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Los 15 mejores poemas de Lorca sobre el amor

Una recopilación con los 15 poemas de Federico García Lorca más emblemáticos, en su mayoría cortos, para deleitarse con su obra.
Los 15 grandes poemas de García Lorca para entender su obra. | Disponible en: Zenda.

 

Federico García-Lorca (1898 - 1936) probablemente sea el dramaturgo español más admirado del siglo XX y uno de los representantes más insigne de la ‘generación del 27’. En los poemas de Lorca encontramos referencias a su amada tierra Andalucía, escenario en el que se sitúa muchos de sus escritos, que normalmente tratan acerca del amor y sus complicaciones, de los quehaceres de la vida en los pueblos o la inexorabilidad de la muerte.

15 poemas de García Lorca para familiarizarse con su obra

Este genio de las letras, que nos dejó demasiado pronto de forma cruel, legó algunos de los versos más importantes de la antología poética española. Hemos seleccionado unos cuantos de su prolífica obra, cuyo significado hemos tratado de descifrar.

1. El poeta pide a su amor que le escriba

Amor de mis entrañas, viva muerte,

en vano espero tu palabra escrita

y pienso, con la flor que se marchita,

que si vivo sin mí quiero perderte.

 

El aire es inmortal. La piedra inerte

ni conoce la sombra ni la evita.

Corazón interior no necesita

la miel helada que la luna vierte.

 

Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,

tigre y paloma, sobre tu cintura

en duelo de mordiscos y azucenas.

 

Llena pues de palabras mi locura

o déjame vivir en mi serena

noche del alma para siempre oscura


Si hay un tema recurrente en los poemas de Lorca, ese es el amor; más concretamente, el amor no correspondido. En esta ocasión, el narrador anhela tener nuevas de su amada, aunque agoniza ante el silencio que recibe en su lugar. Después de haberse volcado por un amor que nunca le será devuelto, se retuerce de dolor innecesariamente, vencido al recuerdo de lo que nunca fue.

2. Alba

Mi corazón oprimido

Siente junto a la alborada

El dolor de sus amores

Y el sueño de las distancias.

La luz de la aurora lleva

Semilleros de nostalgias

Y la tristeza sin ojos

De la médula del alma.

La gran tumba de la noche

Su negro velo levanta

Para ocultar con el día

La inmensa cumbre estrellada.

 

¡Qué haré yo sobre estos campos

Cogiendo nidos y ramas

Rodeado de la aurora

Y llena de noche el alma!

¡Qué haré si tienes tus ojos

Muertos a las luces claras

Y no ha de sentir mi carne

El calor de tus miradas!

¿Por qué te perdí por siempre

En aquella tarde clara?

Hoy mi pecho está reseco

Como una estrella apagada.


Una composición con la que el poeta trata de expresar el vacío que siente durante la noche y hasta el nacer del sol, un espectáculo que embelesa el alma del autor.

3. Remansillo

Me miré en tus ojos

pensando en tu alma.

 

Adelfa blanca.

 

Me miré en tus ojos

pensando en tu boca.

 

Adelfa roja.

 

Me miré en tus ojos.

¡Pero estabas muerta!

 

Adelfa negra.


A través de la progresión cromática de un arbusto (la adelfa), Remansillo es uno de los poemas de Lorca cortos que mejor ilustran el paso de la vida a la muerte.

4. Lucía Martínez

Umbría de seda roja.

Tus muslos, como la tarde,

van de la luz a la sombra.

Los azabaches recónditos

oscurecen tus magnolias.

 

Aquí estoy, Lucía Martínez.

Vengo a consumir tu boca

y a arrastrarte del cabello

en madrugada de conchas.

 

Porque quiero y porque puedo.

Umbría de seda roja.


El escritor identifica el cuerpo de una mujer con determinadas imágenes (la luz, la sombra, los azabaches y las magnolias). La protagonista que da nombre a esta composición breve es el objeto del deseo del autor y despierta sus pasiones carnales.

