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Consumismo: qué es, tipos y consecuencias

El consumismo es una conducta que puede resultar patológica. Te presentamos todos los tipos que existen y sus consecuencias, tanto a nivel global como personal.
Los tipos de consumismo que existen y sus consecuencias. | Imagen de: PxHere.

 

En las siguientes líneas, analizaremos qué hay detrás del consumismo, un problema del primer mundo y de la sociedad capitalista en general. Diferenciamos también entre los tres tipos de consumimos que existen y en sus consecuencias.

El consumismo está estrechamente ligado con el desarrollo del sistema capitalista a mediados del siglo XX. La expansión del modus vivendi norteamericano tras la Segunda Guerra Mundial provocó que la población occidental, y después la oriental, se acomodara a una nueva forma de vida basada en la producción y el consumo.

¿Qué es el consumismo?

En pocas palabras, el consumismo es la compra y acumulación de bienes de consumo y servicios. Es decir, ganar dinero en el trabajo para gastarlo sin mesura.

Algunos expertos, como Jeremy Rifkin, aseguran que la semilla de este mal germinó durante los años 20 en Estados Unidos, cuando hubo un aumento de la productividad y el descenso de la economía. Ahí es cuando surgieron nuevas técnicas de persuasión (el marketing y la publicidad) para generar y controlar el consumo de la población.

Con el paso de los años, y con el aumento de poder adquisitivo de la masa social, el consumismo ha aumentado hasta límites insospechados: el estatus de una persona se define por los bienes de consumo que posee. Por lo tanto, existe una cierta presión social que incita a los individuos a seguir comprando y acumulando bienes.

Obsolescencia programada

Más allá de esta presión por el consumo, existe un concepto relacionado llamado obsolescencia programada. La cuestión es que muchos productos han dejado de tener una vida útil larga de forma intencionada, para que los usuarios compren una versión mejorada (o no) del mismo.

El objetivo, por lo tanto, no es crear productos de calidad, sino aumentar la capacidad económica de las grandes empresas que fabrican estos productos. Con frecuencia bajan los costes de producción y aumentan los precios, agrandando así el beneficio. El primer producto afectado por la obsolescencia programada fue la bombilla incandescente, con unas 1500 horas de vida útil.

Otros ejemplos más modernos los encontramos en la telefonía móvil. Los móviles de gama alta se quedan obsoletos a los pocos años y los consumidores sienten la imperiosa necesidad de comprar el último modelo, ya sea para aparentar estatus social o para sentirse integrados en una sociedad consumista.

Neofilia: la búsqueda obsesiva de lo nuevo

Estas han sido algunas de las causas que han llevado a nuestra sociedad a vivir bajo el subyugo del consumismo. Tanto ha sido así que algunos han acuñado un nuevo término para la búsqueda insaciable de la novedad: la neofília.

En términos generales, la neofilia es la afinidad u obsesión por la novedad, aunque este concepto va más allá de los bienes de consumo. También se trata de la búsqueda de nuevas experiencias o emociones, algo que se ha vuelto casi enfermizo gracias a las nuevas tecnologías de la comunicación o las redes sociales.

Tipos de consumismo

Volviendo a la definición general, encontramos tres tipos de consumo, según las necesidades del consumidor o la frecuencia del gasto.

1. Consumo experimental

Este primer tipo se basa en el consumo de producto por la novedad o curiosidad. Precisa de técnicas de publicidad más complejas y busca que el consumidor se sienta bien al ser “de los primeros” en comprar un bien o servicio.

2. Consumo ocasional

Cuando un individuo busca satisfacer sus necesidades no intermitentes. Incluso a este nivel, existe una cierta tendencia a gastar más de lo necesario. Por eso, es importante desarrollar una conducta de compra responsable.

3. Consumo habitual

Cuando el consumo pasa a ser parte de las tareas habituales de un individuo. En cierta medida, todos somos consumidores habituales y buscamos satisfacer pequeños placeres a diario. El peligro reside cuando buscamos compulsivamente esa necesidad de satisfacción para ocultar otras carencias, generando incluso adicciones.

Consecuencias del consumismo

Como observamos a continuación, el consumismo trae consecuencias a distintos niveles, y algunas pueden perjudicar seriamente al conjunto de la especie humana.

1. Consecuencias globales

A nivel global, no podemos olvidar que el consumo excesivo entra en conflicto directo con la gestión responsable de los recursos de nuestro planeta. Como ejemplo, nos abastecemos constantemente con energía no renovable sin pensar en las consecuencias que eso puede tener.

Por otra parte, generamos una gran cantidad de residuos no degradables y eso tiene un coste para el ecosistema. Piensa en la cantidad de plástico y envases que encontramos en un supermercado, aunque no sea estrictamente necesario.

2. Consecuencias sociales

A nivel social, el consumismo desequilibra la balanza de la distribución de la riqueza. Los grandes empresarios se enriquecen con el sistema capitalista, mientras que los consumidores siempre se mantienen en un nivel inferior por el gasto.

3. Consecuencias personales  

Hemos señalado anteriormente que un individuo puede desarrollar una conducta patológica de consumo, lo que se conoce técnicamente como “oniomanía”. Eso repercute gravemente en su economía y en las personas de su entorno.

Anticonsumismo

Por supuesto, existe una postura crítica a todo esto. Muchos aseguran que es necesaria una respuesta política y social al despilfarro de recursos de la sociedad actual, un anticomunismo que revierta el proceso transmitiendo valores ecológicos a los consumidores. En este sentido, algunos proponen el “ecodiseño” o la inclusión de aspectos medioambientales en las cadenas de producción.

Algunas prácticas que ayudan a frenar la rueda consumista son comprar objetos de segunda mano o considerar las consecuencias de comprar un producto (o partes de él) antes de su adquisición.

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