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¿Cuál es el sentido de la vida? 5 respuestas posibles

Cinco respuestas a cuál es el sentido de la vida, y cinco enfoques diferentes desde los más pesimistas a los más vitales. ¿Cuál es el tuyo?
Varias respuestas posibles al significado y sentido de la vida. | Imagen de: Radu Florin/Unsplash.

 

Descubrir cuál es el sentido de la vida es una tarea hercúlea: los pensadores más geniales de la historia han debatido sobre ello durante milenios, y no han llegado a una conclusión clara. O sí, pero en opiniones bien dispares que dejan claro que no existe un consenso en torno a cuál es el sentido de la vida.

Para encontrar posibles respuestas al sentido de la vida hay que hacerse primero algunas preguntas. Estas es una modesta guía sobre cuál es el sentido de la vida.

¿Cuál es el sentido de la vida?

Lo que diferencia al ser humano de los animales es su capacidad de pensar, de lo cual nace la angustia existencial de encontrar respuesta a preguntas cruciales. Y la pregunta por excelencia que desde hace siglos intentamos resolver es: ¿Cuál es el sentido de la vida?

La respuesta puede venir dada por las preguntas que realicemos en torno a esta cuestión y, en todo caso, interrogarnos sobre la existencia es un primer paso para resolver el enigma.

1. ¿De dónde venimos? El pasado

En nuestra época actual la interrogación sobre el pasado ha quedado desfasado: la posmodernidad nos ha condenado a la dictadura del presente y la fugacidad. Pero durante mucho tiempo, una de las formas de encontrar el sentido a la vida era analizando y metabolizando nuestro pasado.

Los seres humanos y los animales tienen algo en común: ambos evolucionan. Pero según el darwinismo, los animales evolucionan para su supervivencia, mientras que el hombre evoluciona para progresar.

Y así, si echamos la vista atrás, vemos que la historia de la humanidad es una progresión de estadios de desarrollo social y tecnológico que, utópicamente, tendría que llevar a un progreso ininterrumpido.En la medida en la que nos interroguemos de dónde venimos y por qué hemos evolucionado, como especie, de un determinado modo, podremos encontrar la respuesta al sentido que tiene la vida.

2. ¿Hacia dónde vamos? El futuro

Aunque, de hecho, la pregunta sobre el sentido de la vida suele ser siempre una proyección mental hacia el futuro: hacia dónde vamos, dónde queremos ir.

En este sentido, la pregunta se convierte en un ejercicio de optimismo porque cambia su sentido: ya no preguntamos cuál es el sentido de la vida, sino qué sentido queremos dar a nuestra vida. El futuro es una oportunidad de construcción de nuestro proyecto vital.

Aquí, por lo tanto, la pregunta ya no tiene un tono pasivo sino un sentido activa que nos da responsabilidad como constructores de nuestro camino. La respuesta deja de ser algo predefinido, y llena el espacio de la opcionalidad.

3. ¿Cuáles son tus preferencias? El presente

Al fin, la pregunta sobre cuál es el sentido de la vida y qué sentido le queremos dar se resume en una cuestión de potencialidades y preferencias. Por eso los más optimistas consideran que, aun cuando la vida no tuviera sentido alguno, nosotros podemos dárselo.

¿Cómo? Analizando nuestras potencialidades, organizando nuestras preferencias y sirviéndonos de nuestra capacidad para construir nuestro proyecto vital. Según nuestras preferencias, nuestras potencialidades y otros condicionamientos optaremos por una respuesta más optimista o pesimista, individual o colectiva, ambiciosa o conservadora.

5 respuestas posibles al sentido de la vida

De todas esas reflexiones y de las condiciones en las cuales nos desenvolvemos sacaremos conclusiones muy dispares que ofrecen varias respuestas posibles al sentido de la vida. Estas son algunas de ellas.

1. Respuesta pesimista al sentido de la vida

Ha predominado durante muchos siglos y está muy condicionada por la mentalidad forjada a través de las creencias religiosas. De hecho, es aún una idea muy extendida en nuestras sociedades el pensar que esta vida no es la más importante.

El cristianismo extendió la idea de la vida terrenal como un valle de lágrimas, concepto tomado por otras concepciones religiosas o filosóficas tendientes al fatalismo y el pesimismo. Según esa perspectiva, el sentido de la vida es trampearla como se pueda tratando de superar el dolor y el sufrimiento, lo cual es inherente al hombre.

Muchas personas, al interrogarse sobre el sentido de la vida, no le ven ningún sentido, pues focalizan su relevancia en el punto de la muerte y el más allá. Sin embargo, esta idea ha ido quedando desfasada en pro de interpretaciones más vitales y optimistas.