5. Romance Sonámbulo

Verde que te quiero verde.

Verde viento. Verdes ramas.

El barco sobre la mar

y el caballo en la montaña.

Con la sombra en la cintura

ella sueña en su baranda,

verde carne, pelo verde,

con ojos de fría plata.

Verde que te quiero verde.

Bajo la luna gitana,

las cosas la están mirando

y ella no puede mirarlas.

 

Verde que te quiero verde.

Grandes estrellas de escarcha,

vienen con el pez de sombra

que abre el camino del alba.

La higuera frota su viento

con la lija de sus ramas,

y el monte, gato garduño,

eriza sus pitas agrias.

¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde?

Ella sigue en su baranda,

verde carne, pelo verde,

soñando en la mar amarga.

 

–Compadre, quiero cambiar

mi caballo por su casa,

mi montura por su espejo,

mi cuchillo por su manta.

Compadre, vengo sangrando,

desde los puertos de Cabra.

–Si yo pudiera, mocito,

este trato se cerraba.

Pero yo ya no soy yo,

ni mi casa es ya mi casa.

–Compadre, quiero morir,

decentemente en mi cama.

De acero, si puede ser,

con las sábanas de holanda.

¿No ves la herida que tengo

desde el pecho a la garganta?

–Trescientas rosas morenas

lleva tu pechera blanca.

Tu sangre rezuma y huele

alrededor de tu faja.

Pero yo ya no soy yo,

ni mi casa es ya mi casa.

–Dejadme subir al menos

hasta las altas barandas,

¡dejadme subir!, dejadme

hasta las verdes barandas.

Barandales de la luna

por donde retumba el agua.

 

Ya suben los dos compadres

hacia las altas barandas.

Dejando un rastro de sangre.

Dejando un rastro de lágrimas.

Temblaban en los tejados

farolillos de hojalata.

Mil panderos de cristal

herían la madrugada.

 

Verde que te quiero verde,

verde viento, verdes ramas.

Los dos compadres subieron.

El largo viento dejaba

en la boca un raro gusto

de hiel, de menta y de albahaca.

–¡Compadre! ¿Dónde está, dime?

¿Dónde está tu niña amarga?

¡Cuántas veces te esperó!

¡Cuántas veces te esperara,

cara fresca, negro pelo,

en esta verde baranda!

 

Sobre el rostro del aljibe

se mecía la gitana.

Verde carne, pelo verde,

con ojos de fría plata.

Un carámbano de luna

la sostiene sobre el agua.

La noche se puso íntima

como una pequeña plaza.

Guardias civiles borrachos

en la puerta golpeaban.

Verde que te quiero verde,

verde viento, verdes ramas.

El barco sobre la mar.

Y el caballo en la montaña.


Seguramente estemos ante uno de los poemas de Lorca más famosos de toda su obra. Se trata de una oda a la persona amada, separada en la distancia, que no hace otra cosa que contemplar el horizonte en espera de un reencuentro que parece inminente.

Poemas de Lorca, gran escritor de la generación del 27. | Imagen de: Wikimedia Commons.

 

6. Abejaruco

Abejaruco.

En tus árboles oscuros.

Noche de cielo balbuciente

y aire tartamudo.

 

Tres borrachos eternizan

sus gestos de vino y luto.

Los astros de plomo giran

sobre un pie.

Abejaruco.

En tus árboles oscuros.

 

  Dolor de sien oprimida

con guirnalda de minutos.

¿Y tu silencio? Los tres

borrachos cantan desnudos.

Pespunte de seda virgen

tu canción.

Abejaruco.

Uco uco uco uco.

Abejaruco.


La noche, otro de los elementos recurrentes en los poemas de Lorca. Durante el crepúsculo, un abejaruco bate sus alas, paralelamente a tres borrachos que hacen aspavientos con los brazos. Al darse cuenta del ave, se ponen a imitar su característica manera de piar.

