10 poemas tristes que te harán llorar desconsoladamente

Te mostramos una selección con los poemas tristes más duros sobre distintos temas. El amor, la soledad y la angustia existencial son temas recurrentes de la poesía y en estos poemas de tristeza se ve claramente como autores como Borges, Lorca y Benedetti lo exponen a la perfección.
¿Cuántos poemas tristes eres capaz de leer sin llorar?
¿Cuántos poemas tristes eres capaz de leer sin llorar? | Imagen de: Milada Vigerova.

 

¿Quién dijo que la poesía era solo para hablar de las cosas buenas de la vida? Nada más lejos de la verdad. De hecho, aquí te traemos un listado de poemas tristes que te harán llorar.

Muchos de estos poemas tratan el tema de la tristeza en el amor, pero otros sin embargo demuestran cómo la vida está llena de tristezas y penas que proceden de distintos orígenes. Acompáñanos a descubrir esta selección de poemas dejando preparado el pañuelo.

10 poemas tristes imprescindibles

A continuación comenzamos con los mejores poemas tristes que hemos seleccionado de forma variada para que traten distintas temáticas. Esperamos que te emocionen profundamente y toquen tus sentimientos más íntimos.

1. Mi corazón oprimido (Federico García Lorca)

Mi corazón oprimido

Siente junto a la alborada

El dolor de sus amores

Y el sueño de las distancias.

La luz de la aurora lleva

Semilleros de nostalgias

Y la tristeza sin ojos

De la médula del alma.

La gran tumba de la noche

Su negro velo levanta

Para ocultar con el día

La inmensa cumbre estrellada.

 

¡Qué haré yo sobre estos campos

Cogiendo nidos y ramas

Rodeado de la aurora

Y llena de noche el alma!

¡Qué haré si tienes tus ojos

Muertos a las luces claras

Y no ha de sentir mi carne

El calor de tus miradas!

¿Por qué te perdí por siempre

En aquella tarde clara?

Hoy mi pecho está reseco

Como una estrella apagada.


Comenzamos nuestra selección de poemas tristes con esta bonita pero dura creación del grandísimo Federico García Lorca; uno de los poetas que mejor ha retratado (y conocido) la tristeza y el sufrimiento humanos.

2. Currículum (Mario Benedetti)

El cuento es muy sencillo

usted nace

contempla atribulado

el rojo azul del cielo

el pájaro que emigra

el torpe escarabajo

que su zapato aplastará

valiente

 

usted sufre

reclama por comida

y por costumbre

por obligación

llora limpio de culpas

extenuado

hasta que el sueño lo descalifica

 

usted ama

se transfigura y ama

por una eternidad tan provisoria

que hasta el orgullo se le vuelve tierno

y el corazón profético

se convierte en escombros

 

usted aprende

y usa lo aprendido

para volverse lentamente sabio

para saber que al fin el mundo es esto

en su mejor momento una nostalgia

en su peor momento un desamparo

y siempre siempre

un lío

 

entonces

usted muere.


Mario Benedetti siempre ha destacado por sus poesías sobre el amor, pero donde hay amor, muchas veces también hay o ha habido tristeza. Este poema triste así lo demuestra, con un final realmente impactante.

3. Al triste (Jorge Luis Borges)

Ahí está lo que fue: la terca espada

del sajón y su métrica de hierro,

los mares y las islas del destierro

del hijo de Laertes, la dorada

luna del persa y los sin fin jardines

de la filosofía y de la historia,

el oro sepulcral de la memoria

y en la sombra el olor de los jazmines.

Y nada de eso importa. El resignado

ejercicio del verso no te salva

ni las aguas del sueño ni la estrella

que en la arrasada noche olvida el alba.

Una sola mujer es tu cuidado,

igual a las demás, pero que es ella.


Quién es uno de los mejores escritores de la historia de las letras hispanas crea esta trascendental poesía para deleitar a los amantes de este arte. Porque hay momentos en lo que nada importa, y en las peores casos, habrán cosas que nunca más volverán a importar.


4. Despedida (Jorge Luis Borges)

Entre mi amor y yo han de levantarse

trescientas noches como trescientas paredes

y el mar será una magia entre nosotros.

 

No habrá sino recuerdos.

