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Sintoísmo: dioses y kami japoneses

Sin escrituras sagradas, dogmas ni oraciones, el sintoísmo constituye un complejo entramado mitológico de prácticas y creencias que une al pueblo japonés con el origen universo.
Una explicación fácil de en qué consiste el sintoísmo. | Imagen de: Redd Angelo/Unsplash.

 

En la forma avanzada de las religiones apenas quedan en el mundo creencias de tipo animista. Una de ellas es el sintoísmo, una tradición religiosa vinculada a la cultura japonesa que tiene como particularidad la veneración de las fuerzas de la naturaleza, los kami (deidades).

A menudo se relaciona el sintoísmo con el budismo, pues comparten una misma raíz filosófica: ambos proponen un camino hacia la perfección a través de la conexión del individuo con la naturaleza.

¿Qué es el sintoísmo?

Cuando nació el sintoísmo en Japón, hace más de mil años, el idioma japonés no estaba tipificado. Por esto se escogió para definir esta creencia una palabra de origen chino: Shintó, que significa “camino de los dioses”. Así nació el shintoísmo.

Podemos resumir su base filosófica como una tradición religiosa de tipo animista, es decir, que atribuye a los elementos de la naturaleza la categoría de dioses y deidades. Esto, en el sintoísmo, se llama kami. La peculiaridad es que en esta creencia no hay escrituras ni dogmas, y se vive y se percibe de forma individual e intransferible.

La importancia del sintoísmo es haber proporcionado al pueblo japonés una compleja narración mitológica acerca del mundo y sus fenómenos, así como también una forma de pensar y unas prácticas que se complementan con el resto de tradiciones orientales como el taoísmo y el budismo.

Principios del sintoísmo

En Japón conviven, al menos, cinco creencias que se nutren y se funden en un rico universo de filosofías, mitologías y prácticas: el sintoísmo, el confucianismo, el taoísmo, el budismo y las influencias occidentales.

El sintoísmo, según estadísticas oficiales, es la más seguida en Japón, y contiene una estructura teológica tan profunda como liberada de dogmatismos. Esos son sus principios elementales:

1. Animismo: la fuerza de la naturaleza

A diferencia del humanismo occidental en el que el hombre dispone de una posición ascendiente, el sintoísmo considera que el individuo, ubicado en un eje vertical Cielo-Hombre-Tierra, existe de forma sumisa a la naturaleza monzónica.

La pervivencia de esta tradición animista es milagrosa, pues apenas quedan religiones de este tipo, sin un panteón de dioses principales ni más dogma que la fe en las divinidades de la naturaleza. Su explicación radica en el origen mismo del sintoísmo.

El archipiélago japonés fue ocupado por tribus primitivas que traían consigo sus creencias animistas y chamánicas, y que al encontrarse rodeadas de un entorno tan especial empezaron a ver dioses tanto en el cielo como en los elementos de la tierra: una montaña, un río, un árbol o un lago, por ejemplo.

El hombre era un elemento sumiso, dependiente de esta naturaleza, y su función consistía en venerar y ofrecer sacrificios a esos dioses para obtener sus “frutos”. De lo contrario, se exponían a la furia de esos dioses en forma de desastres naturales.

2. La importancia de los kami

Aunque en occidente traducimos kami como “dios”, el concepto es mucho más amplio y profundo, y constituye el vértice teológico del sintoísmo.

La palabra kami incluye las fuerzas de la naturaleza, que disponen de un poder autónomo y superior, pero también los personajes destacados de clanes fundadores, como los héroes o los antepasados, y un principio de fuerza vital llamado musubi, que genera la vida.

Los kami son los espíritus de la naturaleza del sintoísmo. | Imagen de: Jelleke Vanooteghem/Unsplash.

 

Los kami no tienen santuarios donde ser venerados, sino que según la tradición del Shintó se manifiestan en los fenómenos naturales. Los hombres veneran a los dioses en festivales y ritos para reclamar la fecundidad, ya sea de la cosecha o de la familia. El único intermediario válido es el miko (chamán).

3. La reencarnación, el destino del hombre

El principio creador en el sintoísmo es el musubi, que crea los elementos a través de su transformación. En la naturaleza, eso es bastante sencillo de comprender: todos los elementos se transforman, como el agua cuando se evapora y vuelve al estado líquido, o como la materia en descomposición se convierte en abono para dar nueva vida.