7. La soleá

Vestida con mantos negros

piensa que el mundo es chiquito

y el corazón es inmenso.

 

Vestida con mantos negros.

 

Piensa que el suspiro tierno

y el grito, desaparecen

en la corriente del viento.

 

Vestida con mantos negros.

 

Se dejó el balcón abierto

y el alba por el balcón

desembocó todo el cielo.

 

¡Ay yayayayay,

que vestida con mantos negros!


El dramaturgo detalla el despuntar del alba, que se cuela a través de una ventana cuando ésta se abre para dar los buenos días. Tras una noche oscura, los rayos de sol inundan toda la estancia.

8. Canción del Mariquita

El mariquita se peina

en su peinador de seda.

 

Los vecinos se sonríen

en sus ventanas postreras.

 

El mariquita organiza

los bucles de su cabeza.

 

Por los patios gritan loros,

surtidores y planetas.

 

El mariquita se adorna

con un jazmín sinvergüenza.

 

La tarde se pone extraña

de peines y enredaderas.

 

El escándalo temblaba

rayado como una cebra.

 

¡Los mariquitas del Sur,

cantan en las azoteas!


Sin ningún tipo de tapujos, en este poema de Federico García Lorca, el dramaturgo habla abiertamente de la homosexualidad. En estos versos, un vecino gay vive su vida sin avergonzarse por los comentarios de los vecinos de su localidad, simplemente siendo quien es. ¿Una forma de autorreferenciarse, quizás? ¿O una forma de lamentarse porque Lorca no pudo vivir libremente, tal y como hace el personaje principal?

9. Largo espectro de plata conmovida

Largo espectro de plata conmovida...

Largo espectro de plata conmovida

el viento de la noche suspirando,

abrió con mano gris mi vieja herida

y se alejó: yo estaba deseando.

 

Llaga de amor que me dará la vida

perpetua sangre y pura luz brotando.

Grieta en que Filomela enmudecida

tendrá bosque, dolor y nido blando.

 

¡Ay qué dulce rumor en mi cabeza!

Me tenderé junto a la flor sencilla

donde flota sin alma tu belleza.

 

Y el agua errante se pondrá amarilla,

mientras corre mi sangre en la maleza

mojada y olorosa de la orilla.


Como en anteriores ocasiones, gran parte de los poemas de Lorca se desarrollan de noche. Cuando cae la oscuridad y la luna está en su cénit, el poeta se sume en la pena. El “largo espectro de plata conmovida” no es otra cosa que el reflejo argentado de la luna, que se abre paso por la herida nunca cerrada de un amor imposible.

10. Canción china en Europa

La señorita

del abanico,

va por el puente

del fresco río.

 

Los caballeros

con sus levitas,

miran el puente

sin barandillas.

 

La señorita

del abanico

y los volantes

busca marido.

 

 Los caballeros

están casados,

con altas rubias

de idioma blanco.

 

Los grillos cantan

por el Oeste.

 

(La señorita,

va por lo verde).

 

Los grillos cantan

bajo las flores.

 

(Los caballeros,

van por el Norte)


Con galantería, unos caballeros, a quienes parece no importar el hecho de haber pasado ya por la vicaría, tratan de cortejar a una dama refinada, que prefiere ignorar los halagos que le dedican (o tal vez es ajena a ellos) y pasear por la campiña. 

Estatua a García Lorca en Rosario. | Imagen de: Wikimedia Commons.

 

11. Serenata

Por las orillas del río

se está la noche mojando

y en los pechos de Lolita

se mueren de amor los ramos.

 

Se mueren de amor los ramos.

 

La noche canta desnuda

sobre los puentes de marzo.

Lolita lava su cuerpo

con agua salobre y nardos.

 

Se mueren de amor los ramos.

 

La noche de anís y plata

relumbra por los tejados.

Plata de arroyos y espejos.

Anís de tus muslos blancos.

