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Polución nocturna: una explicación sencilla

La polución nocturna es una reacción fisiológica exclusiva del cuerpo humano masculino. Te contamos qué es lo que causa estas secreciones de semen espontáneas y algunos apuntes más de interés.
La polución nocturna no está relacionada con los sueños eróticos. | Imagen de: Youtube.

 

Una de las reacciones corporales más comunes durante la pubertad en los varones es lo que se conoce como ‘polución nocturna’. Indaguemos en lo que son y qué es lo que desata este comportamiento que puede darse a lo largo de toda la etapa fértil del hombre.

¿Qué es la polución nocturna?

El desarrollo sexual del hombre comporta la segregación masiva de testosterona, la hormona implicada en el deseo sexual y en la fabricación de los espermatozoides, las células reproductivas que nadan en el semen. Por ello, se utiliza la expresión ‘polución nocturna’ para referirse a la eyaculación de semen que se da durante la noche y que queda acumulado sin expulsarse por falta de actividad sexual.

Estas eyaculaciones involuntarias a menudo comienzan durante la adolescencia media (a partir de los 12 -13 años) o tardía (de los 15 a los 21), y pueden no volver a suceder una vez en la etapa adulta o bien darse a lo largo de toda la vida del individuo, en función de los niveles de testosterona de cada uno y de la constancia con la que practique el sexo o el onanismo. Por ello, un adulto es también propenso a tener eyaculaciones espontáneas si está suficientemente excitado y lleva tiempo sin sexo.

Las poluciones nocturnas y los sueños húmedos

Por lo general, las poluciones nocturnas suelen ocurrir en la fase REM del sueño. Lo que más típicamente sucede es que al tener una mientras dormimos, despertemos a la mañana siguiente con las sábanas o el pantalón mojados y con restos de semen reseco en la entrepierna, sensaciones bastante incómodas con las que amanecer.

En otras ocasiones, el hombre tiene un sueño erótico, se excita y tiene un orgasmo del que es plenamente consciente y que le hace despertar tras correrse. Es cuando estas eyecciones vienen precedidas de imágenes calientes que hablamos de ‘sueños húmedos’ o ‘mojados’.

Ahora bien, la dupla de sueños eróticos y polución nocturna no siempre se da, por lo que lo más habitual es que tengamos una sin recordar haber soñado nada especial.

La función de las poluciones nocturnas

A través de estas expulsiones de semen incontrolables, el propio organismo regula la hipersecreción de espermatozoides almacenados en los testículos, para que estas células reproductivas se renueven cada cierto tiempo con tal de que sean funcionales para una posible fecundación.

Pudiera parecer que el cuerpo se comporta de forma ilógica, pero lo cierto es que nada en la naturaleza ocurre por casualidad y tiene una explicación. En el caso de las poluciones nocturnas, muchos expertos coinciden en apuntar que es una forma que el propio cuerpo tiene de cerciorarse de que el aparato reproductor todavía sirve, a pesar de la falta de actividad.

Esta es uno de las muchas novedades que la adolescencia trae consigo, además de la aparición de vello, el acné o el cambio de voz; y que más puede confundir a los púberes, haciendo que se sientan culpables o avergonzados, creyendo que se han orinado encima. Sin duda resultan muy molestas, pero no hay de qué preocuparse: las poluciones nocturnas en los más jóvenes son un signo del paso hacia la correcta maduración del individuo y pueden darse ocasionalmente, algo que es importante transmitir para disipar dudas.

Más datos acerca de las poluciones nocturnas

Estas son algunas de las curiosidades que rodean a las emisiones de semen involuntarias que te pueden interesar:

1. La media de erecciones durante la noche es de 4 ó 5

Hablamos de erecciones involuntarias, es decir, no provocadas con el fin de obtener placer. Igualmente, tener erecciones no tiene por qué desencadenar en ninguna polución nocturna: tal y como decimos más arriba, éstas sirven para asegurar al organismo de que el aparato del hombre funcionará correctamente llegado el momento de una posible fecundación.

2. ¿Hay un número de poluciones nocturna que se considere “normal”?

No del todo. Esta reacción corporal no le ocurre a todos los hombres por igual (algunos mueren sin haber tenido una), ni tampoco se dan con la misma frecuencia en los que las han sentido, de la misma forma que hay periodos menstruales que son más irregulares que otros en las mujeres.

Como adelantábamos, factores como el propio organismo, el nivel de testosterona segregada, la frecuencia de las eyaculaciones vía masturbación o relaciones sexuales o el nivel de excitación, influirán en las probabilidades. Por ejemplo, a un adolescente sin ninguna anormalidad destacable, pueden sucederle a razón de 1 cada mes aproximadamente; y otro chaval llegar a adulto sin haberse despertado nunca con la entrepierna mojada.

3. “No he tenido nunca una polución nocturna, ¿es grave, doctor?”

No, esta cuestión es variable según cada sujeto: un hombre puede no tener una sola eyaculación involuntaria en sus horas de sueño, mientras que otro las “sufrirá” menudo (con o sin sueños eróticos de por medio); y tal vez a un tercero le pasará por primera vez de forma tardía.

4. Los espermatozoides sobrantes pueden deshacerse por otros medios

Al igual que otras células, el exceso de espermatozoides también puede eliminarse mediante la fagocitosis, un proceso llevado a cargo por macrófagos, una clase de glóbulos blancos que eliminan los microorganismos inservibles y promueven la creación de nuevas células.

5. Las causas de las poluciones nocturnas

Que nadie se equivoque: las eyaculaciones espontáneas tienen lugar debido a una causa fisiológica, de manera que no son el efecto de un sueño erótico. De hecho, se pueden tener sueños eróticos sin terminar eyaculando, al igual que se pueden experimentar poluciones nocturnas sin previamente haber soñado nada subido de tono.

6. Pueden ocurrir antes que otras experiencias sexuales

En un porcentaje entre el 11 - 13 % de hombres (los más prematuros), las poluciones nocturnas suponen la primera vez que eyaculan, antes incluso de iniciarse en prácticas habituales en la adolescencia como la masturbación; ni que decir en el sexo.

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