15 poemas del surrealismo cortos de varios autores

André Bretón, Philippe Soupault o Octavio Paz son solo algunos de los nombres importantes de la poesía surrealista.
Poemas para entender el movimiento surrealista. | Dorothea Tanning.

 

El surrealismo fue un movimiento artístico revolucionario y transformador. Impregnó diversas artes como la pintura y la escultura, pero en su origen fue un movimiento literario. Para hacernos una idea de cómo esta corriente abrió nuevos horizontes en la literatura, hemos hecho una selección de poemas breves del surrealismo de los autores más importantes. Bienvenidos al mundo de lo onírico.

ÍNDICE

1. ¿Qué es el surrealismo?

2. Características de la poesía surrealista.

3. 15 grandes poemas del surrealismo.

¿Qué es el surrealismo?

El término surrealismo fue acuñado en 1917 por el escritor francés Guillaume Apollinaire, quien definió dos obras teatrales (una de ellas suya) como “una especie de sur-realismo”, es decir, por encima de lo real. No obstante, estas obras no podrían catalogarse como surrealismo en el sentido en el que lo conocemos hoy día. Fue más tarde, en 1924, cuando el escritor André Breton y Philippe Soupault recogieron el término para definir a un nuevo movimiento que surgía en Francia tras el fin de la Primera Guerra Mundial.

En los Manifiestos del surrealismo, Breton cargaba duramente contra el realismo, movimiento cultural al que consideraba “hostil a toda expansión intelectual y moral”. Por el contrario, apostaba por el desarrollo del surrealismo y ofrecía la siguiente definición.

“Surrealismo.n.m. Automatismo psíquico puro por cuyo medio se intenta expresar verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral.”

En cualquier caso, esta nueva forma de ir más allá de la realidad a través del arte se expandió rápidamente por toda Europa. Estos artistas buscaban plasmar lo imaginario, lo onírico y lo irracional, inspirados en parte por la teoría del psicoanálisis de Sigmund Freud. El surrealismo profundiza en la mente humana y sus impulsos, así que con frecuencia no responde a una lógica u orden.

No siempre es fácil de entender, pero trataremos de hacernos una idea a través de los autores del surrealismo.

¿Quiénes son los grandes poetas del surrealismo?

Podemos afirmar que el surrealismo fue un movimiento, al menos en la cultura hispánica, marcado por la trayectoria artística de los pintores Salvador Dalí y Joan Miró. No obstante, la literatura también fue transformada, sobre todo gracias a la obra de maestros de la pluma como Julio Cortázar, Octavio Paz o Braulio Arenas. Afortunadamente, también tuvo su influencia en genios como Lorca.

En cualquier caso, los grandes exponentes del surrealismo los debemos buscar en la literatura francesa. Destacan los poemas de André Breton, Philippe Soupault o Louis Aragon.

¿Cómo son los poemas surrealistas?

Para los artistas del surrealismo, la poesía no es la máxima expresión de belleza, y mucho menos un medio para retratar la realidad, sino un lenguaje para expresar lo inexpresable, para dibujar un paisaje de aquello que está en nuestra mente pero no logramos comprender. Para comprender mejor esta idea, repasamos algunas características del surrealismo:

  • Va más allá de la lógica y considera que la verdad está en lo irracional.
  • Interpreta los sueños, las visiones y los mitos fantásticos.
  • Utiliza diversas técnicas como el automatismo (escritura sin el control de la razón).
  • Aborrece los protocolos y estándares de la sociedad porque privan al ser de libertad.
  • Da rienda suelta a la expresión de los impulsos más irracionales. Por eso, temas como el sexo son tratados sin tapujos.

15 poemas del surrealismo cortos

Ahora que ya tenemos una imagen clara y definida de qué es el surrealismo, os dejamos con una selección de poemas surrealistas, pequeñas piezas literarias que valen su peso en oro.