Oh tardes merecidas por la pena,

noches esperanzadas de mirarte,

campos de mi camino, firmamento

que estoy viendo y perdiendo...

Definitiva como un mármol

entristecerá tu ausencia otras tardes.


Si hay algo que realmente apena al ser humano son las despedidas, especialmente, como no, las que acaban con un punto final. Borges vuelve con otro poema triste que nos pone la piel de gallina y llena nuestros ojos de dolorosas humedad.

5. Soledad astral (Doble Zero)

La calma se hace fría

del cosmos absoluto

y en el viñedo oscuro

se frena el devenir.

 

Entre la noche brillan

estrellas parpadeantes

y la luna danzante

va plateando la vid.

 

El humo del cigarro

se marcha de mi boca

para abrirse en las hojas

manchadas de su gris.

 

Entre esta lejanía

los astros van despacio

mis pensamientos raudos

y tú no estás aquí.

 

Busco en el universo

recuerdos con tu rostro

que me penetran como

un toro al carmesí.

 

Todo se hace en silencio

como en silencio nacen

ocasos por las tardes

y las nubes de abril.

 

En silencio me hundo

mas mi corazón grita

poniendo de rodillas

de mi alma, su confín.

 

Se fracturó mi vida

el cuento se ha acabado

y ya no hay colorados

para este colorín.


Pocas cosas atormentan más al ser humano como especie y como individuo como la soledad. La consciencia es un arma de doble filo que puede hacernos sentir especialmente mal en el evidente vacío de la existencia, (casi) solo combatible cuando tenemos a nuestro lado personas a las que queremos (y nos quieren). Pero, ¿qué pasa cuando se van?

Pues bien, en estos poemas tristes y en concreto en este ejemplar de Doble Zero (nombre artístico), encontramos una respuesta.

6. Dolor (Alfonsina Storni)

Quisiera esta tarde divina de octubre

pasear por la orilla lejana del mar;

que la arena de oro, y las aguas verdes,

y los cielos puros me vieran pasar.

 

Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,

como una romana, para concordar

con las grandes olas, y las rocas muertas

y las anchas playas que ciñen el mar.

 

Con el paso lento, y los ojos fríos

y la boca muda, dejarme llevar;

ver cómo se rompen las olas azules

contra los granitos y no parpadear;

ver cómo las aves rapaces se comen

los peces pequeños y no despertar;

pensar que pudieran las frágiles barcas

hundirse en las aguas y no suspirar;

ver que se adelanta, la garganta al aire,

el hombre más bello, no desear amar...

 

Perder la mirada, distraídamente,

perderla y que nunca la vuelva a encontrar:

y, figura erguida, entre cielo y playa,

sentirme el olvido perenne del mar.


Como ya hemos descubierto en otras poesías dentro de Carácter Urbano, la naturaleza es un tema recurrente con independencia del tema tratado. En este caso, los poemas tristes también se pueden servir de ella para potenciar su expresividad.

7. Oda a la tristeza (Pablo Neruda)

Tristeza, escarabajo

de siete patas rotas,

huevo de telaraña,

rata descalabrada,

esqueleto de perra:

Aquí no entras.

No pasa.

Ándate.

Vuelve

al sur con tu paraguas,

vuelve

al norte con tus dientes de culebra.

Aquí vive un poeta.

La tristeza no puede

entrar por estas puertas.

Por las ventanas

entra el aire del mundo,

las rojas rosas nuevas,

las banderas bordadas

del pueblo y sus victoria.

No puedes.

Aquí no entras.

Sacude

tus alas de murciélago,

yo pisaré las plumas

que caen de tu mano,

yo barreré los trozos

de tu cadáver hacia

las cuatro puntas del viento,

yo te torceré el cuello,

te coseré los ojos,

cortaré tu mortaja

y enterraré, tristeza, tus huesos roedores

bajo la primavera de un manzano.

Cuando yo muera quiero tus manos en mis ojos:

quiero la luz y el trigo de tus manos amadas

pasar una vez más sobre mí su frescura:

sentir la suavidad que cambió mi destino.

Quiero que vivas mientras yo, dormido, te espero,

quiero que tus oídos sigan oyendo el viento,

que huelas el aroma del mar que amamos juntos

y que sigas pisando la arena que pisamos.

