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Adicción a las redes sociales en jóvenes (y no tan jóvenes)

Os ofrecemos una aproximación hacia la adicción a las redes sociales y cómo esta afecta a nuestras relaciones personales. ¿Hasta qué punto es perjudicial?
Una aproximación hacia el problema de la adicción a las redes sociales. | Imagen de: Jacob Ufkes / Unsplash.

 

Las redes sociales han supuesto una revolución en la forma en que nos comunicamos, hasta el punto de generar adicciones que no podíamos prever. Este problema, que en principio afectaba a los usuarios más jóvenes (nativos de la era tecnológica) se extiende a la población a medida que este se habitúa a los nuevos espacios de Internet.

En las siguientes líneas trataremos la adicción a las redes sociales, un fenómeno que tiene sus causas y efectos en la sociedad. ¿Se puede hacer un uso responsable de estas redes? ¿Hasta qué punto es perjudicial para nuestras relaciones interpersonales?

¿Qué es la adicción a las redes sociales?

Es difícil creer que algo tan abstracto como una red social pueda generar adicción, pero este tipo de plataformas se han convertido en un espacio virtual en el que pasamos mucho tiempo. La AIMC (Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación) arroja algunos datos sorprendentes al respecto. Más del 80% de españoles utiliza las redes sociales de forma regular, y de este porcentaje, más del 30% dedica más de dos horas al día a consultar sus redes.

La plataforma más utilizada sigue siendo Facebook (85%) seguida de Instagram (47%), que le arrebata el segundo puesto a Twitter, una red social que está cayendo en desuso. Analizamos este cambio más adelante. Otra de las causas del creciente abuso de tecnologías de la comunicación (en las que podemos incluir Whatsapp) es que son gratuitas.

La adicción a las redes sociales aún no es un concepto real en el campo de la salud mental, aunque varios expertos se están planteando, desde el año 2012, incluir esta psicopatología en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, editado por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría. Un hecho incuestionable es que un amplio espectro de la población hace un uso compulsivo de estas plataformas virtuales.

En cualquier caso, es importante distinguir entre un mal uso y un abuso patológico de las redes. La principal diferencia es que un adicto a las redes sufre consecuencias tales como aislamiento, ansiedad, pérdida de autoestima y autocontrol. Como en cualquier adicción, existen síntomas de abstinencia cuando se produce la desconexión, tales como ansiedad, irritabilidad o depresión. Llegados a este punto, el sujeto necesitará la ayuda de un profesional.

Algunos expertos han acuñado el término Fomo para la adicción a las redes sociales, aunque la definen más bien como la fobia a no estar conectados. Los que la sufren creen que todo ocurre en las redes sociales. Para ellos, el entorno real es el entorno digital y desconectar de él supone quedar excluídos de la sociedad, dejar de existir.

Redes sociales y egocentrismo

La idea (utópica) de las redes es que estas sean un espacio dónde los usuarios compartan información y contenido, siempre dentro de unas normas de uso marcadas por los desarrolladores. El problema surge ante la creciente tendencia al exhibicionismo. No es el hecho de compartir información o contenido lo que nos atrae de redes como Facebook o Instagram, sino que representan la excusa perfecta para alimentar nuestro ego a base de publicaciones y fotos que incluso ponen en entredicho nuestra privacidad.

Un ejemplo claro de esta tendencia es el ‘boom’ de Instagram y su herramienta ‘stories’. Estas publicaciones limitan al máximo la interactividad entre los usuarios. Un único usuario que muestra el contenido mientras que los demás se limitan a visualizarlo. En otras palabras, las redes sociales dejan de ser un espacio de intercambio y empiezan a ser algo así como un expositor de vidas. En consecuencia, las relaciones personales en las redes pasan a ser aún más frívolas y superficiales.

Fake life = fake likes

Esta afirmación se puede traducir como vida falsa = likes falsos. Existe una necesidad imperiosa de mostrar que todo es perfecto en nuestras vidas, que siempre nos salimos de la norma y que todo lo que nos pasa es estimulante. En consecuencia, ofrecemos una versión distorsionada de nuestras propias vidas.

Si el mensaje llega distorsionado a los demás usuarios (es decir, si se creen la mentira), responderán con likes y comparticiones. Dichas reacciones alimentarán el ego del emisor, poniendo en marcha la rueda de la falsedad. Por otro lado, el mensaje puede afectar a la autoestima del receptor, que llegará a la conclusión de que su vida no merece tanto la pena. En definitiva, una arma artificial de doble filo.

Bibliografía

Cooper, R. Diagnosing the Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders. Karnak, 2014.

Moreno, M. Datos actualizados de uso de redes sociales en España [marzo 2018]. Trecebits, 3 de marzo de 2018.

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