1. No ha lugar (André Breton)

Arte de los días arte de las noches

La balanza de las heridas que se llama Perdona

Balanza roja y sensible al peso de un vuelo de pájaro

Cuando las amazonas de cuello de nieve con las manos vacías

Empujan sus carros de vapor sobre los prados

Veo esa balanza sin cesar enloquecida

Veo el ibis de bellos modales

Que regresa del estanque atado en mi corazón

Las ruedas del sueño encantan a los espléndidos carriles

Que se elevan altísimos sobre las conchas de sus vestidos

Y el asombro salta de aquí para allá sobre el mar

Ve mi querida aurora no olvides nada de mi vida

Toma estas rosas que trepan en el pozo de los espejos

Toma los latidos de todas las pestañas

Toma hasta los hilos que sostienen los pasos de las marionetas

y de las gotas de agua

Arte de los días arte de las noches

Estoy en la ventana muy lejos de una ciudad llena de terror

Fuera unos hombres con sombrero de copa se persiguen a

intervalos regulares

Semejantes a las lluvias que amaba

Cuando hacía tan buen tiempo

«La ira de Dios» es el nombre de un cabaret al que entré ayer

Está escrito sobre la portada blanca con letras más pálidas

Pero las mujeres-marineros que se deslizan detrás de los cristales

Son demasiado hermosas para tener miedo

Aquí nunca el cuerpo siempre el asesinato sin pruebas

Nunca el cielo siempre el silencio

Nunca La libertad sino por la libertad

André Breton, precursor del surrealismo. | André Breton.

 

2. El marqués de Sade (André Breton)

El marqués de Sade ha vuelto a entrar en el volcán en erupción

De dónde había salido

Con sus hermosas manos todavía ornadas de flecos

Sus ojos de doncella

Y ese permanente razonamiento de sálvese quien pueda

Tan exclusivamente suyo

Pero desde el salón fosforescente iluminado por lámparas de entrañas

Nunca ha cesado de lanzar las órdenes misteriosas

Que abren una brecha en la noche moral

Por esa brecha veo

Las grandes sombras crujientes la vieja corteza gastada

Que se desvanecen

Para permitirme amarte

Como el primer hombre amó a la primera mujer

Con toda libertad

Esa libertad

Por la cual el fuego mismo ha llegado a ser hombre

Por la cual el marqués de Sade desafió a los siglos con sus grandes árboles abstractos

Y acróbatas trágicos

Aferrados al hilo de la Virgen del deseo

3. Silueta de paja (André Breton)

A Max Ernst

Dadme unas joyas de ahogadas

Dos nidos

Una cola de caballo y una testa de maniquí

Perdonadme luego

No tengo tiempo para respirar

Soy un sortilegio

La construcción solar me ha retenido hasta aquí

Ahora ya no tengo más que dejarme matar

Pedid la tabla

De prisa el puño cerrado encima de mi cabeza que comienza a sonar

Un vaso donde se entreabre un ojo amarillo

El sentimiento también se abre

Mas las princesas se aferran al aire puro

Tengo necesidad de orgullo

Y de algunas gotas insípidas

Para recalentar la marmita de enmohecidas flores

Al pie de la escalera

Pensamiento divino en el cuadrado constelado de cielo azul

La expresión de las bañistas es la muerte del lobo

Tomadme por amiga

La amiga de los fuegos y de los hurones

Os mira profundamente

Alisad vuestras penas

Mi remo de palisandro hace cantar vuestros cabellos

Un sonido palpable sirve la playa

Negra por el furor de las sepias

Y roja por el letrero

4. Todo el paraíso no está perdido (André Breton)

Los gallos de roca pasan dentro del cristal

Defienden el rocío a golpes de cresta

Entonces la divisa encantadora del relámpago

Desciende sobre la bandera de las ruinas

La arena no es más que un reloj fosforescente

Que da la medianoche

Por los brazos de una mujer olvidada

Sin refugio girando por el campo

Erguida en las aproximaciones y en los retrocesos celestes

Es aquí

Las sienes azules y duras de la quinta se bañan en la noche

que calca mis imágenes

Cabelleras cabelleras

El mal adquiere fuerzas muy cerca

Solamente se valdrá de nosotros

5. Tus ojos (Octavio Paz)

Tus ojos son la patria del relámpago y de la lágrima,

silencio que habla,

tempestades sin viento, mar sin olas,

pájaros presos, doradas fieras adormecidas,

topacios impíos como la verdad,

otoño en un claro del bosque en donde la luz canta en el hombro de un árbol y son pájaros todas las hojas,

