Cómo limpiar zapatos de ante y de piel, y cuándo usarlos

Los zapatos de ante y de piel son excelentes para ocasiones formales, pero requieren ser limpiados de manera especial. Descubre cuándo usarlos y cómo cuidarlos.

Un buen par de zapatos son básicos en el armario de todo caballero que desee vestir con elegancia. No hay nada como lucir unos zapatos de piel de forma lustrosa, como colofón a un buen traje.

Sin embargo, como toda prenda de vestir, los zapatos requieren de un mantenimiento y cuidado, pues al estar en contacto con el suelo, es habitual que se ensucien, se hagan marcas en el tejido o se desgasten, perdiendo su color original. Unos zapatos con apariencia ajada desmerecen bastante la imagen, así vamos a dar una serie de consejos básicos sobre cómo pulir y lustrar zapatos de ante y de piel, para que resplandezcan como nuevos.

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¿Cuándo usar calzado de ante?

Aunque haya gente que combine indistintamente piel lisa y ante, lo cierto es que ambos materiales están pensados para ocasiones diferentes, según la formalidad requerida,  la forma del zapato o la combinación con la vestimenta.

En lo que a seriedad respecta, el zapato hecho de ante es lo menos adecuado, sea del tipo que sea (con cordón, hebilla o mocasín). Ahora bien,  esto no quiere decir que esté completamente prohibido llevarlos; al contrario, ya que los zapatos de ante se pueden vestir perfectamente con un conjunto más informal.

¿Cómo limpiar calzado de ante?

El ante se obtiene de la parte interna de la piel del animal que se emplee, que puede ser de ternero, cordero, cerdo e incluso de alce; de ahí que también se conozca como “piel girada”.

Debido a su delicadeza, el ante requiere de un cuidado extremo:

1. Un buen cepillado

Esta parte es común también a los zapatos de piel lisa. Cuando se trata del ante, conviene que tengamos el hábito de cepillarlo al menos una vez cada semana. No obstante, esto dependerá del uso que se le dé al zapato, de modo que cuanto más los llevemos, más necesidad de ser cepillados.

Es importante utilizar un cepillo de cerdas no muy gruesas, para no marcar la piel con ellas y que se estropee; en este sentido, los cepillos de crin de caballo son una elección acertada. De la misma forma, realizaremos movimientos suaves con el cepillo por encima de la superficie, así que mejor tratar de ser lo menos impetuoso posible cuando se realice la limpieza.

Gracias al cepillo, quitaremos los restos de polvo y ácaros que se depositan por todas partes, de modo que aunque guardemos los zapatos en su caja, no deberíamos obviar la importancia de este paso.

2. Spray impermeabilizante

Comenzábamos este apartado mencionando lo sensible que es el ante y la escrupulosidad con la que debe tratarse. Para evitar que la piel curtida se dañe, conviene rociarlo con un spray impermeabilizante, que protege al zapato con una película que evita que queden lamparones de agua. Estos aerosoles realizan su muy bien su función si se va a salir a la calle en un día de poca lluvia.

La forma de aplicación es sencilla:  basta con pulverizar homogéneamente todo el zapato con el producto, a una distancia de unos 15 centímetros de distancia, y asegurarse de recubrirlo por completo. A continuación, lo dejaremos reposar unos minutos para que se asiente bien. En cualquier zapatería especializada se pueden encontrar estos sprays o, si se prefiere, también en los supermercados.

¡Mucho ojo! Los aerosoles impermeabilizantes únicamente serán efectivos para repeler el agua de lluvia si ésta no cae de forma torrencial; de modo que si está cayendo un aguacero será mejor dejarlos en casa y ponernos otro calzado. Igualmente,  las manchas de aceite puede que sean difíciles de sacar, así que lo mejor será llevarlos a un zapatero para que nos trate de ayudar.