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Adicción al móvil: 5 señales que indican que la tienes

¿Por qué parece que no podamos vivir sin nuestro teléfono? Sepamos por qué se habla de ‘adicción al móvil’ como una nueva forma de patología común a todas las edades.
Cinco señales claras de padeces una profunda adicción al móvil. | Imagen de: Rawpixel.

 

Muchos psicólogos ya están hablando de ‘adicción al móvil’, expresión que se refiere a la necesidad patológica de ir a todos lados con nuestro teléfono en mano y de sentir el impulso de consultarlo a todas horas. Según los entendidos, esta pandemia no entiende de edades, pues afecta por igual a adolescentes, jóvenes y adultos.

Analicemos más a fondo en qué consiste este nuevo tipo de dependencia tecnológica y preguntémonos si las preocupaciones al respecto están justificadas o si simplemente buscan criminalizar estos aparatos electrónicos.

¿Qué es la adicción al móvil?

Se han convertido en una prolongación más de nuestro cuerpo, nos permiten estar localizables en todo momento mediante llamadas, mensajes o por geolocalización y son una ventana a través de la que nos enteramos de aquello que sucede en el resto del mundo. Los smartphones han supuesto una espectacular revolución que, a pesar de sus comodidades, acarrean consecuencias, especialmente si incapacitan a los usuarios para realizar otras actividades u obstaculizan el desarrollo de los quehaceres habituales.

No es intención de este escrito demonizar el uso de los terminales móviles, pues están concebidos para hacernos la vida más confortable y, hasta cierto punto, lo consiguen. Sin embargo, no es casual que la expresión ‘adicción al móvil’ venga escuchándose de un tiempo a esta parte entre psicólogos y sociólogos, que comienzan a ver cuánto afecta la necesidad patológica de tener el teléfono a nuestro lado en todo lo que hacemos día a día.

Nomofobia, el término para quien tiene adicción al móvil

Ya se ha catalogado a este fenómeno con el nombre técnico de ‘nomofobia’, un nuevo vocablo que define el temor repentino de sentir que se ha salido salido de casa sin el smartphone.

Aunque pueda parecer que es esta problemática propia de los tiempos modernos que nos han tocado vivir afecta exclusivamente a los más jóvenes (podemos incurrir en el error de pensar que es debido al estatus que ofrecen las redes sociales y a la importancia de las interacciones vía mensajería instantánea), tampoco los adultos están exentos de padecer adicción al móvil; al fin y al cabo, el uso de los teléfonos inteligentes se ha generalizado a prácticamente todo el espectro de edades a partir que se tiene el primero.

Igualmente, no hay que obviar que el atractivo diseño de los smartphones actuales, sumado al rápido acceso a todas las aplicaciones que nos conectan con nuestros contactos, capturan la máxima atención y modifican la conducta del consumidor, estableciendo una contingencia estímulo-respuesta que aumentará sus probabilidades de ocurrencia cuanto más frecuente se dé la utilización del teléfono.

La búsqueda del placer inmediato en la sociedad del consumo rápido

Los tiempos van cambiando y con ello, las diferentes fórmulas de entretenimiento y de búsqueda de emociones. Ahora, con el auge de la telefonía móvil, basta con entrar en Instagram, Facebook o Twitter y hacer scroll en la pantalla, en busca de novedades que no hayamos visto: fotografías nuevas, publicaciones llamativas, noticias de última hora… No contentos con eso, también podemos acceder a cualquier página de Internet para aplacar el impulso de querer consumir contenido reciente.

La rapidez con la que enseguida accedemos a cualquier dominio de Internet (gracias a fibras ópticas cada vez más veloces), ha modificado nuestros esquemas de ‘estímulo-respuesta’, generando unas expectativas en cuanto a la inmediatez con la que esperamos una recompensa (información novedosa) tras la realización de una conducta (consultar el móvil y hacer ‘click’). Esta anticipación puede resultar muy frustrante cuando descubrimos que, en otros ámbitos de la vida real, no todo funciona con la misma presteza.

De esta manera, el patrón conductual para satisfacer dicha necesidad por lo nuevo se repetirá en bucle hasta obtener lo que el cerebro tanto anhela. Todo ello tendrá unas repercusiones que pueden obstaculizar la realización de otras tareas de mayor importancia, especialmente cuando la adicción al móvil en adolescentes o adultos interfiere con sus obligaciones: horas de estudio, durante el trabajo o en otras actividades cotidianas como salir con los amigos al cine o a comer fuera.

5 signos que indicarían una posible adicción al móvil

En suma, y sin ánimo tampoco de ser alarmistas (más bien de generar conciencia), algunas de las señales que podrían indicar cierta dependencia al teléfono móvil serían:

1. Siempre va a todos lados con nosotros

Los adictos al móvil no conciben la idea de salir de casa sin él y, si esto ocurre y no pueden volver a por él, están intranquilos y constantemente sienten que algo les falta. Si tienen un ordenador a mano, consultarán compulsivamente las redes sociales y los mensajes en cuanto la oportunidad se presente.