Cuando se trata del espíritu humano, el proceso continuo de la creación se traduce en la elevación del espíritu hasta su propia transformación para dar lugar a una regeneración. Para ello se necesitan tres tareas: la cura del cuerpo, la preparación de la mente y la purificación del espíritu.

El sintoísmo, en su fin último, es un instrumento para la búsqueda libre de la felicidad sin dogmas ni ataduras, y por lo tanto no ofrece una salvación absoluta o un paraíso como las religiones teístas, sino una reencarnación una vez se ha logrado llegar a un estadio espiritual superior.

De hecho, según el sintoísmo, cuando el hombre muerte sigue perfeccionando su espíritu en otro plano de la realidad, y ese proceso le puede conducir a convertirse en un kami.

4. Creencia sin dogma ni escrituras

Lo que diferencia el sintoísmo de las religiones teístas es que no existe un dios fundador ni escrituras sagradas.

En el siglo VII la dinastía Yamato asumió el culto sintoísta creando tres mil santuarios y codificando ciertas prácticas, ritos y festividades en algunos libros. Además, existen crónicas histórico-mitológicas que explican la creación del universo y el mundo a través de la concepción animista, pero no pueden considerarse libros sagrados.

Se trata, según los expertos, de una tendencia natural del espíritu japonés, que por lo general rechaza los dogmas como especulaciones contrarias al sentido común y la buena razón.

En cambio, la mitología y la cosmogonía son instrumentos mucho más eficaces porque permiten desarrollar un cuerpo más laxo de creencias que constituyan, más que una estructura rígida de normas y ceremonias, un camino libre, íntimo y natural hacia la renovación.

La cosmogonía sintoísta

Según la compleja mitología sintoísta, antes del universo existía el caos, tras el cual aparece el Señor Centro del Universo: el primer dios de los japoneses se llama Ami-no-minaka-nushi-no-kami. De él nacen dos divinidades: Takami-musubi-no-kami (segundo dios, masculino, creador de las plantas) y Kami-musubi-no-kami (dios femenina ordenadora de la vida).

Estos dos últimos conciben a la diosa Amaterasu, protectora del País del Sol Naciente. Uno de sus nietos, Jimmu, baja a la Tierra para ser ordenado como el primer emperador humano del Japón, de cuya línea descienden el resto de emperadores hasta la fecha de hoy. De esta manera se hilvana la creación del mundo y de la nación.

De esta cosmogonía inicial, sobre todo de los tres creadores, nacen el resto de las divinidades, que se cuentan por millares.

Las ramas del sintoísmo

Como sucede con las demás tradiciones religiosas del Japón, el sintoísmo ha ido incorporando nuevas creencias y prácticas hasta convertirse, con los siglos, en una tradición sincrética. De su complejidad y heterogeneidad salen cuatro grandes ramas.

1. Koshitsu Shintó

Se llama también el sintoísmo de la Casa Imperial y es un conjunto de ritos realizados dentro del Palacio Imperial de Tokio, de uso exclusivo para la familia imperial. A través de estos ritos, el emperador, que es el ser unificador del pueblo japonés, se comunica con la diosa Amaterasu (dios fundadora de la familia imperial) para rogar la fecundidad de Japón.

El más importante de los rituales es el Niinamesai, festival de otoño que se celebra durante la cosecha del arroz: se agradece el arroz recogido y se ofrece el nuevo grano. El ceremonial es dirigido en todo momento por el emperador, aunque por su larga duración a veces se abrevia debido a la avanzada edad del mandatario.

2. Jinja Shintó

Es la forma más ancestral de sintoísmo, también llamada sintoísmo de santuario. En ella se veneran a los kami en los santuarios naturales, aunque después de la Segunda Guerra Mundial los templos pasaron a ser instituciones privadas mantenidas a través de donaciones.

En todo caso, lo importante en el Jinja Shintó es que el individuo se dirija a los dioses de forma natural, sincera y obediente, y también se destaca la alegría y la pureza del corazón. Es la rama más amplia del sintoísmo, pues cuenta con alrededor de unos 80.000 templos o capillas en los que los fieles se adentran a realizar ofrendas a través de los torii (portal).

3. Shuha Shintó

También conocido como sintoísmo sectario, surgió cuando el gobierno Meji intentó a finales del siglo XIX convertir el sintoísmo en una religión de estado. Entonces, algunos individuos empezaron a celebrar las prácticas ancestrales de forma individual y apartada de los santuarios utilizados por el sintoísmo de Estado.

