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Tráquea: partes, funciones y enfermedades peligrosas

La traquea es un órgano presente en una gran variedad de especies animales, incluido el ser humano. Aquí te explicamos que partes tiene y como diferenciarlas. Además, te explicamos las distintas funciones que tiene la traquea y las enfermedades que puede sufrir.
Diferentes partes del sistema respiratorio humano. | Imagen: Cedida.

 

Una de las partes de las que se compone el aparato respiratorio es la tráquea, un conducto que permite el paso del aire de la laringe a los bronquios.

En las próximas líneas vamos a conocer un poco más a fondo cómo es la tráquea, cuáles son las funciones que tiene reservadas y qué tipo de enfermedades puede desarrollar.

¿Qué es la tráquea?

La tráquea es un tubo anillado y cartilaginoso que cumple un papel esencial en el sistema respiratorio: su función más importante es facilitar los movimientos de inspiración y exhalación.

Está situada por delante del esófago en su zona superior y se conecta con la laringe por su parte inferior (donde se encuentra la vértebra cervical 6 o ‘C6’). Desde allí desciende por el interior de la cavidad torácica hasta una zona llamada ‘mediastino’, que se localiza en la parte media de la misma.

Las 4 partes de la traquea

Ahora, procedemos a explicar las diferentes partes de la traquea según su anatomía.

1. Bronquios

Es a esa altura donde la tráquea se bifurca en dos bronquios, justo donde se sitúa la vértebra dorsal quinta (‘D5’), y queda conectada a los pulmones gracias a estas dos vías.

Debido a su localización estratégica y a su importante papel en la función respiratoria, la parte inferior de la tráquea está protegida por el hueso del esternón, que es aquel donde se juntan las costillas, que a su vez protegen sendos pulmones.

2. Anillos

La tráquea es flexible,  tiene una longitud de aproximadamente 12 centímetros en una persona adulta y se divide en 16 secciones o anillos superpuestos de 1,7 centímetros de diámetro de media.

En su interior, este órgano tubular está recubierto de vellosidades encargadas de expulsar cualquier cuerpo extraño que quede retenido y que dificulte el paso del aire.

3. Capa adventicia

Es la capa externa que rodea todo el diámetro de la tráquea, y que recubre los anillos cartilaginosos en los que está dividida.

Estos anillos no están pegados entre sí, sino que se mantienen juntos gracias a una membrana elástica que permite que se estiren y contraigan.

4. Capa submucosa

La capa más interna de las paredes de la tráquea, la que contiene los cilios que retienen las mucosidades y partículas nocivas del aire.

Las 5 funciones de la tráquea

Tal y como adelantábamos anteriormente, la tráquea tiene una función vital en la respiración, que se divide en dos movimientos rítmicos opuestos, además de otras.

1. Entrada de aire con oxígeno

Gracias a su conexión con las vías respiratorias que dan al exterior (boca, fosas nasales y, más adentro, laringe), la tráquea permite la entrada de aire cargado de oxígeno, que circula por su interior hasta desembocar en los pulmones a través de los bronquios.

2. Hematosis

Llamamos ‘hematosis’ al proceso de intercambio de gases que ocurre en el interior de los pulmones, concretamente en los alvéolos (las pequeñas cavidades en las que finalizan los bronquios), cuando el aire con oxígeno pasa al torrente sanguíneo.

De esta forma, a la vez que el oxígeno hace este recorrido, el dióxido de carbono hace el opuesto para poder ser expulsado.

3. Expulsión de dióxido de carbono

La consecuente función de la tráquea una vez ha ocurrido la hematosis es la salida del dióxido de carbono al exterior.

De esta manera se busca que haya un equilibrio entre los niveles de oxígeno que entran en la sangre a través de los alvéolos y los de dióxido de carbono que es expulsado.

4. Fonación

Una importante acción que realizamos los humanos y que nos distingue de otras criaturas vivientes es el habla. Sin embargo, esta función no sería posible sin la contribución de la tráquea.

La fonación (o, para que nos entendamos, la producción de sonidos audibles) requiere del trabajo de la tráquea, que es la parte desde la que el aire saldrá expulsado hacia las cavidades bucal y nasal.