Otra forma de detectar una posible adicción al móvil es observando las manos de las personas a nuestro alrededor, ya que a pesar de la existencia de bolsos o bolsillos, muchos llevan su teléfono móvil cogido y no lo sueltan (lo de que son ya una prolongación no es mentira); o bien lo dejan encima de la mesa, requiriendo apenas unos milisegundos de margen para reaccionar cuando llegue una notificación.

2. La consulta constante

Lo veníamos adelantando ya. La adicción al móvil provoca que los consumidores estén continuamente (y casi compulsivamente) desbloqueando su terminal para comprobar si su nueva publicación ha recibido likes, si alguien ha respondido a su comentario o si hay algún mensaje en su WhatsApp o Telegram interesante.

Como mencionábamos más arriba, esta tendencia se repetirá cíclicamente se haya obtenido o no lo que se busca: en caso de que alguien dé un pulgar arriba o reaccione a nuestra actualización, la necesidad se mitiga momentáneamente; pero pronto vuelve a aflorar y hay que comprobar de nuevo si se ha recibido algún nuevo aviso. Por ello, continuaremos queriendo comprobarlo hasta que así sea.

3. Vibración fantasma

El punto anterior repercutirá en nuestra atención, que consciente o inconscientemente se desviará hacia el teléfono. Es un síntoma que podría descubrir una adicción al móvil subyacente lo que se conoce popularmente como ‘sentir la vibración fantasma’, que se refiere a la falsa sensación de que el teléfono ha vibrado por la entrada de algún mensaje, llamada o notificación que en ningún caso ha ocurrido.

Esta reacción no es más que un reflejo de nuestro cerebro,que está anticipando el estímulo que sabe que en algún momento acabará recibiendo y que tanto anhela.

4. Obstaculiza el desempeño de nuestras ocupaciones

También lo advertíamos en apartados anteriores. Para considerar que se da una adicción al móvil más o menos acusada, hay que determinar hasta qué punto está repercutiendo negativamente en otras ocupaciones.

Se ha insistido mucho en que la atención puede diversificarse en tareas poco complejas, pero no es menos cierto que, cuando esto ocurre, el desempeño en una de ellas acaba resultando deficiente. La consecuencia es que, o bien se focaliza más en el dispositivo o lo hace en la actividad que se estaba llevando a cabo.

5. A todas horas y cuando no toca

Quedadas con amigos, con la pareja, cenando, de fiesta o en lugares supuestamente “prohibidos”, como el cine, el teatro o al volante; ya no importan los convencionalismos sociales ni las normas más básicas de convivencia para no importunar al prójimo. Mejor dicho, sí que importan, al menos en un sentido ético (eso cualquiera, adicto o no, sabe reconocerlo); pero los adictos al móvil parecen no percatarse de ello con tal de aplacar sus ganas por ver si hay algo nuevo que consultar.

Un grado de dependencia al móvil considerable lleva a no poder permanecer un tiempo, por breve que sea, sin entrar a mirar el WhatsApp o cualquier otra de las aplicaciones de moda que hemos comentado. Así pues, independientemente de dónde se encuentren, sentirán que han de calmar este impulso, aun sin estar en el lugar propicio para ello. Evidentemente, los no aquejados por dicha epidemia que haya alrededor serán los que sufrirán las consecuencias de este comportamiento hedonista.

Lo peor de todo esto es el comportamiento de los adictos al móvil, que permanecen ajenos e impasibles a las molestias que puedan causar (y que causan) a su alrededor, pues su conducta está ya tan interiorizada que, a pesar de hacerlo sin mala intención, se ha convertido en un hábito justificable que llevan a cabo sin tener que pensar. ¿Y qué ocurre cuando no se piensan las cosas? Que es imposible valorar las consecuencias de nuestros actos.

No todos coinciden a la hora de hablar de adicción al móvil

Como suele ocurrir, han surgido voces que desechan la idea de hablar de una adicción a utilizar el teléfono móvil. Los defensores alegan que hablar en estos términos puede maximizar algo que no va más allá de ser una simple distracción que sirve para evadirnos de las actividades que más pereza nos da hacer.

Añaden además, que el peligro de catalogar la adicción al móvil como una enfermedad como lo sería la ludopatía, por ejemplo, contribuye a alimentar la tendencia actual de convertirlo todo en una dolencia que debe combatirse previo etiquetado.

Nosotros, sin embargo, no nos creemos este intento de lavado de cara y blanqueamiento, así que preferimos llamar a las cosas por su nombre, mal que le pese a la mayoría. Perdón, que me han escrito, ahora mismo vuelvo...

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