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10 métodos de estudio que funcionan

Hincar codos es una tarea que puede resultar muy cansada si no se utiliza la estrategia adecuada. Por eso, hoy ofrecemos 10 métodos de estudio que contribuirán a que se aprovechen mejor estas horas.
Métodos de estudio que funcionan, con resultados probados. | Imagen de: Comfreak.

 

Las etapas escolares, universitarias y posteriores, se caracterizan por la cantidad de contenido que toca memorizar para superar los exámenes y así avanzar en cada curso. Durante estos periodos, el estrés y la ansiedad se acrecientan, multiplicados por la falta de sueño debido a las largas horas que pasamos memorizando datos.

Ya que muchas personas no saben qué hacer para que esto no se haga más pesado de lo que ya es de por sí, traemos una guía con algunos métodos de estudio eficaces que facilitarán el sobrellevar esta carga.

10 Métodos de estudio que te ayudarán a memorizar mejor

Las siguientes estrategias contribuirán a potenciar nuestra capacidad de estudio y mejorarán los resultados finales.

1. Organiza el material

Un truco vital que funciona y que mejora exponencialmente la calidad del estudio. En este punto nos referimos tanto a tener accesible todos los apuntes, libros y demás fuentes de consulta, con tal de evitar así tener que emplear minutos en encontrarlos todos y hacer que cada segundo desde que nos sentamos a hincar codos, cuente; como a tener lo más limpios posibles nuestros apuntes.

En este sentido, si bien es cierto que cada persona estructura sus apuntes a su manera, sí que uno de los métodos de estudio que recomendamos es el de tener unos apuntes entendibles. Lo suyo sería que estuvieran ya listos días antes de ponernos a estudiar, para no ponernos a transcribirlos cuando tocaría hincar codos y simplemente comenzar a leerlos; aunque muchos estudiantes sostienen que hacerlo sobre la marcha les ayuda también.

Insistimos en que los apuntes han de ser un resumen del contenido más esencial, no una copia transcrita literalmente de la fuente original. Luego que cada los adapte al formato que más cómodo le resulte, bien sea en forma de esquemas, diapositivas o apuntes a máquina.

2. Fraccionar el tiempo

Existe la concepción errónea de que cuantas más horas se empleen empollando, mejor para nosotros. Sin embargo, hay que ir descartando esta idea desfasada. Se trata de, como decíamos antes, hacer que el tiempo cuente. Es importante que el motivo de que estos métodos de estudio funcionen está en una buena distribución del tiempo que vamos a emplear en esta tarea.

Por esto mismo, tampoco interesa estudiar de carrerilla todo el contenido de ese día, pues siempre es recomendable fraccionar por etapas cada sesión diaria. Mucho se ha hablado ya sobre si es más efectivo echar horas sin parar o partir el tiempo de estudio, por lo que no debería de haber debate a la hora de señalar que la información se procesa mejor en rachas cortas que durante periodos alargados, ya que así, lo único que hacemos es dilatar nuestro foco atencional, que está demostrado que pierde efectividad con el tiempo.

3. Aplicar una rutina diaria

Como en todo, establecer una rutina de estudio diario (Y SEGUIRLA) favorecerá considerablemente la productividad de lo que hagamos.

Si no seguimos unos horarios y unos tempos marcados, es cuando imperan el caos y el desorden, factores que dificultan que logremos centrarnos y acostumbrarnos a memorizar todo el temario que toca. De no hacerlo, corremos el riesgo de caer en la autocompasión y ser demasiado flexibles con respecto a los periodos que debemos dedicar al estudio.

4. Cortar con las distracciones

Nada nuevo bajo el sol. Por muy buenos que sean los métodos de estudio que detallamos, de nada servirán si no eliminamos cualquier estímulo de nuestro alrededor que nos haga caer en la procrastinación o el abandono. Esto es, ni más ni menos, evitar tener el teléfono a mano, no entrar a las redes sociales o tener alejados el televisor, videoconsolas y todo aquello que perjudique que podamos estudiar tranquilamente.

