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Ortorexia nerviosa: cuando la "buena" comida es una obsesión

Este trastorno no deja de aumentar en la población occidental desde hace unos años.

La ortorexia consiste básicamente en una obsesión por la comida sana. | Imagen: Wikimedia Commons.

 

¿Conoces a alguien preocupado hasta el extremo por su alimentación? ¿Alguien, por ejemplo, que no coma carne, que haya eliminado de su dieta el azúcar o los alimentos procesados? Parece que actualmente hay una tendencia que va en aumento de comer únicamente alimentos naturales y sin aditivos. No obstante, la ortorexia nerviosa es la prueba de que incluso comer sano puede ser perjudicial.

En el siguiente artículo vamos a hablar acerca de este trastorno, que puede llegar a ser muy incapacitante si se ejerce un control demasiado férreo sobre lo que se come, debido a la preocupación excesiva por  llevar con rectitud una dieta estrictamente saludable.

Antes que nada, que quede claro para todo el que nos lea que no pensamos criticar ningún estilo de vida o de alimentación. Al alcanzar cierta edad podemos tomar las decisiones que más se ajusten a nuestros valores y moral; así que quien se sienta más cómodo negándose a comer determinados alimentos porque eso traicionaría a su consciencia, adelante.

¿Qué es la ortorexia nerviosa?

Cuando el interés por llevar una vida lo más saludable posible pasa por imponer una serie de normas de conducta alimentarias y se transforma en preocupación excesiva por aquello que se va a ingerir, hablamos de ortorexia nerviosa.

Una persona con este trastorno siente una obsesión malsana por comer sano que le puede llevar a querer conocer compulsivamente la composición de todos los alimentos que conforman su régimen, de forma que únicamente coma aquello cuyos ingredientes sienta que le conviene a su cuerpo.

Entendemos que en esta definición encajaría toda persona que no sufra ninguna alergia a los componentes de ciertos productos (como al gluten, a los frutos secos o la intolerancia a la lactosa), y que aun así opte por privarse voluntariamente de los mismos.

La ortorexia nerviosa no es un concepto nuevo (de hecho, el término fue acuñado ya en los años noventa), pero su incidencia ha ido en aumento debido a esta fijación, cada vez mayor, por una nutrición limpia. De acuerdo con los estudiosos acerca del trastorno, quien sufre de ortorexia se encarcela a sí mismo y se vuelve preso de reglas nutricionales autoimpuestas.

¿Qué es, para algunos, "comer sano"?

Empezábamos este texto con algunos ejemplos de lo que hoy en día muchos atribuyen a comer sano. De niños, cuando íbamos al colegio se nos instaba a que teníamos que aprender a “comer de todo” y se nos explicaba que nuestra dieta debía ser lo más variada posible. Sin embargo, cuando crecemos y nos hacemos mayores, al tomar las riendas de nuestra vida, muchos deciden comenzar a imponerse algunas restricciones alimentarias.

¿Ejemplos? Los que se quieran: Muchos no intolerantes a la lactosa repudian beber leche de vaca y optan espontáneamente por alternativas como la de arroz, avena o soja, alegando que son mucho más digestivas, o bien amparándose en dichos como que “el ser humano es el único animal que bebe leche de otros animales” o que “en la naturaleza, otros animales dejan de beber leche cuando se destetan y no la vuelven a probar”.

Otros ejemplos son el ya clásico vegetarianismo basado especialmente en dejar de comer carne, el veganismo (una versión más inflexible aún que elimina el consumo de todo aquello que provenga de un animal), no comer pan de harina de trigo, alimentos procesados o que contengan azúcares refinados (bollería industrial).

Efecto debilitador en la salud

Denegar al organismo ciertos nutrientes porque sí puede ocasionar riesgos para la salud si se lleva hasta extremos demasiado radicales. Al privarse de demasiados nutrientes necesarios para el cuerpo, los ortoréxicos pueden acabar padeciendo secuelas físicas graves: desde un déficit en su sistema inmunológico, pasando por huesos más débiles o una mala función de la glándula tiroides.

Otra posible repercusión negativa es la falta de vitaminas como la B12, que se encuentra especialmente en huevos, carne o pescado, precisamente alimentos de los que muchos veganos rigurosos reniegan con tal de no romper su compromiso con los animales.

¿Es la ortorexia nerviosa un trastorno alimenticio?

No. Aunque comparte algunos rasgos con trastornos como la bulimia o la anorexia (debido a la hipervigilancia que se genera ante la comida), la ortorexia nerviosa tiene más que ver con la fijación por una dieta excesivamente severa que incluya únicamente alimentos puros con tal de mantener el cuerpo incorruptible.

Al contrario que con la anorexia, los ortoréxicos no se centran únicamente en comer lo menos posible con tal de no ganar peso, ya que no siempre tienen como última meta la pérdida de peso.

Aunque no esté médicamente reconocida como sí lo están la anorexia o la bulimia, la ortorexia nerviosa es algo más cercano a una fobia que a un trastorno alimentario; así que puede ser tratada con técnicas como terapia conductual, lo que implicaría al sujeto a aprender cómo comportarse en situaciones que le generan ansiedad y que tengan a ver con la comida, técnicas de relajación o analizar los pensamientos y creencias asociados.

Afecta a las relaciones sociales

La ortorexia nerviosa aparece cuando “comer bien” se antepone a las relaciones personales y cuando causa que la persona descuide su estilo de vida habitual. Imponer estas normas de conducta alimentaria provoca retraimiento y evitación de compromisos sociales en los que haya comida de por medio; así como alejarse de una vida normal dedicando demasiado tiempo a preocuparse por lo que se come.

Durante los últimos años, en algunos ámbitos de la población, especialmente más joven, ha aumentado esta predisposición por llevar una vida lo más saludable posible, algo que se ha convertido en todo un fenómeno cultural. Pese a que no hay nada malo en querer vivir de forma sana y en alimentarse de lo que a uno le guste y apetezca, conviene vigilar en no hacer de esto una especie de religión con dogmas irrompibles y que ello nos haga tomarnos la vida demasiado en serio.

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