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Tatuajes oculares: la mala idea de esta modelo y su triste consecuencia

Esta modificación corporal está de moda y es extremadamente peligrosa.
La moda de tatuarse los ojos está en alza, y sus consecuencias son terribles. | Imagen: Catt Gallinger.

 

En los últimos tiempos, tatuarse ha pasado a ser una tendencia que cotiza al alza en la sociedad occidental. Los tatuajes se han convertido en la nueva forma que muchas personas encuentran para expresar gustos, preferencias, e incluso ideologías; una especie de muro de Facebook que uno lleva consigo a todas partes, que va actualizando a medida que añade un nuevo tatuaje y que muestra al resto del mundo.

Sin embargo, algunos van más allá en lo que a modificaciones corporales se refiere. Esto es lo que le ha ocurrido a Catt Gallinger, una modelo canadiense a la que le pareció buena idea colorearse la esclerótica. Según parece, el procedimiento salió mal y ahora Catt puede perder la visión de su ojo derecho. Veamos qué ha ocurrido y cómo se ha llegado a estos extremos.

El apogeo del body modding

Parece ser que llenarse la piel con tinta comienza a estar ya desfasado para algunos, a pesar del boom que está haciendo que cada vez parece ser que hay más cantidad de gente tatuada. El conocido como body modding es una práctica que consiste en transformar partes de nuestra anatomía de forma deliberada por motivos estéticos, religiosos, como símbolo de afiliación a un grupo o como forma de expresión.

Realizarse modificaciones corporales (dilataciones o la llamada “lengua bífida”), implantes subdérmicos (insertarse quirúrgicamente pequeñas piezas de diferente forma debajo de la piel para que ésta tenga relieve) o la escarificación (realizar cortes o quitar trozos de piel de manera que quede un dibujo en la superfície de la piel) son nuevas formas, un tanto particulares, de poner a prueba la creatividad en el cuerpo de uno mismo.

Arte corporal al límite: tintarse la esclerótica

Pero colorearse o alterar el relieve de la piel no son las únicas formas de convertir el cuerpo en un lienzo; ahora ya hay incluso quienes deciden colorearse colorearse la esclerótica. La esclerótica es la membrana exterior que rodea el globo ocular, lo que coloquialmente llamamos “el blanco de los ojos”.

Por lo visto, tatuarse la esclerótica es una moda habitual entre los biohackers, una corriente de acción y pensamiento cuyos miembros pretenden mejorar las relaciones entre humanos y tecnología mediante la implantación de dispositivos electrónicos en su cuerpo, con la esperanza de que, fusionándose con las máquinas, el ser humano pueda aumentar su eficiencia realizando tareas que en un principio se encomendaban a aparatos electrónicos.

El infierno de Catt Gallinger tras tintarse la esclerótica

Tintar esta delicada parte del cuerpo es algo que entraña riesgos y si no que se lo pregunten a Catt Gallinger: esta modelo canadiense se sometió a la coloración de su esclerótica derecha a finales de verano. No obstante, lo que pretendía ser una forma más atrevida de decorar su ya tatuado y atravesado cuerpo, pronto se le volvió en su contra.

No pasó demasiado tiempo (unas cuatro semanas después de someterse al procedimiento de tintado) hasta que la joven comenzó a notar que su ojo supuraba un líquido morado. Asustada, corrió al hospital, donde le recetaron antibióticos y esteroides para suprimir el dolor. Lamentablemente, tras una primera semana, su ojo se inflamó, el dolor persistía, su visión se tornó borrosa y el líquido púrpura se había extendido, rodeando el globo ocular y cubriendo en parte la córnea.

Después de semanas con esta agonía, parece que a la exmodelo no le queda más remedio que someterse a cirugía para que no perder totalmente la visión de ese ojo. Aunque su córnea no haya quedado dañada, Catt Gallinger no podrá recuperar la vista del ojo derecho y verá siempre borroso, según le dijeron los profesionales del centro hospitalario. Aun así, la chica espera que la cirugía contribuya a que la situación no empeore.

Los médicos y cirujanos que la han atendido desde entonces consideran que el instrumental con el que se llevó a cabo el procedimiento no estaba en buenas condiciones ni reunía los requisitos higiénicos para garantizar la seguridad de Catt y que, probablemente, ni el tamaño de la aguja ni la cantidad de tinta inyectada eran las adecuadas.

Para su desgracia, Catt ha cancelado todos sus proyectos y perspectivas de modelaje, además de haber tenido que invertir mucho dinero en su tratamiento. Ahora, Catt utiliza las redes sociales para explicar su experiencia y avance después de lo ocurrido; de este modo, espera que su ejemplo sirva para advertir sobre los peligros de los tatuajes oculares.

Teñirse los ojos para ver por la noche

Más allá de cuestiones estéticas y éticas, Gabriel Licina, un investigador bioquímico que forma parte de un equipo de biohackers californiano, se utilizó a sí mismo de conejillo de indias para un experimento. Este valiente fue el voluntario elegido entre sus colegas para inyectarse en los ojos una sustancia llamada “Clorina e6”, que puede encontrarse en un tipo de medusa que vive en las profundidades marinas y que es empleada para personas con dificultades visuales.

El ensayo fue un éxito, aunque breve. El atrevido paciente fue capaz de ver sumido en total oscuridad lo que tenía alrededor. Para comprobar la precisión de su visión, se colocó a diferentes personas a una distancia de entre 10 y 15 metros de Gabriel, quien fue capaz de identificarlas y ubicarlas en el sitio exacto en el que estaban. No obstante, los efectos remitieron a las seis horas.

El sentido de adornar el cuerpo

De acuerdo, el arte de tatuarse e incluso el de modificar la piel con implantes, es algo que en muchas tribus milenarias lleva siglos haciéndose. En estas culturas, las marcas en la piel son un símbolo que denota estatus social y que ayuda a explicar la historia de cada individuo. Por ejemplo, se puede distinguir a los guerreros más valerosos, veteranos y que mejor toleran el dolor según tengan más proporción de su cuerpo decorado.

Esto es probablemente un argumento que muchos utilizan para justificar o defender la moda de los tatuajes en la actualidad. De la misma forma que ocurre con estos antepasados tribales (algunos de los cuales aún perviven y, con ellos, sus costumbres), muchos hacen suya esta tradición ancestral ajena con la creencia de que así los tatuajes en nuestra sociedad se acepten y entiendan como un fenómeno generalizado que no debería llevar ningún prejuicio asociado.

Nos preguntamos si en un futuro, tanto pierciengs, como tatuajes, como implantes bajo la piel se considerarán un estándard de belleza normalizado, lo que dejará paso a otras formas revolucionarias de experimentar sobre el cuerpo humano.

Sea como sea, temeridades como la de Catt Gallinger tienen que poner nuestra atención en los riesgos de unas prácticas sobre las que aún no conocemos a fondo y que, precisamente por desconocimiento, pueden acarrear problemas como el que le ha ocurrido a la joven.

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