Acudir a la biblioteca y dejarse el teléfono móvil en casa, por ejemplo, es una técnica que funciona; de la misma forma que lo es borrar de nuestro ordenador el acceso a Facebook, Instagram y demás (para quienes prefieren estudiar los apuntes en formato digital o en diapositivas).

5. Notas-resumen

Lo de subrayar textos puede convertirse en un arma de doble filo, especialmente si es algo que hacemos prácticamente de forma mecánica y sin poner atención, limitándonos a señalar el escrito señalando mediante líneas debajo de lo que leemos.

Sin criminalizar este recurso, añadiremos que puede compaginarse anotando pequeños comentarios en trozo de papel, como si de una suerte de resúmenes a pequeña escala se tratasen, con información concentrada en pocas líneas. De esta manera, nos desprenderemos de la obligación de tener que memorizar la información tal cual está distribuida en el texto; y podremos combinar estas anotaciones para que mentalmente organicemos la información de otra forma.

6. Marca metas asequibles cada día

“Roma no se construyó en un día”, dice el refrán. Esto significa que todo proceso debe realizarse poco a poco pero sin pausa, siempre que se quiera obtener resultados satisfactorios. Por eso mismo, relacionado con el apartado de organizar bien el material, una buena estrategia de estudio consiste en fijar metas para cada sesión.

Leyendo previamente toda la lección y después segmentando todas las piezas (con sentido), es posible crear un mapa mental global que nos permita reconocer y estructurar todo el contenido en subapartados.

Así, dedicando cada día nuestra atención a una parte de todo el conjunto de temas, será mucho más fácil que se nos guarden más datos en la cabeza.

7. No repitas como un loro

De entre los métodos de estudio que tenemos que desterrar, está el de hincar codos para tratar de asimilar cuanta más materia posible (aun cuando nada de lo leído ha calado y se le ha dado sentido alguno); para luego escupirla el día del examen y vaciar la cabeza.

En lugar de ello, es mejor fórmula alternativa tratar de relacionar los conceptos entre ellos, reformulando aquellas premisas que no acabemos de entender con nuestras palabras o el empleo de ejemplos, por si resulta demasiado ambiguo. También ayuda enfatizar cuáles son las diferencias o semejanzas entre ideas u objetos, con tal de entender mejor aquello que se nos escapa.

8. Relaciona conceptos entre sí

Saber memorizar información es todo un arte que, una vez dominado, garantizará que los datos que hemos almacenado en el cerebro no se resientan al paso del tiempo si queremos recuperarlos en el futuro.

Entendiendo las semejanzas y diferencias entre los conceptos que van apareciendo, hace que establezcamos nexos más fuertes que nos permiten entender de qué manera se relacionan entre ellos. Así pues, será más fácil la comprensión, que no se limitará a aprender y ya. A este punto puede ayudar el hacernos una tabla comparativa con similitudes y diferencias entre conceptos, cuando nos cueste apreciarlas.

9. Autoevalúate

Cuando ya estés en la recta final previa al gran día, una forma de poner a prueba tus conocimientos que has ido adquiriendo con estos métodos de estudio es a base de cuestionarios o pequeños exámenes a modo de simulacro. Es una buena forma de familirarizarte con el tipo de preguntas con que te puedes topar para así ver cómo están planteadas las cuestiones en formato examen, además de ver cuáles son las partes del temario que nos conviene repasar y donde vamos más flojos.

10. Recita en voz alta

Puedes optar por hacerlo en solitario o con un amigo o familiar presente que te escuche, dependerá de tu grado de vergüenza.

Cuando creas que ya te sabes la lección y te sientas con fuerzas, un buen método de aprendizaje se produce cuando te escuchas a ti mismo recitando la materia, ya que no sólo estás dándole un sentido a esas ideas que revolotean en tu cabeza, sino que estás dándoles un sentido en forma de discurso coherente. Puede que eso te salve el examen.

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