Carácter Urbano

Telegram : +34 639 048 422

E-Mail: info@oblivionmedia.com

20 oficios antiguos que ya no existen

Estos oficios antiguos permitían salvar los obstáculos causados por la falta de recursos en el pasado, pero en la actualidad la gran mayoría no han sobrevivido a la expansión tecnológica.
El de limpiabotas es uno de los oficios antiguos más recordados. | Imagen de: Lewis Hine.

 

La sociedad ha ido cambiando con el paso de los años, eso es más que evidente. Este progreso gradual ha traído consigo modificaciones a varios niveles, posibles gracias a los avances tecnológicos, que a su vez, han supuesto un cambio en las necesidades de los ciudadanos. Un ámbito de los que más se ha transformado ha sido el de los oficios antiguos, profesiones que ya no se realizan o que han dejado de existir.

20 oficios antiguos que ya no existen

Los trabajos de antaño pretendían cubrir necesidades que no podían ser resueltas por la falta de tecnología:

1. Acomodador

Alguno quedaba cuando un servidor ya había nacido, aunque por entonces ya era raro verlos. En los cines o teatros era frecuente encontrarnos con esta figura, cuya tarea consistía en acompañar a los asistentes a estos eventos al interior de la sala y, una vez dentro, indicarles cuáles eran sus asientos. El acomodador trabajaba provisto de una linterna, para evitar realizar su labor a oscuras y facilitar a los clientes un mejor servicio.

Igualmente, permanecía dentro de la sala y mandaba callar al público ruidoso, algo por lo que se echan en falta, especialmente en ciertas salas de cine, invadidas por hordas de cavernícolas asilvestrados que no saben guardar las formas ni respetar al prójimo.

2. Aguador

El aguador recorría las viejas calles adoquinadas de las ciudades y pueblos, llevando una carreta de madera (habitualmente tirada por animales de arrastre) que iba cargada con cántaros llenos de agua. Su profesión consistía en proveer de agua potable a las viviendas cuando no existía el sistema de agua corriente.

No obstante, en ciertas zonas remotas del planeta todavía existen aguadores, especialmente aquellas más empobrecidas.

3. Colocador de bolos

En las boleras de antaño, cuando alguien anotaba un tanto y tiraba los bolos, ¿quién crees que los volvía a poner en posición? Nada menos que niños o adolescentes que tenían asignado un carril que debían vigilar y, cuando los bolos cayeran, recolocarlos rápidamente para que se pudiera seguir jugando.  

No obstante, con la aparición de máquinas que realizan esta función y que devuelven las bolas una vez desaparecen por el hueco, ser colocador de bolos pasó a ser otro de los oficios antiguos que ya no existen.

4. Colchonero

Pocos recordarán o habrán probado lo que era dormir sobre un colchón de lana. Acostumbrados a materiales sintéticos y ergonómicos, lo cierto es que esto puede sonar a reliquia. No obstante, antiguamente todos los colchones estaban fabricados con lana, un tejido que con el tiempo deformaba la pieza.

Con tal de que recuperase la forma y pudiera seguir utilizándose sin molestias, se enviaba al colchonero, que a base de golpes de vara lograba devolverlo a su estado original.

5. Comadrona

También conocidas como “parteras”, se trataba de mujeres especializadas en la asistencia durante el alumbramiento. Cuando era el momento de traer al mundo al recién nacido, la comadrona se desplazaba al hogar de la parturienta, se colocaba entre sus piernas y la ayudaba a expulsar al bebé.

No es que se trate de una profesión que ya sea historia, pues las áreas de maternidad de los hospitales cuentan con lo que ha pasado a denominarse “matronas” o “profesionales en obstetricia”, personas con formación especializada que realizan el seguimiento del embarazo, incluyendo los aspectos relacionados con la salud de la madre y el bebé.

6. Ascensorista

Antiguamente, los ascensores funcionaban accionando manualmente una palanca, por lo que uno de los oficios antiguos más frecuentes en las grandes ciudades era el de ascensorista. ¿A qué se dedicaban? Nada menos que a abrir y cerrar las puertas de estos aparatos, a pulsar los botones de cada piso según subieran o bajaran y al manejo de la palanca que iniciaba el movimiento. También como parte de sus obligaciones, estaba el anunciar en voz alta todas las plantas en las que iba deteniéndose.

Si bien son una anécdota casi olvidada, actualmente se encuentran ascensoristas en algunas urbes y edificios de categoría, como lujosos hoteles, apartamentos u oficinas.

7. Deshollinador

Durante los meses de más frío no había otra manera de calentar las casas que al calor del hogar, así que se inventó la chimenea para evitar que el humo se acumulase en el interior de la estancia. Sin embargo, llegaba un punto el que las paredes de estos conductos se llenaban de hollín y ya no evacuaban bien el exceso de gases.

Aquí es donde entraba en escena el deshollinador, un trabajador que subía al tejado de las casas y edificios armado con un surtido de cepillos de gran tamaño, para rascar las paredes y retirar el poso de suciedad que quedaba incrustada. Los deshollinadores también tenían la obligación de llevar a cabo el mantenimiento y arreglo de los desperfectos en los sistemas de ventilación de antaño.

8. Despertador

Este es uno de esos oficios antiguos que surgieron como respuesta a los cambios que la Revolución Industrial trajo. Para que los obreros que trabajaban en las fábricas estuvieran en su puesto a la hora, los despertadores humanos rondaban desde el alba las calles donde los operarios residían y golpeaban en las ventanas para que no se les pegaran las sábanas.

9. Farolero

Previa a la invención de la electricidad, antes de que se aprovechara la luz eléctrica para su uso en casas o en la industria, las calles se iluminaban con faroles alimentados de aceite.

