Crítica: ‘La Casa de Papel’ convence y brilla en su tercera temporada

¿En qué se han inspirado en 'La Casa de Papel' en esta tercera temporada? ¿Está a la altura de las anteriores? Atento a nuestra crítica de la serie de moda.

 

Personalmente no he podido ver la tercera temporada de ‘La Casa de Papel’ sin tener todo el rato en la cabeza que una serie con ánimo de ser mítica no puede hacer que un conflicto de magnitudes internacionales, capaz de paralizar por completo a un país, nazca de una pareja de inadaptados sociales que son incapaces de tener una relación de pareja madura. Sí, evidentemente hablamos de Tokio y de Río.

El conflicto estalla por la incapacidad de quererse bien de Río y Tokio. Después de dos años en una isla paradisiaca donde no encuentran más estímulos que el sexo y el mar (la historia de Adán y Eva lleva mucho tiempo siendo contada) Tokio decide largarse, morder la manzana. El Estado se pone en alerta y castiga a ambos expulsándolos del paraíso, haciendo que tengan que huir al mundo real.

No es la primera vez que los creadores de 'La Casa de Papel' recurren al personaje de Tokio para que sea ella la que rompa el equilibrio que mantiene la situación estabilizada. Poco original.

Lo mejor de la tercera temporada de ‘La Casa de Papel’

Denver y Estocolmo, en su retiro dorado | Netflix

 

Más allá de esto no se le pueden poner demasiadas pegas a la tercera temporada de ‘La Casa de Papel’, una serie que ha reinventado las historias de ladrones dándoles una composición episódica haciendo del secuestro más o menos pacífico algo atractivo para las masas.

La misma historia que cuenta la serie creada por Alex Pina, rodada en los Estados Unidos, sería una magnífica serie policial de pesquisas sobre cómo atrapar a esa banda de ladrones y secuestradores armados que quiere hacerse con el oro del intocable país norteamericano. En España, ahora mismo, no estamos para esas cosas, no tenemos una visión positiva del Estado. En el resto de países donde ‘La Casa de Papel’ se ha convertido en un éxito de masas (la mayoría en América Latina) la verdad es que tampoco mucho.

He ahí el acierto cultural de ‘La Casa de Papel’. Haber llegado en el momento oportuno diciendo lo que había que decir.

‘La Casa de Papel’ sigue manteniendo lo mejor de sus propuestas de las primeras temporadas. Que ya es mucho.

Para empezar tienen un elenco de personajes carismatiquísimos con unos actores que parecen nacidos para interpretar a cada uno de los papeles. 

En la misma línea, las nuevas incorporaciones funcionan a la perfección. La elección de los nuevos miembros del reparto, con Rodrigo de la Serna (un guiño al público argentino, uno de los que han apoyado más enérgicamente la serie) y Najwa Nimri a la cabeza también ha sido un punto importante a su favor. La interpretación de la actriz española de origen jordano es original y llamativa, el contrapunto perfecto a los titubeos del Profesor.

Del mismo modo los diálogos están bien construidos, los personajes y sus ambiciones personales son creíbles, así como sus miedos. Jaime Lorente (Denver) se afianza como uno de los actores jóvenes más sólidos del país, Itziar Ituño es una grandísima interprete y Pedro Alonso consigue que las apariciones de Berlín sean un chute de heroína para los fans de la serie y el personaje.

Del mismo modo, los aspectos técnicos son sobresalientes. La dirección, al contar con más recursos es aún mejor que en las primeras temporadas, la reconstrucción del Banco de España funciona (hay mucho trabajo detrás), así como la fotografía. 

Conociendo la serie parecía claro que, bajo el ala de Netflix, la tercera temporada de ‘La Casa de Papel’ iba a ganar en espectacularidad, pero no siempre más es mejor.

El salto de ‘La Casa de Papel’ a Netflix

El Profesor, en un mal momento. | Netflix

 

Tras unas temporadas iniciales en las que la serie se planteó en episodios de más de una hora que se verían en televisión cada semana, ‘La Casa de Papel’ ha adoptado la “Formula Netflix” y se ha convertido en una serie para ver en un sprint -ya ni siquiera un maratón- con ocho episodios de menos de una hora en los que el ritmo es tan frenético como podía esperarse. 

Se nota que hay más dinero en la tercera temporada de ‘La Casa de Papel’, también más ganas de trascender. Un ejemplo claro es el soundtrack. Tokio es fan de Vetusta Morla y Berlín del poeta cubano José Martí y de Joselito Fernández. También suenan los Black Keys.

En mi opinión la tercera temporada de ‘La Casa de Papel’ tiene dos referencias claras.

En primer lugar se hace aún más heredera de ‘Death Note’. Durante las dos primeras temporadas el juego entre malos y buenos (que cada uno elija quién es quién) era más natural, más creíble. En el caso de esta nueva entrega, El Profesor y la Inspectora Sierra recogen el juego de L y M en el manga y anime japonés. Cada truco y cada engaño es más imposible que el anterior y, por lo tanto, menos verosímil. El problema es que en ‘Death Note’ estábamos ante animación fantástica, no ante un live action realista.

Esto le otorga espectacularidad a la serie. Como seres humanos que somos, fascinados por la sociedad del espectáculo, no hay nada que nos guste más que el más difícil todavía. “Ahora cortaremos no a uno, sino a dos voluntarios por la mitad”.

El problema de esto es saber cuándo parar. Según comentaba hace poco en un hilo de Twitter el co-guionista de la serie Javier Gómez aún no han escrito la cuarta temporada. Hay que creer que van a salir airosos de la escalada de espectacularidad que han empezado. 

En esto llega la segunda referencia: la saga 'Fast & Furious'. Otra historia que ha hecho de la escalada de espectacularidad su leit motiv. Aún es pronto para relacionarla en ese plano con 'La Casa de Papel', pero sí en el aspecto de "Ya no robamos por robar" / "Ya no somos corredores ilegales", ahora nos movemos "por la familia". Un recurso efectivo que toca en lo más profundo de los espectadores.

Eso sí. Al César lo que es del César y a Alex Pina lo que es de Alex Pina: a falta de la originalidad en el planteamiento (otro atraco con rehenes a un gran símbolo de poder) que vimos en las primeras temporadas, es esta magnificación de los detalles lo que hace que la serie vuelva a ser tan trepidante como logró ser en los primeros episodios.

La tercera temporada de ‘La Casa de Papel’ consigue, contra todo pronóstico, volver a enganchar al público como las dos entregas anteriores. En un momento en el que series como ‘Big Little Lies’ se han estrellado al ampliar una temporada más su duración debido a su éxito, ‘La Casa de Papel’ consigue convencer -e incluso brillar- en su tercera temporada. Un éxito de Netflix y del equipo de Alex Pina que deberán refrendar en la cuarta y ¿última? entrega.

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