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¿Por qué crecen las asociaciones cannábicas?

Las asociaciones que permiten el consumo de cannabis están de moda. Descubre los motivos.

Lejos de que el consumo de marihuana desaparezca, estas asociaciones suponen un lugar de refugio para muchos. |Imagen: Mpumelelo Macu

 

Las asociaciones cannábicas son clubes privados sin ánimo de lucro que acogen a los fumadores de estas drogas, donde se les ofrece un espacio de consumo apartado para que no tengan que hacerlo en sitios públicos al aire libre. De esta forma, los socios pagan una tarifa mensual para tener acceso al club, donde se les permite fumar marihuana en sus diferentes formas.

 

Todas las asociaciones se enmarcan en una normativa común según la comunidad autónoma de que se trate; y después, las de cada municipio se organizan con unas normas propias con respecto a los horarios, reglas de insonorización o distancia mínima con respecto a centros educativos.

Desde hace unos años, estos locales han ido proliferando; tanto es así que casi cada muchos países cuentan con varios de estos clubes en sus ayuntamientos más destacados. Por ejemplo, en España, Cataluña y País Vasco encabezan la lista, en un intento por normalizar y, quién sabe si tal vez legalizar, el consumo responsable de cannabis.

A lo largo de las siguientes líneas vamos a intentar descifrar a qué se debe este apogeo entre la juventud y las trabas legales con las que las asociaciones se encuentran.

Funcionamiento de las asociaciones

Si paseas por casi cualquier ciudad española es fácil que tarde o temprano te topes con un local sin letrero, probablemente con cristales translúcidos (o sólo una puerta metálica) y con un interfono en la puerta. Se trata de un club de consumo de cannabis, donde acuden sus socios previa inscripción (es obligado que sean mayores de edad).

Para darse de alta, no hay más que entregar el documento de identidad, facilitar un número de teléfono y pagar la cuota mensual establecida por el local. A los asociados se les hace una fotocopia de su documento de identificación y se les entrega un carnet, que deberán mostrar junto con su documento de identificación original cada vez que quieran entrar al club.

Como hemos dicho, la finalidad de estos clubes privados es la de dejar fumar marihuana en el interior, que podrá llevarse de casa, como comprada en el mismo local.

En caso de adquirirse en la asociación, la dosis máxima permitida es de 60 gramos al mes para los que sean mayores de 21; y de 20 gramos mensuales para los jóvenes entre los 18 y 21. Si se trata de casos en los que se receta el consumo de marihuana terapéutica, estos límites se modifican por las especificaciones del médico que la receta.

El pago de la cuota mensual o de las dosis que realizan los socios, se utilizan para el mantenimiento de cada local, así que no se permite que se lucren con ello. De igual forma, está prohibida la venta para aquellos ajenos al club.

Los responsables de la asociación cannábica tienen que tener un control estricto sobre quién entra a su local, por si se producen redadas policiales, en cuyo caso todas las personas que haya en el interior deben estar registradas en la lista de socios; además de garantizarse que no hay menores de edad.

La legalidad de las asociaciones

Las asociaciones se constituyen como organizaciones legales, aunque es cierto que se basan en un principio de venta y cultivo que se mueve por terrenos pantanosos, pues existe un vacío legal al respecto del que se benefician, un poco como ocurriría con la prostitución.

Dicho lo cual, algunos locales están en el punto de mira de la policía, que aunque no las persiguen, sí que han encontrado que muchos se enriquecen con el dinero de sus socios, incumpliendo su normativa básica.

Además, se cree que hay asociaciones que actúan de forma encubierta como puntos de distribución ilegal, como por ejemplo lo que sucedió con la Asociación Barcelonesa Canábica de Autoconsumo. Los responsables de esta organización fueron detenidos a principios de 2017 acusados de distribución ilegal. La ABCdA fue creada en 2010 y es considerada por muchos como la pionera que abrió la veda a las demás asociaciones.

Algo similar ha ocurrido con otras asociaciones en diversos países. Hablamos de las asociaciones que se crearon supuestamente para investigar acerca de todo lo relacionado con el cannabis y prevenir riesgos para la salud. Tiempo después, se acaba descubriendo que operan clandestinamente vendiendo droga a turistas o a menores. Aunque afortunadamente, estos casos no representan a la mayoría.

Creación de una ley para las asociaciones cannábicas

Para contrarrestar todas estas actividades ilegales que se amparan en el alcance de los clubes de consumo de cannabis, en junio de 2017 el Parlament de Cataluña aprobó una ley que sentaba las bases para el consumo, cultivo y transporte de marihuana.

Esta ley establece a las “asos” un máximo de 150 kilogramos de producción de marihuana, que deberá ceñirse a las cantidades antes mencionadas para cada rango de edad. Para el transporte de la droga, se exige identificar al transportista y facilitar todo un registro acerca del destino, fecha y cantidades de producto. En cuanto a los derechos y deberes de los socios, éstos no podrán tomar alcohol u otro tipo de drogas en el interior, so pena de expulsión.

¿Por qué este aumento de la popularidad?

El consumo de marihuana ha ido extendiéndose entre muchos sectores de la juventud, que movidos por la curiosidad y, por qué no decirlo, por presión de grupo, se inician en esta práctica. No vamos a exponer ni las desventajas que tiene la marihuana sobre el cerebro, ni sus supuestos beneficios, sino a tratar de entender cuál es el atractivo de las asociaciones de consumo.

Hay un debate abierto sobre si la marihuana debería legalizarse y su consumo en espacios públicos dejar de estar penado. Para los defensores de esta idea, esto tendría doble punto positivo: por un lado, el cese la estigmatización de los consumidores y, por el otro, la contribución fiscal que supondría la legalización de la marihuana y el cannabis. Para los detractores, legalizar no garantiza el cese de actividades ilegales de distribución.

Sea como sea, los socios que acuden a los clubs cannábicos buscan en ellos un lugar reservado de las miradas de aquellos que no ven correcto que se fume en lugares públicos.

Al fin y al cabo, se sigue persiguiendo y multando en la mayoría de países a los que consumen al aire libre, pues la policía conoce los puntos de reunión donde los jóvenes consumen. Esto obliga en cierta manera a que se busque refugio en las asociaciones, que proporcionan la seguridad de no ser multados por fumar en sitios no autorizados.

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