Asumámoslo: cuando no se puede, no se puede. En ocasiones, uno de los dos o los dos nos bloqueamos y no hay manera de continuar retozando. ¡Que no cunda el pánico! Nadie ha dicho que tengamos que vestirnos, sino que podemos masturbarnos o masturbar a nuestra pareja para que consiga llegar al orgasmo.

11. Masturbación mutua o “acabemos ya con esto … juntos”

Igual que con el 69, podemos tocar a nuestra pareja mientras ella también hace lo propio con nosotros y así culminar juntos la experiencia. Veamos quién es capaz de aguantar...

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