Los faroleros debían encargarse de que estos sistemas alumbraran correctamente: tenían asignadas las calles por las que debían patrullar y, llegada la noche, se subían a una escalera para encender estas grandes lámparas. Como tareas complementarias, también llevaban a cabo funciones de la vigilancia y del orden durante las horas de sueño.

10. Hilandera

La lana extraída de las ovejas se hilaba manualmente gracias a las hilanderas, que eran quienes cogían los grandes fajos de lana cardada y convertían cada filamento en hilos separados entre sí, obtenidos a base de entrelazar varias hebras entre sí.

Siglos atrás, esta tarea era manual, luego se emplearon ruecas que facilitaban el proceso de hilado y, con la industrialización, los grandes telares acabaron con uno de los oficios antiguos más típicos.

11. Lechero

En las zonas rurales donde el ganado pastaba era de donde se obtenían también materias primas de origen animal.

Se denominaba “lecheros” (hombres y mujeres por igual) a quienes desempeñaban uno de los oficios más antiguos del campo, que consistía en ordeñar la leche de vacas, cabras u ovejas y recogerla en grandes recipientes; aunque también la distribuían y vendían a particulares o a negocios.

12. Herrero

Los objetos de metal eran producidos por el herrero, un artesano especializado en la manipulación de los metales. Este oficio se aprendía desde edades tempranas y era de vital importancia para la elaboración de herramientas del campo o de uso doméstico, así como de armamento para el ejército o elementos decorativos, por ejemplo figuras y estatuas.

En sus grandes hornos, los herreros lograban dar forma a metales en estado casi líquido, como el hierro o el acero, antes de que se solidificaran; siempre ayudados por utensilios como el martillo y el yunque.

13. Lector de fábricas

Para tener entretenidos a los operarios de las grandes fábricas a comienzos del siglo XX, existía la figura del lector, el encargado de amenizar el rutinario trabajo en estos establecimientos leyendo las noticias de los periódicos y otros textos de cualquier tipo.

Sin embargo, la invención de la radio contribuyó a acabar con oficios antiguos como este.

14. Pregonero

¿Cómo se enteraban antiguamente de las novedades que ocurrían en la ciudad los habitantes de las áreas más remotas? Mucho antes de la llegada de la fibra óptica, existían los pregoneros, que comunicaban las noticias ocurridas en otras ciudades y aquellos eventos de más relevancia que habían tenido lugar o que próximamente lo harían, en la misma localidad.

Cuando hacían sonar la corneta para llamar la atención de los vecinos, la multitud se congregaba en torno al pregonero para conocer de buena mano las nuevas. Sin duda, era uno de los oficios antiguos de más responsabilidad.

15. Limpiabotas

Conocidos por otros nombres, como “lustrabotas” o “lustradores”, todavía hoy podemos ver los últimos estragos de esta vieja ocupación en ciertas partes del mundo, donde sigue suponiendo la única fuente de ingresos de muchas familias depauperadas.

La labor de un lustrabotas no es otra que limpiar y abrillantar el calzado, habitualmente de cuero o de piel girada, utilizando cepillos para sacar el polvo y cremas como el betún para que los zapatos recuperen su color.

16. Plañidera

Las plañideras eran mujeres a las que se pagaba para que acudieran a los entierros de los fallecidos y llorasen. Como es de suponer, ya nadie se dedica a este trabajo, ya que probablemente se percibiría como algo raro y desfasado.

17. Conductores de troncos

Antes de que existieran los transportes de carga, los trabajadores de la madera se jugaban la vida desempeñando peligrosos oficios antiguos como este, también conocido en algunas regiones con el nombre de “gancheros”.

Los conductores de troncos aprovechaban las corrientes fluviales que descendían desde los frondosos bosques de los que obtenían los troncos. Subidos encima de la multitud de leños que flotaba, iban los conductores de troncos, que los dirigían con un palo largo que evitaba que se atrancasen en la orilla y les servía a modo de remo. A la cabeza de estas cuadrillas de intrépidos trabajadores estaba el que conocía como “maestro del río”, encargado de guiar a la compañía hasta los aserraderos.

18. Santero

Nada que ver con quienes hoy en día practican la magia negra. Por el contrario, los santeros eran personas que portaban tallas esculpidas a mano, estampas u otras imágenes pintadas por ellos mismos, que representaban a los santos a los que rezaban.

Caminando por las calles de los pueblos, vendían estas ofrendas a cambio de limosnas en forma de monedas o de la voluntad de los feligreses, a quienes les aseguraban la buena fortuna por la acción realizada.

19. Sereno

Los serenos eran los encargados de la vigilancia de las calles durante la noche. En algunos lugares, el sereno desempeñaba también la función de farolero, mientras que en otros, también contaban con un juego de llaves de todos los portales que custodiaban, en caso de que alguno de los dueños no tuviera las suyas consigo.

La contratación de porteros nocturnos que vigilan los edificios por las noches, mucho más práctico que tener a un único hombre o dos patrullando las calles, acabó con uno de los oficios antiguos destinados a garantizar la seguridad de los vecinos.

20. Telefonista

Cuando las llamadas viajaban a través de los cables de telefonía, las telefonistas (habitualmente mujeres), eran las que garantizaban que dos interlocutores pudieran comunicarse a pesar de la distancia.

Su monótono trabajo se basaba en conectar manualmente las llamadas que llegaban al panel de la centralita telefónica, frente al cual estaban sentadas. Gracias a estas operadoras era posible saber si la persona a la que se trataba de contactar se encontraba disponible o no, en cuyo caso podía anotar los mensajes para transmitirlos posteriormente.

Comentarios