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Le dijeron que era demasiado joven para tener cáncer y muere estando embarazada

Era madre de 2 hijas y se enteró de que estaba embarazada durante las pruebas médicas.
Una historia triste y desgarradora que tal vez se podría haber evitado. | Imagen de: Facebook.

 

Esta es una de esas historias que deberían despertar la atención ante la importancia de una buena prevención médica. Lo que en un principio iba a ser una visita rutinaria al médico se acabó convirtiendo en la peor noticia que una madre podría recibir; y todo por culpa de un diagnóstico infravalorado.

Nicole Yarran, una joven madre de 32 años del oeste de Australia, moría víctima de un agresivo cáncer de intestino, sin que se pudiera hacer nada por su vida. Bueno, mejor dicho, los médicos que pudieron hacer algo para tratar de evitarlo fueron los que no hicieron nada cuando tocaba.

“¿Dolor de barriga? No tiene importancia, será usted celíaca”

La madre de la fallecida, Kathy Narrier, explicaba al diario The Independent que su hija llevaba tiempo sintiéndose hinchada, lo que le provocaba dolores en la tripa y estreñimiento; además de haber perdido mucho peso. La señal de alarma ya fue cuando se encontró sangre en sus heces, lo que hizo que Nicole se decidiera a visitar al médico para ver qué le ocurría.

En una primera revisión, el galeno de turno le dijo que probablemente sufría el llamado “síndrome del intestino irritable”, una afección que padecen muchas mujeres menores de 45 años y cuyos síntomas suelen revertir con una buena dieta, gestionando el estrés y con medicamentos.

Descontenta con la solución, viendo que el malestar generalizado persistía, Yarran fue a ver a otro médico cuyo ojo clínico le hizo llegar a la conclusión de que la joven madre era celíaca...Todo ello sin realizar ninguna prueba pertinente que apoyase el diagnóstico. “Para mear y no echar gota”, como suele decirse.

Un rutinario examen médico descubre el terrible hallazgo

El fallecimiento de Nicole Yarran se torna más dramático por culpa la pasividad con la que actuaron los dos médicos a los que ésta acudió antes de saber qué es lo que realmente le ocurría. Bastaba con una simple muestra de heces de la mujer para hallar la verdad.

Cuando se reveló la triste noticia, Nicole Yarran estaba embarazada de su tercera hija. En una de sus visitas frecuentes de seguimiento, su médico encontró ocho tumores “del tamaño de pelotas de golf” alojados en su hígado. Tres meses después, durante la Navidad de 2015, fue diagnosticada con un cáncer colorrectal que había metastatizado, por lo que comenzó el tratamiento apenas enterarse.

La madre se lamentaba a The Independent de que si los dos primeros médicos se hubieran molestado en escuchar a su hija y no hubieran actuado tan despreocupadamente, podrían haber hallado el cáncer en fase inicial y así al menos sería más fácilmente tratable. Al quedar Nicole preñada, los tumores crecieron a la par que lo hacía el feto que albergaba.

Nicole Yarran se entristeció al enterarse de que no viviría para ver crecer a sus hijas, aunque eso no la frenó para luchar con todas sus fuerzas contra el cáncer. A pesar de haber perdido la batalla, su madre espera que esta historia sirva para concienciar acerca de lo vital que es la detección temprana; al igual que para mentalizar (como si hiciera falta aún) de cómo un buen diagnóstico ayuda a atajar el avance de muchas enfermedades.

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