playa que la mañana encuentra constelada de ojos,

cesta de frutos de fuego,

mentira que alimenta,

espejos de este mundo, puertas del más allá,

pulsación tranquila del mar a mediodía,

absoluto que parpadea,

páramo.

6. El pájaro (Octavio Paz)

Un silencio de aire, luz y cielo.

En el silencio transparente

el día reposaba:

la transparencia del espacio

era la transparencia del silencio.

La inmóvil luz del cielo sosegaba

el crecimiento de las yerbas.

Los bichos de la tierra, entre las piedras,

bajo la luz idéntica, eran piedras.

El tiempo en el minuto se saciaba.

En la quietud absorta

se consumaba el mediodía.

 

Y un pájaro cantó, delgada flecha.

Pecho de plata herido vibró el cielo,

se movieron las hojas,

las yerbas despertaron...

Y sentí que la muerte era una flecha

que no se sabe quién dispara

y en un abrir los ojos nos morimos.

7. Ceremonia recurrente (Julio Cortázar)

El animal totémico con sus uñas de luz,

los objetos que junta la oscuridad debajo de la cama,

el ritmo misterioso de tu respiración, la sombra

que tu sudor dibuja en el olfato, el día ya inminentemente.

Entonces me enderezo, todavía batido por las aguas del sueño,

Vuelvo de un continente a medias ciego

donde también estabas tú pero eras otra,

y cuando te consulto con la boca y los dedos, recorro el horizonte de tus flancos

(dulcemente te enojas, quieres seguir durmiendo, me dices bruto y tonto,

te debates riendo, no te dejas tomar pero ya es tarde, un fuego

de piel y de azabache, las figuras del sueño)

el animal totémico a los pies de la hoguera

con sus uñas de luz y sus alas de almizcle.

 

Y después despertamos y es domingo y febrero.

8. Campo de batalla (Rafael Alberti)

Nace en las ingles un calor callado,

como un rumor de espuma silencioso.

Su dura mimbre el tulipán precioso

dobla sin agua, vivo y agotado.

Crece en la sangre un desasosegado,

urgente pensamiento belicoso.

La exhausta flor perdida en su reposo

rompe su sueño en la raíz mojado.

Salta la tierra y de su entraña pierde

savia, veneno y alameda verde.

Palpita, cruje, azota, empuja, estalla.

La vida hiende vida en plena vida.

Y aunque la muerte gane la partida,

todo es un campo alegre de batalla.

9. Cenizas (Alejandra Pizarnik)

La noche se astilló de estrellas

mirándome alucinada

el aire arroja odio

embellecido su rostro

con música.

Pronto nos iremos

Arcano sueño

antepasado de mi sonrisa

el mundo está demacrado

y hay candado pero no llaves

y hay pavor pero no lágrimas.

¿Qué haré conmigo?

Porque a Ti te debo lo que soy

Pero no tengo mañana

Porque a Ti te…

La noche sufre.

10. Tengo que decir algo me digo (Federico García Lorca)

Palabras que se disuelven en la boca

Alas que de repente son percheros

Donde el grito cae crece una mano

Alguien mata nuestro nombre según libro

¿Quién le arrancó los ojos a la estatua?

¿Quién colocó esta lengua alrededor del

Llanto?

Tengo algo que decir me digo

Y me hincho de pájaros por fuera

Labios que caen como espejos Aquí

Allá dentro las distancias se reúnen

Este norte o este sur son un ojo

Vivo alrededor de mí mismo

Estoy aquí allá entre peldaños de carne

A la intemperie

Con algo que decir me digo

11. A la misteriosa (Robert Desnos)

Tanto he soñado contigo que pierdes tu realidad.