Cada grupo sectario tenía su propio líder que organizaba las prácticas y ritos en base a la tradición del sintoísmo primitivo. De esos grupos surgió la Nueva Secta del Shintó, una mezcla de sintoísmo, budismo y confucionismo que forman una filosofía sincrética.

4. Minzoku Shintó

Es la forma menos visible y más laxa de sintoísmo, porque no está adscrita a ningún ritual concreto ni a ningún santuario. Es algo así como la vivencia de la ética sintoísta en la vida cotidiana del japonés común, mezcla de fe popular y superstición.

Así, por ejemplo, en el período de la cosecha en muchas comunidades se celebra un rito dirigido por un hombre laico, sin la categoría de sacerdote, en base al conocimiento heredado. Inevitablemente, a lo largo de los siglos ha incorporado todo tipo de creencias como el budismo, el taoísmo, el confucionismo y otras filosofías duales.

Las prácticas del Shintó

Para el sintoísmo, los santuarios son lugares naturales en los que habitan las deidades. La comunicación entre el individuo y esas deidades es de carácter íntimo y no responde a la obediencia estricta de normas y oraciones. Pero si existen algunas prácticas rituales recogidas en códigos o transmitidas de forma oral.

1. El misogi

Es el lavado del cuerpo que el individuo realiza en un río cercano al lugar sagrado. Es un elemento básico para recibir a la deidad con el cuerpo limpio. Normalmente basta con lavarse las manos y la boca.

2. Kagura

Son bailes rituales realizados en el mismo santuario, al son de una música tradicional interpretada con instrumentos antiguos.

Detallamos también algunas de las prácticas habituales del sintoísmo. | Imagen de: Bobby Hendry/Unsplash.

 

3. Ofrendas

Los creyentes que quieren agradecer a los dioses o comunicarse con ellos suelen realizar ofrendas, normalmente de algunos alimentos o elementos de la propia naturaleza, como arroz, maíz o flores.

4. Origami

Se dobla un papel hasta formar figuras que pretenden emular la belleza de la naturaleza. Es una antigua tradición japonesa y se utiliza para adornar los santuarios naturales.

5. Celebraciones estacionales

Se celebran normalmente por los equinoccios de primavera y otoño con ocasión del inicio de la cosecha y la recolección. Además se suelen celebrar ritos para los patrones y antepasados locales, y en el aniversario del descenso a la Tierra de Jimmu, primer emperador de Japón.

6. Celebraciones de las fases de la vida

Puesto que en el sintoísmo es muy relevante la evolución del hombre y su espíritu, se celebran las fases de la vida. Por ejemplo, en la Shichigosan Matsuri el sacerdote del templo bendice a las niñas de entre tres y siete años y a los niños de cinco.

El sintoísmo en el Japón contemporáneo

De forma inevitable, a medida que Japón se fue convirtiendo en una potencia internacional en el convulso siglo XX, el sintoísmo fue devorado por las nuevas exigencias militares y las modas en la forma de organización de los estados modernos.

A medida que el nacionalismo japonés se acercaba al abismo de la segunda guerra mundial el imperio empezó a difundir de forma masiva los códigos éticos del espíritu japonés, fundados sobre la filosofía y la mitología del sintoísmo. Así, ante la amenaza del resto de las naciones, el emperador y el Estado encontraron un pueblo unido y conjurado.

El hecho de que a diferencia del individualismo occidental, la ética sintoísta contemple el hombre como una minucia en continua transformación en manos de una naturaleza soberana, explica en parte la facilidad con la que los jóvenes japoneses se suicidaban en los famosos casos kami-kaze.

Tras la derrota militar de 1945, el emperador del Japón negó toda ascendencia divina y reconoció que el pueblo japonés “no se origina en leyendas ni mitos”. Se rompía así con 1.500 años de tradición sintoísta en el pensamiento japonés.

Lo que queda en la actualidad es un sintoísmo folklórico y religioso desligado de la inquebrantable unidad del mismo con el Estado. Existe una extensa red de santuarios mantenidos con donaciones en un Estado laico y aconfesional, en el que no faltan las críticas a la familia imperial por sus rituales sintoístas que muchos consideran pura hipocresía.

  • Te puede interesar: El taoísmo: la doctrina del camino de la perfección.

Bibliografía

LANZACO, F. Shintoísmo, el camino de los dioses del Japón. Universidad de Sophia.

Musubi. 10 de marzo de 2015. The Path of Shinto.

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