 

Quiero que lo que amo siga vivo

y a ti te amé y canté sobre todas las cosas,

por eso sigue tú floreciendo, florida,

 

para que alcances todo lo que mi amor te ordena,

para que se pasee mi sombra por tu pelo,

para que así conozcan la razón de mi canto.


Uno de los grandes poetas del amor, nos golpea en el corazón incorporando su pieza a esta selección de los mejores poemas tristes.


8. Indolencia (Alfonsina Storni)

A pesar de mí misma te amo; eres tan vano

como hermoso, y me dice, vigilante, el orgullo:

«¿Para esto elegías? Gusto bajo es el tuyo;

no te vendas a nada, ni a un perfil de romano»

 

Y me dicta el deseo, tenebroso y pagano,

de abrirte un ancho tajo por donde tu murmullo

vital fuera colado... Sólo muerto mi arrullo

más dulce te envolviera, buscando boca y mano.

 

¿Salomé rediviva? ¿Son más pobres mis gestos?

Ya para cosas trágicas malos tiempos son éstos.

Yo soy la que incompleta vive siempre su vida.

 

Pues no pierde su línea por una fiesta griega

y al acaso indeciso, ondulante, se pliega

con los ojos lejanos y el alma distraída.


Alfonsina Storni tiene una gran cantidad de poemas tristes que seguramente te encantarán. Desde aquí te animamos a que busques otros suyos, si estos que hemos elegido te gustan.

9. Tú, que nunca serás (Alfonsina Storni)

Sábado fue, y capricho el beso dado,

capricho de varón, audaz y fino,

mas fue dulce el capricho masculino

a este mi corazón, lobezno alado.

 

No es que crea, no creo, si inclinado

sobre mis manos te sentí divino,

y me embriagué. Comprendo que este vino

no es para mí, mas juega y rueda el dado.

 

Yo soy esa mujer que vive alerta,

tú el tremendo varón que se despierta

en un torrente que se ensancha en río,

 

y más se encrespa mientras corre y poda.

Ah, me resisto, más me tiene toda,

tú, que nunca serás del todo mío.


De entre todos los poemas tristes, este no lo es especialmente, sin embargo, se puede entrever que hay un mensaje entre líneas que habla de una relación no equilibrada, donde el hombre, está menos volcado por su amada que ella en él.

10. Acabar con todo (Octavio Paz)

Dame, llama invisible, espada fría,

tu persistente cólera,

para acabar con todo,

oh mundo seco,

oh mundo desangrado,

para acabar con todo.

 

Arde, sombrío, arde sin llamas,

apagado y ardiente,

ceniza y piedra viva,

desierto sin orillas.

 

Arde en el vasto cielo, laja y nube,

bajo la ciega luz que se desploma

entre estériles peñas.

 

Arde en la soledad que nos deshace,

tierra de piedra ardiente,

de raíces heladas y sedientas.

 

Arde, furor oculto,

ceniza que enloquece,

arde invisible, arde

como el mar impotente engendra nubes,

olas como el rencor y espumas pétreas.

Entre mis huesos delirantes, arde;

arde dentro del aire hueco,

horno invisible y puro;

arde como arde el tiempo,

como camina el tiempo entre la muerte,

con sus mismas pisadas y su aliento;

arde como la soledad que te devora,

arde en ti mismo, ardor sin llama,

soledad sin imagen, sed sin labios.

Para acabar con todo,

oh mundo seco,

para acabar con todo.


En los momentos más dolorosos y duros de la vida, todos hemos pensado en dejarlo todo. La soledad, el desamor, el duelo u otras muchas situaciones pueden desencadenar sentimientos displacenteros en nosotros; y Octavio Paz es capaz de demostrarlo en esta poesía triste que ostenta la posición 10 de nuestra lista.



Comentarios
Doblezero
Un orgullo ver mi poema "Soledad astral" entre esta selección de magníficas obras de autores de tan elevada nombradía. Quisiera agradecer especialmente el modo en que habéis realizado la publicación citando al autor y respetando tanto el título como el cuerpo de la poesía en su totalidad pues no todo el mundo lo hace así y yo lo agradezco. Un cordial saludo.

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