¿Habrá tiempo para alcanzar ese cuerpo vivo

y besar sobre esa boca

el nacimiento de la voz que quiero?

Tanto he soñado contigo,

que mis brazos habituados a cruzarse

sobre mi pecho, abrazan tu sombra,

y tal vez ya no sepan adaptarse

al contorno de tu cuerpo.

Tanto he soñado contigo,

que seguramente ya no podré despertar.

Duermo de pie,

con mi pobre cuerpo ofrecido

a todas las apariencias

de la vida y del amor,  y tú, eres la única

que cuenta ahora para mí.

Más difícil me resultará tocar tu frente

y tus labios, que los primeros labios

y la primera frente que encuentre.

Y frente a la existencia real

de aquello que me obsesiona

desde hace días y años

seguramente me transformaré en sombra.

Tanto he soñado contigo,

tanto he hablado y caminado, que me tendí al lado

de tu sombra y de tu fantasma,

y por lo tanto

12. Crepúsculo (Philippe Soupault)

Un elefante en su bañera

y tres niños que duermen

singular singular historia

historia de sol poniente

Philippe Soupault, otro de los grandes impulsores del surrealismo. | Youtube

 

13. Georgia (Philippe Soupault)

No duermo Georgia

Lanzo flechas en la noche Georgia

espero Georgia

pienso Georgia

el fuego es como la nieve Georgia

la noche es mi vecina Georgia

oigo todos los ruidos sin excepción Georgia

veo el humo que sube y huye Georgia

camino a paso de lobo en la sombra Georgia

corro aquí está la calle aquí están los barrios Georgia

Aquí está una ciudad siempre igual

y que yo no conozco Georgia

Me apresuro aquí está el viento Georgia

y el frío y el silencio y el miedo Georgia

me escapo Georgia

corro Georgia

las nubes están bajas están por caerse Georgia

extiendo el brazo Georgia

no cierro los ojos Georgia

llamo Georgia

grito Georgia

llamo Georgia

yo te llamo Georgia

quizá vengas Georgia

pronto Georgia

Georgia Georgia Georgia

Georgia

no puedo dormir Georgia

espero Georgia

14. Carlitos místico (Louis Aragon)

El ascensor descendía siempre hasta perder aliento

Y la escalera subía siempre

Esta dama no entiende lo que se habla

Es postiza

Yo que ya soñaba con hablarle de amor

Oh el dependiente

Tan cómico con su bigote y sus cejas

Artificiales

Dio un grito cuando yo tiré de ellos

Qué raro

Qué veo Esa noble extranjera

Señor yo no soy una mujer liviana

Uh la fea

Por suerte nosotros

Tenemos valijas de piel de cerdo

A toda prueba

Ésta

Veinte dólares

Y contiene mil

Siempre el mismo sistema

Ni medida

Ni lógica

Mal tema

15. Ce (Louis Aragon)

Todo empezará en el CE,

el puente que yo crucé.

 

Habla un romance perdido

del buen caballero herido;

de una rosa en la calzada

y una túnica soltada;

de un castillo misterioso

y albos cisnes en el foso,

y una pradera en que danza

la novia sin esperanza.

 

Como una noche de hielo,

el lay de glorias en duelo.

 

Se van con mis pensamientos

por el Loire los armamentos;

y los convoyes volcados

y llantos mal enjuagados.

 

¡Oh Francia, mi bien-amada!

¡Oh mi dulce abandonada!

qué sola yo te dejé

cruzando el puente de CE.

Referencias bibliográficas

Breton, A., & Bosch, A. (1969). Manifiestos del surrealismo. Madrid: Guadarrama.

Bradley, F. (1999). Surrealismo: Movimientos en el Arte Moderno (Serie Tate Gallery) (Vol. 4). Encuentro.

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