 

Se mueren de amor los ramos.

 

Dos imágenes típicas de los poemas cortos de Lorca (la noche y una joven mujer) se dan la mano en una de sus composiciones más hermosas. Al caer la noche, una dama se baña en las orillas de un río, con el fulgor de la luna reflejándose en el agua, mientras la muchacha chapotea.

12. El Silencio

Oye, hijo mío, el silencio.

Es un silencio ondulado,

un silencio,

donde resbalan valles y ecos

y que inclina las frentes

hacia el suelo.


El autor introduce referencias religiosas en este poema corto. Concretamente, nos está contando cómo Dios le muestra a Jesús el mundo que él ha creado para la Humanidad. Los hombres y mujeres que lo habitan (el poeta entre ellos), ante semejante prodigio de la creación, no pueden hacer otra cosa que guardar silencio y agachar la cabeza.

13. Pueblo

Sobre el monte pelado

un calvario.

Agua clara

y olivos centenarios.

Por las callejas

hombres embozados,

y en las torres

veletas girando.

Eternamente

girando.

¡Oh pueblo perdido,

en la Andalucía del llanto!


La Andalucía rural de comienzos de siglo tiene dedicados muchos de los poemas de García Lorca breves. En los doce versos de Pueblo se nos describe cómo es la vida de pueblo, haciendo uso de los elementos típicos en las pequeñas poblaciones.

14. Romance de la luna

La luna vino a la fragua

con su polisón de nardos.

El niño la mira mira.

El niño la está mirando.

 

En el aire conmovido

mueve la luna sus brazos

y enseña, lúbrica y pura,

sus senos de duro estaño.

 

Huye luna, luna, luna.

Si vinieran los gitanos,

harían con tu corazón

collares y anillos blancos.

 

Niño déjame que baile.

Cuando vengan los gitanos,

te encontrarán sobre el yunque

con los ojillos cerrados.

 

Huye luna, luna, luna,

que ya siento sus caballos.

Niño déjame, no pises,

mi blancor almidonado.

 

El jinete se acercaba

tocando el tambor del llano.

Dentro de la fragua el niño,

tiene los ojos cerrados.

 

Por el olivar venían,

bronce y sueño, los gitanos.

Las cabezas levantadas

y los ojos entornados.

 

¡Cómo canta la zumaya,

ay cómo canta en el árbol!

Por el cielo va la luna

con el niño de la mano.

 

Dentro de la fragua lloran,

dando gritos, los gitanos.

El aire la vela, vela.

el aire la está velando.


Un pequeño queda cautivado por el blanco fulgor de la luna, quien siente lástima y baja para cuidar de él. No obstante, la familia gitana a la que el muchacho pertenece pretende ir a por ella por habérselo arrebatado. Sin embargo, la luna lo tranquiliza para que descanse mientras espera a que lleguen.

15. Si mis manos pudieran deshojar

Yo pronuncio tu nombre

En las noches oscuras

Cuando vienen los astros

A beber en la luna

Y duermen los ramajes

De las frondas ocultas.

Y yo me siento hueco

De pasión y de música.

Loco reloj que canta

Muertas horas antiguas.

 

Yo pronuncio tu nombre,

En esta noche oscura,

Y tu nombre me suena

Más lejano que nunca.

Más lejano que todas las estrellas

Y más doliente que la mansa lluvia.

 

¿Te querré como entonces

Alguna vez? ¿Qué culpa

Tiene mi corazón?

Si la niebla se esfuma

¿Qué otra pasión me espera?

¿Será tranquila y pura?

¡Si mis dedos pudieran

Deshojar a la luna!


La melancolía por la ausencia de la persona querida es la base de este poema de Lorca. Llegada la noche, el poeta no puede evitar pronunciar su nombre en sueños, prueba del vacío que siente en su interior a cada rato que pasa y que no están juntos. Lejos de disminuir, esta sensación parece acrecentarse.

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