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En las carreteras, ¿por qué se echa sal para disolver hielo?

Descubre por qué la sal disuelve el hielo, cómo se usa en las carreteras y otras alternativas mejores.
La sal puede ser el gran aliado y salvavidas de los conductores en zonas nevadas. | Imagen de: GTRESONLINE.

 

Se acerca el invierno y con él, bajas temperaturas, nevadas y heladas. La llegada de la estación más fría, obliga a que muchos lugares condenados a lidiar con estas condiciones climáticas adversas, se preparen para que lo máximo que les depare la “blanca Navidad” no sea más que una bonita estampa que poder fotografiar, sin mayores preocupaciones.

Es una imagen típica de estas fechas encontrar a operarios esparciendo con palas por las carreteras, grandes cantidades de sal que permitan que los coches circulen de forma segura y disminuyan el riesgo de falta de adherencia de sus neumáticos a las capas de hielo que se formen.

Ahora bien, ¿por qué razón se echa sal a las calzadas?

Una sencilla reacción química

La razón por la que se echa sal a las carreteras para fundir el hielo es química. Contrariamente a lo que muchos pueden pensar, la sal no funde el hielo (como haría el calor); sino que lo disuelve. Veamos por qué ocurre esta simple reacción:

Unión y separación de átomos

La sal (NaCL o “cloruro sódico”), contiene cristales formados por átomos de cloro y sodio, de ahí su nombre. El cloro perderá un electrón que el sodio “tomará prestado”. De esta forma, el primero estará cargado negativamente y el segundo, de forma positiva (anión y catión, respectivamente).

Lo mismo ocurrirá cuando el cloruro de sodio interactúe con el agua (H20), cuyos componentes, hidrógeno y oxígeno,  también están cargados.

Puentes de hidrógeno

Se conoce con esta expresión al enlace entre moléculas que generan cargas parciales. Generalmente, estos puentes funcionan mejor en agua, ya que el líquido elemento aumenta la fuerza de atracción entre el mismo hidrógeno y una molécula de carga parcial.

Cuando las temperaturas son superiores a 0º, dichas uniones no pueden acabar de enlazarse por completo, por lo que su estado seguirá siendo líquido, pues las moléculas se mueven a demasiada rapidez como para cambiar de estado. Por contra, si las temperaturas están por debajo de 0, la velocidad baja, se crean puentes de hidrógeno y el agua pasa a solidificarse.

Al echar sal, ésta se disuelve en agua, de modo que sus iones de sodio (positivo) y los de cloro (negativo), flotan en ella. Cada uno atrae a moléculas de hidrógeno y oxígeno del agua según su carga, rompiendo los puentes de hidrógeno. Al romperse, el agua se mantiene líquida, pues la temperatura de congelación de la solución resultante de ésta con la sal, baja hasta los -21º. Dicho de forma sencilla, se requerirá mucho más frío para que se forme hielo.

Gracias a que el punto de congelación de la mezcla de agua y sal es tan bajo, las carreteras transitables permanecen despejadas de hielo, pues difícilmente hará tanto frío como para que dicha mezcla también se hiele.

Tirar sal antes o después de que hiele, no importa

Aunque siempre se aconseja adelantarse a las nevadas y echar sal antes por si acaso; no habrá problema en hacerlo una vez ha caído. Es decir, la nieve se disolverá igual echemos antes o después,aunque quizás tarde un poco más. No obstante, lo que no sabremos es si por actuar a posteriori, esto generará algún percance a los conductores; al fin y al cabo, no se pueden minimizar las consecuencias de una nevada.

Esparciendo antes sal por la calzada, se logra que la nieve que vaya a caer no cuaje al acumularse en el suelo, sino que se licue por la acción de la sal. Igualmente, que no cunda el pánico: la sal disolverá el hielo aunque ya haya nevado. Como decíamos, el punto de congelación de la solución agua + sal baja hasta los 21 bajo cero, lejos de los 0 grados a los que lo hace el líquido elemento en solitario.

Esta técnica servirá tanto para nevadas, heladas e incluso cuando llueva o haya niebla, ya que al haber rociado esta solución antihielo sobre el pavimento, por la noche, cuando más bajan las temperaturas, se reducirán las posibilidades de que se genere hielo.

En definitiva, lo que hace la sal es incrementar la seguridad del tráfico de vehículos, ya que aumenta la adherencia y tracción al asfalto de los mismos.

Formas de aplicar la sal en carreteras

Suele haber la costumbre de tirar palas de sal seca en forma de cristales, si bien no es raro encontrar que ya venga disuelta en agua, para así no esperar a que se mezcle con la nieve que haya en el suelo o que tenga que caer. De este modo, se rocían las carreteras con la disolución. Ahora bien, hay que tener en cuenta que, según la concentración de sal, la temperatura de congelación bajará o subirá, así que conviene aumentar su proporción si se prevé un frío extremo.

Para garantizar una mayor efectividad, también puede añadirse arena a la mezcla, lo que contribuirá a que los neumáticos de los coches se adhieran mejor a la superficie.

Contras de la sal

A pesar de su efectividad, la sal es un agente muy agresivo. No es raro que, cuando los operarios de las carreteras esparcen cloruro de sodio a la vía, accidentalmente pueda caer sobre zonas no asfaltadas, cosa que hace que se seque la tierra, impidiendo que nada pueda crecer después.

Además, es un potente corrosivo que oxida los metales de que están hechas las señales, quitamiedos, postes o incluso los bajos de los propios coches.

Alternativas a la sal

Precisamente por lo que comentábamos en el anterior punto, muchos países utilizan remedios alternativos contra las heladas en carreteras.

Por ejemplo, en lugares como Suiza o Suecia, donde las nevadas son algo frecuente, no se permite usar continuamente estos compuestos salinos por su impacto en el medio ambiente. En su lugar, se emplean productos anticongelantes, como acetato de calcio, magnesio o potasio. La pega es que son más caros que la sal. Otra opción que también suelen tomar, es echar gravilla en zonas peatonales, así como obligar a los conductores a circular con los neumáticos de nieve puestos.

No obstante, en zonas donde nieva de forma esporádica, se sigue recurriendo a la sal, precisamente por su facilidad en la producción.

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