1.1 Perspectiva religiosa

El sentido de la vida cambia incluso dependiendo de la religión a la que nos refiramos, pero existen algunos puntos de conexión entre todas ellas.

Según la concepción religiosa, lo que ocurre en la Tierra, y por lo tanto también en los seres humanos, responde a la voluntad divina: el individuo es un actor pasivo. Además, la muerte es lo que da sentido a la vida.

De ahí esa perspectiva taciturna y pesimista. Para tradiciones como el judaísmo o el cristianismo el sentido de la vida es vivir con ajuste a los mandamientos divinos, entre los cuales ocupa un puesto especial el amor al prójimo.

1.2 El nihilismo

La variante filosófica laica de este pesimismo vital es el nihilismo, tendencia que niega la existencia de todas las cosas y la posibilidad de llegar al conocimiento. Puesto que nada existe, da igual lo que hagamos: esa fue una justificación para la realización del crimen y la extensión del mal en el siglo XX.

Quien más popularizó esta vertiente filosófica fue Nietzsche, quien comparaba al cristianismo con el nihilismo en tanto que proponía una supresión de la mortalidad y el sufrimiento. Pero para Nietzsche el nihilismo partía precisamente de la muerte de Dios como superación de la sujeción del individuo a una seguridad falsa.

Puesto que nada existe, tampoco puede existir la idea de Dios: el nihilismo moderno deja al individuo solo ante un mundo cruel en el que no hay más sentido de la vida que el hecho de que no tenga sentido. Por eso la moral no existe.

2. Respuesta optimista al sentido de la vida

En la vida existe el sufrimiento y el dolor, sí, pero el hombre tiene la capacidad de superarlos potenciando otras emociones positivas que consigan vencer al desánimo. Según esta teoría, el sentido de la vida es darle sentido: el dolor es opcional.

2.1 Perspectiva esotérica

Coincide con algunas concepciones de las religiones orientales en considerar que el sentido de la vida es llenarla de sentido a través de un camino a la perfección. Se trata de una filosofía de corte individualista que invita al individuo a perfeccionar su mundo interior para alcanzar un nivel superior (llámalo Nirvana…).

Desde esta perspectiva, el sentido de la vida es, por ejemplo, hacer el menor daño posible y procurar obrar bien (filosofía del karma) o vivir en conexión con la naturaleza (religiones animistas) a través de la meditación y varios rituales (religiones de tipo budista). 

La resultante de esta forma de ver la vida es un estilo de vida ascético y pacífico. El objetivo último es conectar al individuo con las divinidades y el cosmos. La felicidad, en este caso, no está en lo material, sino en lo individual.

2.2 Humanismo o respuesta colectivista

Otra forma de entender el sentido de la vida es a través de la acción colectiva para la consecución de un mundo mejor. Según esta concepción, el individuo no es nada si no dedica su vida a hacer mejor la vida de los demás y el mundo que nos rodea.

Este humanismo suele partir de la idea de que no existe Dios ni ninguna fuerza superior, y que por lo tanto la responsabilidad de la mejora del mundo es exclusivamente de los hombres y las mujeres que, organizándose y trabajando de forma conjunta, adquieren un poder de grandes dimensiones.

La solidaridad, el altruismo y la colectividad son algunas vertientes ese humanismo que es característico de la era contemporánea. Según esa forma de procesar la existencia, mi vida no tiene sentido si no la dedico a los demás. La felicidad está en renunciar a la propia riqueza o incluso la propia felicidad para un bien común.

2.3 Carpe diem o respuesta individualista

Podríamos asegurar sin miedo a equivocarnos que forma parte del paradigma cultural y social de nuestros días, y por lo tanto, esta es la opción más atractiva para nuestra generación.

Muchos creen hoy en día que lo único que da sentido a la vida es experimentarla de forma radical, exprimiendo cada instante. Esto lleva a una forma de vivir la vida inevitablemente egoísta, pues se trasmite la idea de que lo único que puede hacer feliz al hombre es experimentar placer y buscar la felicidad momentánea e individual.

Este hedonismo lleva a evitar cualquier sentimiento o pensamiento negativo, desterrando el dolor y la muerte del día a día. Esta concepción tiene por bandera el Carpe Diem, que insiste en la fugacidad de la vida y, al negar la existencia de una vida más allá de la muerte, interpela al individuo a vivir al límite.

La felicidad, en esta concepción, está en lo material, los placeres y lo tangible.

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