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Los Turpin: los padres que torturaban a sus 13 hijos

Los padres de la familia Turpin han maltratado de innumerables formas a todos sus hijos. Los vecinos creían que eran una familia perfecta y feliz.
Parecía una familia feliz, pero era justo lo contrario. | Imagen: Cedida.

 

Aún hoy, continúan saliendo a la luz noticias horripilantes sobre secuestros de chicas que han estado en cautiverio, encadenadas en sótanos cochambrosos durante muchos años, donde han tenido que soportar todo tipo de vejaciones de mano de sus captores. Recordemos el tristemente célebre caso de El Monstruo de Amstetten o, más recientemente, el de la joven rumana que vivió encadenada en el sótano de la casa del hombre para el que trabajaba.

De nuevo, nos asola un suceso de violencia, torturas y abusos, esta vez a menores. Lo peor es que, en esta ocasión, dichas humillaciones han sido perpetradas por los padres de estas 13 víctimas de malos tratos.

La vida de los Turpin: deudas y 13 hijos

La familia Turpin está compuesta por David y Louise, un matrimonio de 57 y 49 años, respectivamente, ambos personas fervientemente religiosas. El prolífico matrimonio tuvo nada más y nada menos que 13 hijos, a quienes educaron en su fe religiosa, haciéndoles leer constantemente la Biblia.

Durante varios años, ambos vivieron en Texas,  hasta que en 2010 se trasladaron a California, a unos 95 kilómetros de Los Ángeles. Louise era ama de casa sin apenas ingresos, mientras que David era ingeniero para una importante compañía aeronáutica. Después de la mudanza, los problemas financieros comenzaron a ahogarles, haciendo que fueran incapaces de mantener a toda su prole y declarando la bancarrota hasta en dos ocasiones.

Según ha trascendido, los gastos doméstico y el mantenimiento de los 13 hijos les salían por unos 1000 dólares cada mes.

Una vida supuestamente feliz

Aunque no eran especialmente dados a relacionarse con el resto de vecinos, la familia Turpin representaba el paradigma ideal de familia estadounidense; un clan bien avenido que hacía gala en las redes sociales de felicidad absoluta, publicando fotografías de viajes a Disneyland o a Las Vegas, donde David y Louise fueron para renovar sus votos matrimoniales.

A tanto llegaba el teatro que habían montado, que en su Facebook particular tenían una sección que utilizaban de escaparate o tapadera para presumir de una vida de ensueño que en realidad no tenía nada que ver. Algo que ha sorprendido a todos, es que en las instantáneas (además de la frialdad para fingir una felicidad inexistente), los 13 hijos posan vestidos con las mismas ropas, como si se tratara de algún tipo de uniforme; y sonriendo. Cuando se resuelva el caso esperamos tener respuesta de cuál era el fin.

Una escuela en casa para evitar salir a los hijos

El matrimonio Turpin logró que el estado de California les concediera un permiso para fundar en su propia casa, una escuela privada en la que impartir las lecciones que sus vástagos debían aprender; en lugar de permitirles acudir al colegio de la ciudad como hacían el resto de muchachos.

En esta escuela de nueva creación, registrada como “escuela de día Sandcastle”, el patriarca ejercía de director, pudiendo mantener un control constante de los 13 hijos (los únicos alumnos) y teniendo una excusa más para evitarles el contacto con el exterior, incluidos otros menores, para que no revelasen nada de lo que ocurría de puertas para adentro en su casa. Aquí mostramos un vídeo de diario ABC:

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Una mazmorra para los 13 hijos

Nadie podía creerse que la casa de Perris en la que residían los Turpin era en realidad un lugar de torturas y malos tratos del que ninguno de sus 13 hijos podía escapar, pues la mayor parte del tiempo permanecían encadenados a la cama. Fue una de las hijas menores, de 17 años, la que consiguió aprovechar un despiste para telefonear a la Policía y dar la voz de alarma de lo que ocurría allí dentro.

Los vecinos de la zona están conmocionados ante la noticia, pues todos coinciden en que nunca sospecharon nada: nunca habían escuchado gritos, ruidos extraños o llantos que evidenciaran que entre esas cuatro paredes los hijos de los Turpin estaban siendo maltratados y torturados. Lo único que resaltaron fue que apenas se veía a ninguno de los descendientes salir de la casa, ni siquiera para cortar el césped del jardín.

El estado de la casa en la que malvivían era deplorable, pues las deudas económicas no podían sufragarse con el sueldo del marido únicamente, ya que la matriarca estaba en paro. Los Policías  que acudieron al domicilio, describieron el sitio como “una mazmorra maloliente, oscura y sucia”.

13 seres jóvenes malnutridos, encadenados y torturados

Los hijos de los Turpin presentaban un aspecto mucho más joven que la edad que verdaderamente tienen, fruto de años de torturas y de la deprivación sensorial sufrida, que impidieron que su desarrollo se realizase con normalidad; todo ello sumado a las condiciones infrahumanas que estaban obligados a soportar.

El rango de edades de estos prisioneros abarca desde los 2 a los 29 años. Seis de ellos aún son menores de edad, pero los otros siete ya son adultos, por lo que serán tratados como tal durante la investigación. Nada más irrumpir la Policía en su casa-mazmorra, todos pidieron agua y comida, necesidades que fueron satisfechas en cuanto llegaron a comisaría. A continuación se los llevaron a los hospitales más cercanos, donde están siendo reconocidos y recibiendo todos los cuidados médicos que, sin duda, les hace falta.

Los padres se enfrentan a nueve cargos por acusaciones de tortura y malos tratos y a otros 10 por poner en peligro la vida de sus 13 hijos. Permanecen en el centro de detención Robert Presley, donde están siendo interrogados, a la espera de declarar ante el juez.

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