Al pasar por las cuerdas vocales, éstas vibrarán y se producirá el sonido, que será modulado luego por otras partes del aparato fonatorio (lengua, labios y mandíbula).

Luego de la formación de sonidos tendrá lugar otro proceso, llamado ‘locución’, en el cual ya no interviene la tráquea; ésta genera el primer sonido.

5. Drenaje de mucosidades y sustancias extrañas

Para su correcto funcionamiento, es ideal que la tráquea esté despejada. De no ser así, cuando quedan partículas adheridas a sus cilios (o vellosidades), la tráquea deberá deshacerse de ellas, para evitar que desciendan hacia la faringe. Esto pasa igual con el exceso de mocos cuando nos resfriamos.

5 enfermedades de la tráquea (y otras dolencias)

Como cualquier otra parte del cuerpo, la tráquea no está exenta de sufrir afecciones que dificulten el ciclo respiratorio, algunas de los cuales pueden ser hereditarias.

En algunas ocasiones la gravedad es tal que se requiere que el paciente esté intubado para poder respirar o deglutir con normalidad.

1. Inflamación de la laringe y de la tráquea

Es la más leve de las afectaciones de la tráquea pero si no se trata a tiempo puede desembocar en otras más graves.

Esta infección puede ser ocasionada por un virus que inflame la laringe y, en consecuencia, se obstruya así el paso normal del aire a través de la tráquea.

No obstante puede ser tratada sin problema mediante antiinflamatorios, que serán de mayor o menor potencia en función de la inflamación.

2. Traqueítis

Se trata de una infección que suele incidir más en niños pequeños a partir de los 6 meses y en adolescentes hasta un máximo de 14 años.

La traqueítis se desencadena por la acción de una bacteria (de nombre Staphylococcus aureus), que se origina después de una infección en las vías respiratorias, como puede ser un resfriado de invierno.

Un inicio de traqueitis puede detectarse por ataques de tos seca, que aparecen de forma continuada y repentina. Si bien en un comienzo no suele haber presencia de mocos, la flema aparece más tarde, además de pinchazos en la zona del esternón.

Esta tos espasmódica es muy molesta, especialmente cuando por las noches la sintomatología se agrava, impidiendo conciliar el sueño.

Si además se da el caso de que la laringe también se ha inflamado, la persona puede padecer afonía durante unos días.

3. Traqueomalacia

Esta patología de la tráquea puede tener causas hereditarias, y consiste en un debilitamiento de las paredes del tubo traqueal, lo cual provoca la descomposición del cartílago que forma la estructura.

La traqueomalacia puede ocurrir como consecuencia de una intervención quirúrgica en la zona, por la inflamación de los vasos sanguíneos que rodean la tráquea o tras un largo periodo estando intubado.

A pesar de su gravedad, su incidencia es más bien baja y puede corregirse mediante cirugía.

4. Fístula traqueoesofágica

Se trata de una malformación a la altura de la garganta, en la parte alta del esófago y la tráquea. Estas dos secciones están en realidad separadas, pero las personas afectadas de fístula traqueoesofágica nacen con un defecto que hace que ambas estén conectadas.

Los principales afectados por esta patología suelen ser los neonatos, pero esta condición puede revertirse sometiéndolos a una cirugía, cuyo procedimiento variará en complejidad según el grado de la malformación, la salud del pequeño, la valoración del profesional y el optimismo con respecto a su recuperación en un futuro.

5. Síndrome de Mounier-Kuhn

Su nombre médico es ‘traqueobroncomegalia’ y se caracteriza por un tamaño anormalmente grande de la tráquea y los bronquios, tal y como su nombre indica.

Esto provoca que el paciente presente constantemente un cuadro de enfermedades respiratorias constantes, como neumonías, bronquitis o tos acompañada de sangre.

Si antes hablábamos de un diámetro de la tráquea de 16 milímetros, en un caso de Síndrome de Mounier-Kuhn, puede llegar a medir 25.

Esta anormalidad ocurre por una causa genética y, en caso de aparecer, lo hace alrededor de la treintena.

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